Los jóvenes idealistas  volvieron a Europa. Por Miguel De Lorenzo

El diario La Nación se hizo eco de un comunicado de prensa de ATE, donde la agrupación informa que en medio de una asamblea gremial irrumpió  un grupo  de manera amenazadora causando gran confusión  y momentos de  zozobra entre los de ATE.

Los muchachos de ATE que  hacían  una rara asamblea en medio de la calle, en  Sarmiento al 300 – más raro – frente a la secretaria de justicia,  y el colmo de lo raro, es que ahí no escuchamos ningún reclamo gremial, estaban con los bombos, cartelones contra los militares, vivando al terrorismo setentista y concentrados en  insultar a los que llegábamos.

Como no estar de acuerdo  con la inquietud  de ATE, valientes pero módicos, al ver aparecer a la Pando con sus inquietantes  cincuenta kilos, especialista en el marcial arte de la palabra, campeona de tiro al zurdo,  y por si fuera poco acompañada de un aguerrido grupo de señoras, desplegando tremendas cartulinas y pidiendo la libertad de Emilio Nani y demás  presos políticos.

En ATE ejercen  la bravura miserable de la  patota, del insulto oscuro y anónimo, llegan hasta el escupitajo ejecutado eso sí,  con cierta facilidad, son gente dispuesta, hay que reconocerlo, se puede contar con ellos,  siempre que haya una moneda, claro.

En este caso es el gremio de ATE, pero es uno más, de los innumerables  que obran igual,  por eso es difícil suponer que nuestro país pueda alinearse en la lucha contra el terrorismo internacional, cuando los terroristas criollos, los de los setenta  son protegidos, sus crímenes ignorados y ellos ensalzados, recompensados, tratados como señores,  tanto por el estado, por los medios, por la pastoral social, por los parlamentos, por la justicia y hasta por el Papa.

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Es difícil, por no decir imposible, no deja de ser una paradoja, sostener que luchamos contra el terrorismo en abstracto, cuando los terroristas reales, los de carne y hueso, forman parte  decisiva del país real.

Es probable que los países de la comunidad empiecen a darse cuenta que  los jóvenes idealistas a los que daban protección y dinero en los setenta,   no son muy distintos, ni más idealistas, ni menos jóvenes, ni menos terroristas,  de los que ahora   ponen las bombas  en la propia Europa.

En la provincia de Buenos Aires ya cruzaron  el límite hacia el stalinismo, esto es, por ley  solo  se puede pensar de una manera. Decir la verdad no solo es comprometido y arduo, ahora, además, es ilegal.

 

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