Política y gestión: valores inescindibles de un gobierno. Por Humberto Bonanata.

Los primeros setenta días del gobierno de Mauricio Macri han consumido demasiada energía para una gestión que, al menos en su primer mandato, deberá conducir los destinos de la Argentina por 1461 días.

Estos días se han medido por horas. El estado ruinoso en todos sus ámbitos que encontró el gobierno de “Cambiemos” no puede compadecerse ni con el descalabro que dejó María Estela Martínez de Perón hace ya cuarenta años.

El disvalor y la anomia pueden definirse como la medida constante de los pasados 4581 días de régimen kirchnerista.

La mentira, la falacia y la diatriba podrían complementar la tierra arrasada que encontró Macri y que aún no ha logrado comunicar en su cuantía al pueblo argentino todo, votante o no votante suyo.

El efecto de arrastre en la destrucción de la cadena productiva de la economía en su conjunto -especialmente en los últimos cuatro años- no resulta fácil de ser frenado mediante el prudente gradualismo que la autoridad económica y monetaria tratan de capear.

Ciertamente encuentran como enemigos a los extremos.

Los ladriprogresistas responsables del daño causado culpan a la actual administración del “ajuste salvaje de la derecha reaccionaria y antipopular”, mientras que los liberales de escritorio -preferentemente masterizados en el exterior- emprenden contra Macri al extremo de pronosticar el fracaso de su “gradualismo populista”.

Como si poco le faltara a la novel gestión, el amarillento gurú Jaime Durán Barba se enfrenta con el ala política del PRO y sus socios radicales y carriotistas para evitar que el Presidente de la Nación exponga el próximo martes 1 de marzo ante la Asamblea Legislativa la ruina social llamada “kirchnerlandia”. “No mirar hacia atrás” -balbucea el ecuatoriano- con el fin de no incomodar a los restos vivientes del kirchnerato.

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Del otro lado -el político- los radicales braman para que Macri denuncie el “delito continuado” que caracterizó a la “asociación ilícita” que nos ultrajara hasta el 10 de diciembre de 2015.

“Si hubiera sido por Durán Barba, Cambiemos no hubiera existido y hoy Scioli sería presidente” repite en su natural calentura de “animal político” el radical Mario Negri, presidente del interbloque de la colación gobernante en la Cámara de Diputados. ¿Por qué nosotros tenemos que hacernos cargo del necesario ajuste de las variables económicas desnaturalizadas por la corrupción de los subsidios kirchneristas sin explicárselo a la gente?

Este último criterio es compartido tanto por Rogelio Frigerio, Federico Pinedo y Emilio Monzó, brazos políticos de quienes diariamente Macri se nutre para evitar perder contacto que el empirismo que enarbola Marcos Peña.

Muchos han escrito sobre “las internas palaciegas” como si éstas marcaran la debilidad del gobierno. Muy por el contrario: generan los anticuerpos necesarios para efectivizar la gobernabilidad de las conductas humanas.

Ese reduccionismo intelectualoide en el que algunos periodistas mezclan a los “fondos buitres” con el aumento de la carne; a Jorge Todesca con Graciela Bevacqua; al protocolo de disuasión de conflictos callejeros con la represión de la dictadura y a la falta de claridad del aumento del mínimo no imponible de ganancias con el de los salarios docentes, marca el amarillismo consecuente a la debilidad mediática del gobierno, quizás uno de sus puntos más débiles.

Parecen olvidarse de la reinserción de la Argentina en el mundo civilizado como menospreciar la libertad económica lograda en pocos días.

Pecan en exceso del complejo contracultural kirchnerista; parecen necesitar de figuras impresentables de la década pasada para garantizar el pluralismo ideológico y la libertad de prensa que ya nadie discute.

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Y por ahí no pasa la cosa.

La verdadera libertad no nace “in fórceps”, se genera naturalmente con la pluralidad y el disenso.

“Dime de qué hablas y te diré de qué adoleces” nos recuerda el refranero español.

No caer en el carácter culposo de anteriores gobiernos no peronistas.

Los radicales saben qué caro precio debieron pagar.

Que “Cambiemos” aprenda de nuestra historia contemporánea y no deba padecer en propia piel el complejo de gobernar.

El pueblo para ello los ha elegido.

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