Ricardo Bussi: “La historia se cuenta a modo de historieta o caricatura”

Mientras en Buenos Aires la Junta Militar -Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti- deponía a la Presidenta, María Estela de Perón, en Tucumán se vivían horas febriles. Antonio Bussi, a cargo de la V Brigada de Infantería, encabezó el movimiento que se alzó con el poder. Amado Juri, el Gobernador, fue encarcelado. A cuatro décadas del aquel día, los hijos de Juri y de Bussi apelan a los recuerdos para reconstruir aquellas jornadas y hablan sobre el país de hoy y del que viene.

– ¿Cómo transcurría su vida en marzo de 1976?

– Cursaba el primer año del bachiller en el Instituto San Miguel. Procuraba llevar una vida “normal” jugando fútbol, cultivando amistades y haciendo cosas propias de la edad. Sin embargo, la realidad estaba amenazada por bandas extremistas y las malas noticias de que todos los días morían soldados y civiles a manos del ERP y Montoneros, lo cual me obligaba a estar con custodia policial todo el tiempo. Tenía mucho miedo por la vida propia y familiar. Tucumán era un verdadero desastre. Mataban, secuestraban e infundían el terror en cada esquina sin ninguna contemplación por la vida del otro.

– ¿Qué recuerdos tiene del 24 de marzo?

– Ese día por la mañana suspendieron las clases y nos mandaron a todos a nuestras casas. Había mucha expectativa por el tan anunciado golpe militar. Recuerdo también que ese día se vivió un clima de alivio en todos lados. Incluso el golpe fue celebrado por el partido que estaba gobernando hasta entonces, dado que los propios peronistas vieron la caída de Isabel como el rescate de una situación que ellos no podían manejar.

– ¿Cómo se vivían los días anteriores a esa fecha? ¿Se detectaban indicios sobre la inminencia del golpe?

– ¿Indicios? No. ¡Era un reclamo a gritos de toda la sociedad! Era tal el desorden y la violencia que se vivía que el ambiente se tornaba irrespirable. La dirigencia plena a nivel político, sindical, empresarial y eclesiástica esperaba y pedía el golpe, además de la inmensa mayoría de la población. Los propios funcionarios del Gobierno peronista escapaban de sus puestos mucho antes del 24 de marzo. Casildo Herrera (líder de la CGT) se fue a Uruguay, López Rega estaba prófugo en el exterior y al Congreso Nacional ya ni iban los diputados y senadores. Era un gobierno que se caía sólo.

– ¿Qué le contó su padre sobre ese día? ¿Cómo lo vivió él?

– Mi padre era un soldado, y todos sus actos los llevó adelante con un inmenso sentido de responsabilidad. Ya era el jefe militar de la provincia por decisión de Isabel Perón, que lo nombró como tal en 1975 para encabezar el Operativo Independencia. Pero en marzo del 76 a él le dieron la orden de irrumpir en Casa de Gobierno y detener al gobernador y su gabinete. Hizo lo propio y llevó adelante la obra de gobierno más importante que haya vivido la provincia jamás. Tanto fue así que años más tarde recibió el reconocimiento de toda la población de Tucumán, la cual lo hizo convencional constituyente tanto provincial como nacional, así como también diputado nacional, senador suplente, Gobernador de Tucumán, legislador e intendente de San Miguel de Tucumán.

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– ¿Cómo cambió la vida de su familia a partir del 24 de marzo?

– A partir de esa fecha mi familia cobró visibilidad. Mi padre contaba con un reconocimiento total de la población. Sus obligaciones lo alejaron de la familia, pero ganamos el amor, el compromiso y el acompañamiento de toda la gente de bien de la provincia.

– ¿Qué significó para usted ser hijo de Bussi en ese momento y a continuación?

– Ser hijo de Bussi significó una enorme responsabilidad. Asumí el rol de hijo de líder político con mucha seriedad, hasta que luego comencé a transitar yo mismo ese camino. Desde entonces Bussi es mi norte, mi ejemplo y mi modelo a seguir. Y su legado aún perdura: no es casualidad que a pesar de toda la descarnada persecución que luego se le hizo a mi padre y a mi partido durante los 12 años de kirchnerismo, Fuerza Republicana siga manteniendo voz y representación tanto en el Concejo Deliberante como en el Congreso de la provincia.

– Si lo tuviera a su padre enfrente ahora, ¿qué le diría?

– Que lo amo y lo extraño inmensamente. Y que admiro su entereza, su coraje y honorabilidad.

– ¿Cómo cree que las próximas generaciones recordarán a Bussi?

– Como un hombre recto, honesto, y servicial, que trajo el orden y la ley a una provincia que estaba absolutamente corrompida, segregada y disgregada.

– Hablando sobre el 24 de marzo, ¿qué le diría a Fernando Juri?

– Con Fernando hemos logrado construir una relación de respeto. Él sabe que yo pienso que hemos sido víctimas del desencuentro de los argentinos. Compartimos dolores y pérdidas costosísimas. Pero ambos también somos conscientes de que ninguno de los dos tenemos la mínima responsabilidad en ello. La relación que hemos logrado con Fernando me llena de orgullo.

– A 40 años del golpe, ¿qué cree que hemos aprendido como sociedad?

– Hemos aprendido muchísimo. Ya no hay lugar para terroristas o delincuentes que pretendan atentar contra nuestras instituciones como lo hicieron por entonces los extremistas. Incluso, gracias a que el terrorismo fue derrotado le hemos sacado ventaja a la desquiciada Europa actual. Sin embargo, no hemos aprendido nada de historia: durante los últimos 12 años la historia argentina (particularmente la que hoy estamos recordando) fue contada a modo de historieta o caricatura.

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– Cuando se habla de memoria y justicia, ¿qué reflexiones puede aportar?

– La memoria es un concepto subjetivo, a mí me hubiese gustado mucho más que en este país haya habido historia, que es algo más abarcativo y completo. Acá hubo “memoria” sólo para quienes agredieron las instituciones de la República, nunca para quienes la defendieron. ¿Y justicia? no. No hubo. Lo que hubo fue venganza y violación sistemática de principios fundamentales del derecho para llevar adelante juicios ideologizados. Asimismo, hubo un gran negocio económico no exento de escándalos (recordemos por ejemplo el caso Bonafini-Shocklender) y tal como lo denunció el entonces candidato Macri, bajo su presidencia “se van a acabar el curro de los derechos humanos”. Ojalá que el Presidente cumpla con eso.

– En lo personal, ¿qué siente al recordar aquellos tiempos? ¿Todas las heridas han cicatrizado?

– De ningún modo han cicatrizado las heridas. ¿Cómo pudo haber ocurrido eso? Los militares mayormente octogenarios que obedecieron una orden de la entonces Presidenta peronista se están muriendo en la cárcel, en tanto que los subversivos participan del poder y ostentan millonarias sumas de dinero. Estos últimos querían destruir la sociedad de consumo en los 70, pero durante el kirchnerismo terminaron gozando de ella y enriqueciéndose de manera inmoral.

– ¿Cómo cree que se hablará del 24 de marzo dentro de cuatro décadas?

– En cuatro décadas se va a interpretar la historia de la violencia del país de una manera equilibrada y desapasionada. Durante la última década hubo un bombardeo propagandístico infernal, aunque también se publicaron muchos libros cuestionando y revisando esa propaganda. Con el correr del tiempo las cosas tienden a equilibrarse. Rosas fue demonizado tras 1852 y recién 80 años después apareció el revisionismo que lo reivindicó en los años 30. Perón también fue demonizado y enaltecido en su momento. Roca hasta hace 15 años era un héroe y ahora lo han convertido injustamente en un villano. Hoy la historia la escriben unos, mañana la escriben otros. Con el tiempo, los años 70 serán vistos desde una perspectiva más justa y equilibrada. Será cuestión de esperar.

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