Reflexiones sobre la guerra antisubversiva. Por Mayo Von Höltz 

La forma en que las FFAA combatieron el terrorismo fue de una eficiencia y eficacia difícil de superar. De los 7500 muertos por las fuerzas legales en la guerra, la tasa de error fue prácticamente nula. Siendo que, como concordaron todos los líderes subversivos (Firmenich, Santucho, etc.) las personas que murieron en manos de las fuerzas del orden, estaban todas implicadas en organizaciones subversivas cuya principal característica era tirar bombas en la vía pública, secuestrar empresarios y asesinar a diestra y siniestra, sin importar que sus víctimas fueran inocentes niños, los cuales eran asesinados no como efecto colateral involuntario, sino como fruto de un plan estratégico puesto en ejecución.

La enorme popularidad de Videla en 1979, se debía pura y exclusivamente al agradecimiento de un pueblo que lo reconocía como el principal responsable de que en menos de dos años se haya acabado con la diaria violencia homicida con la que guerrilleros subversivos asolaban las calles del país todo.

Siempre hay una manera de mejorar lo que se hizo muy bien, pero esa manera hipotética no vuelve equivocada a una decisión correcta mejorable. Por lo demás, los mal llamados desaparecidos, eran desaparecidos para los amigos y familiares de los delincuentes subversivos, para la gente honrada eran delincuentes que cosecharon lo que previamente cultivaron, siendo que si tu actividad es tirar bombas en las calles, secuestrar empresarios y asesinar inocentes, no te podés poner muy en exquisito cuando sos capturado por las fuerzas del orden. Si se es indulgente con el criminal, se es injusto con el hombre honrado; que es exactamente lo que pasa ahora y que no pasó en los ’70.

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En cuanto a hacerlo con legalidad, no es ilegal la toma de prisioneros y la muerte en enfrentamiento, ambas cosas consideradas en períodos de paz (la década del ’70 fue cualquier cosa menos un reino de la paz), son secuestro y homicidio. Un soldado que mata al enemigo en medio de una guerra no sólo que no comete delito alguno sino que cumple con su deber. En la época de Lanusse hubo una cámara especial para juzgar actos subversivos, cámara que luego fue disuelta por Cámpora y sus jueces fueron perseguidos y muertos por quienes habían sido juzgados y encarcelados por ellos, delincuentes peligrosísimos a quienes ese idiota llamado Cámpora liberó con festiva irresponsabilidad a la hora de asumir como presidente. Con ese antecedente: ¿quién iba a querer juzgar a líderes subversivos que tenían ejércitos de miles de hombres armados a su disposición?

Por lo demás, la idea de que no se tenga noticias respecto de los jerarcas tomados como prisioneros de guerra, no es fruto del sadismo inescrupuloso de sus captores, como erróneamente creen todos los que se comieron el verso echado a correr por los amigos de los delincuentes; las organizaciones terroristas eran verdaderos ejércitos revolucionarios con su correspondiente escalafón y cadena de mando, si vos tomás como prisionero a Santucho, por dar un ejemplo, y publicás en el diario que fue fusilado luego de un juicio marcial, inmediatamente se activa la cadena de mando sucesoria en la organización terrorista, y pasa a dar las órdenes el sucesor de Santucho, siendo que el diario publicó que se fusiló a su jefe. El que los delincuentes subversivos no sepan qué fue lo que sucedió con sus líderes tomados prisioneros, no es una determinación fruto del sadismo diabólico de Videla, es una estrategia de guerra tendiente a desorientar al enemigo, quien no sabe qué cuernos pasó con los jefes que les dan las órdenes, y entonces no saben si reemplazarlos y empezar a dar órdenes nuevas, o esperar a que aparezcan.

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Entiendo a las madres de los delincuentes cuando repiten día y noche todas sus diatribas para justificar lo que hicieron sus hijos, intercambiando en ese ficcioso relato el lugar de delincuentes que realmente ocuparon, por el de mártires idealistas que luchaban por un mundo mejor, pero es lamentable que repitan las diatribas del enemigo las personas honradas que fueron atacados por ellos en el pasado, en lugar de decir la verdad de las fuerzas legales que los defendieron.

 

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