La ideología del mal. Por Eugenia Campos Carlés.

Bajo la bóveda del sistema, existe un objetivo lleno de oscuridad que lo que busca es la propia destrucción del ser humano. Y los organismos de poder se están ocupando de fomentarlo por medio del propio discurso de los derechos humanos.

Para explicarme, voy a remontarme sintéticamente a sus inicios. Inicios que tienen que ver con las políticas de control de población que se comienzan a implementar con el surgimiento del maltusianismo en el año 1789 y se extienden a lo que hoy en día conocemos como ideología de género.

Malthus creía que la población mundial excedía las posibilidades alimentarias que ofrecía la tierra. Explicaba, que era necesario dejar a los hambrientos morir. Así, fomentaba la reducción de los derechos de los pobres y creía que las epidemias, las guerras y las catástrofes naturales tenían un impacto positivo. Luego, esta teoría mutó a un neomaltusianismo que se basaba en los métodos anticonceptivos para reducir la natalidad, sobretodo, en la población pobre. A raíz de esto, en el año 1873 nació la eugenesia. Esta planteaba que existían razas más fuertes y puras. Promovía la esterilización y el aborto de los más pobres.

Más tarde, surgió el famoso Birth Control con Margaret Sanger. Que incluyó la esterilización de los enfermos mentales, clínicas abortivas en barrios de negros y latinos y el reparto de anticonceptivos entre las clases pobres. En 1922 Sanger dice:

“El aumento de la clase trabajadora debe regularse, ya que se compone de imbéciles benignos, que alientan los elementos defectuosos y enfermizos de la humanidad mediante su irresponsable enjambrar y engendrar. Tenemos que eliminar la “maleza humana”, segregar a los imbéciles, desajustados y mal ajustados y esterilizar a las “razas genéticamente inferiores”.[1]

Luego, con la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, estas ideas eran insostenibles. Entonces, se comenzó con el juego de las palabras. Nació el criptoeugenismo y el “Birth control” pasó a llamarse “Planned Parenthood”.

Y así, en el seno de las mismísimas Naciones Unidas, nace el ataque contra la población. Este organismo internacional llevó a cabo dos eventos clave. En primer lugar, el informe Kissinger [2]y en segundo, la conferencia de Bucarest[3]. Dentro de estos, se discutió la problemática sobre la población. Se planeó una reducción demográfica gradual en todos los países subdesarrollados. De esta forma, EEUU lograría acceder a las materias primas de ciertos países como México, Nigeria, Egipto, entre otros, minimizando el consumo interno de ellos. Para hacer todo esto, se comenzaron a difundir los mal llamados “derechos reproductivos”. Se comenzó a fomentar el feminismo radical, el homosexualismo, el aborto y todo método anticonceptivo. Así nació la famosa ideología de género.

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La ideología de género hoy en día para el común de la gente tiene una connotación positiva. Los medios nos hacen creer que esta ideología fomenta la no discriminación y la libertad. Pero la realidad es que acostumbra a jugar mucho con las palabras. Tiene una gran habilidad para hacer sonar bien cualquier disparate u aberración. De esta forma, los millennials la compramos fácilmente. Pero todos sus antecedentes nos demuestran que su trasfondo es racista y colonialista.

Para obtener el poder, una de las cosas que estas organizaciones necesitan, es destruir la familia. Nos quieren solos. Nos fragmentan con luchas organizadas y no lo vemos. Nos posicionan en un ring falso donde nos hacen pelear cual marionetas y se ríen de nosotros. A ellos no les importamos. No les interesa el bien de la mujer, ni el de los niños, ni el de los ancianos, ni el de ningún humano. Lo que en el fondo les interesa es el dinero y el poder.

Así se ha ido desprestigiado el matrimonio calificándolo de aburrida convención social. Se fomenta la poligamia y parejas de todo tipo. Hasta, por más increíble que parezca, se alienta hasta la pedofilia y el incesto. Existe una organización llamada North American Man/Boy Love Association (NAMBLA) que explícitamente apoya la pedofilia y es completamente abalada por la ONU. La principal promotora es una feminista marxista radical  y fiel seguidora de Simone De Beauvoir llamada Shulamith Firestone. Ella escribe un libro llamado La dialéctica del sexo (1970) donde establece:

“Después de muchas generaciones de vida no-familiar nuestras estructuras psicosexuales podrán alterarse tan radicalmente que la pareja monógama se volvería obsoleta. Sólo podemos adivinar lo que podría reemplazarla: ¿quizás matrimonios por grupos, grupos maritales transexuales los cuales involucran niños mayores? No lo sabemos.”[4]

Y en unas páginas más adelante plantea:

“Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función.”[5]

También, aprovecho para desenmascarar la figura de la conocida Simone De Beauvoir quién también suele ser considerada una figura positiva. En enero de 1977, De Beauvoir firmó una petición en el diario francés Le Monde en favor de la liberación de tres pedófilos de la cárcel.

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  Toda esta idea de “amor libre” puede sonar muy bien y hasta tremendamente atractiva. Y créanme cuando les digo que mi generación la compra fácilmente. Pero nos engañan. Su trasfondo es muy oscuro. No existe más la idea de amor como entrega y deseo del bien del otro. De a poco, nos hemos ido olvidando de ellos y fuimos confundiendo el amor con puro deseo y la búsqueda de la propia satisfacción. Lo que al final nos va dejando vacíos. Así es como estamos encerrados en el hedonismo y el nihilismo que nos venden. Nos hacen creer que el “amor libre” es libertad pero al final nos quedamos solos y perdidos. Así es como el poder nos adopta como hijos y nos comienza a manejar de acuerdo a sus intereses. Nos necesitan débiles y con crisis emocionales.

Así, nos vamos olvidando la importancia de la familia. De a poco nos vamos colectivizando y nos vamos quedando sin nuestra individualidad y hasta sin identidad. Sintiendo que no pertenecemos a ninguna parte y que nuestra existencia no tiene un sentido. Qué nada de lo que hacemos tiene importancia y no vale la pena luchar. No nos sometamos. Mantengámonos alertas y seamos combativos. Se lo digo especialmente a mi generación. Nos quieren apagados de angustia. No se lo demos. No compremos su mentira de la ideología de género que lejos de ser la libertad es la más pura oscuridad. Es una cárcel espiritual que suena bien y nada más. Luchemos por las verdaderas relaciones humanas y alejémonos de esta ideología del mal que no hace más que quitarnos humanidad.

Sigamos alertas y no olvidemos que, cuando algo suena demasiado bien, suele haber gato encerrado.

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[1]Margaret Sanger. The pívot of civilation, New York, 1922.

[2] Se suscribió en 1964 por Henry Kissinger, Secretario de estado del gobierno norteamericano.

[3] Se anunció en 1973 y se llevó a cabo en 1974 con el apoyo de otras organizaciones como UNICEF.

[4] Firestone, Shulamith. The dialectic of sex. The case feminist revolution. New York, Bantam Book, 1971, página 229.

[5] Firestone, Shylamith. Ob. Cit. , página 240.

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