La perspectiva estratégica global para 2016. Por Rosendo Fraga.

La pugna global entre EEUU, China y Rusia seguirá siendo la cuestión estratégica central en 2016. La tercera y la cuarta economía del  mundo (Japón y Alemania) no tienen vocación de potencia global y mantendrán sus alianzas políticas y militares con Washington. Los otros dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Francia y el Reino Unido), que a la vez son la sexta y la quinta economía, mantendrá también su alianza con los EEUU. Rusia seguirá utilizando su condición de segunda potencia militar del mundo para compensar su debilidad política, económica y tecnológica, mientras que China hará lo propio con el volumen de su economía, que de acuerdo a lo decidido por su liderazgo continuará girando el motor de su economía de las exportaciones al consumo, en un contexto de menor crecimiento. La idea de avanzar en una alianza euroasiática que se despliegue en el hemisferio norte desde el Mar Báltico hasta el Mar Oriental de China seduce a Putin, pero no entusiasma demasiado a Xi, más interesado en lograr el rol de interlocutor global de los EEUU antes que el de potencia desafiante. En EEUU la elección presidencial de noviembre será el tema central, con la definición previa de las primarias. Obama estará más atento a la historia que a la coyuntura en su último año de gobierno. Para Rusia, el gran desafío es administrar el deterioro de su economía, producto de la baja en los precios de la energía y las sanciones de la UE que han sido prorrogadas por lo menos hasta mediados de año. Para China quizás lo sea dar respuesta a la firma del Tratado de Libre Comercio Transpacífico, que en 2015 firmaron EEUU, Japón y otros 10 países de Asia, América Latina y Oceanía.

Aunque el Asia es el futuro, los conflictos estratégicos del año que se inicia seguirán centrados en Medio Oriente, Europa y en el norte y este de Africa. El terrorismo probablemente crecerá como amenaza global y en la medida en que el EI sufra derrotas en su despliegue territorial, como sucedió con la caída de Ramadi en Irak a fines de 2015, recurrirá más al terrorismo en el territorio de EEUU y Europa como respuesta. Las alianzas que respectivamente lideran Washington y Moscú competirán y cooperarán al mismo tiempo en Medio Oriente. No es imposible tras un lustro de guerra civil, algún tipo de acuerdo para poner fin a la guerra civil en Siria, que permita concentrar las fuerzas contra el EI. Su presencia en el norte y el este de África puede incrementarse y la amenaza para Europa será mayor. La política de la UE hacia los refugiados seguirá retrocediendo a la par que la amenaza terrorista aumente. Aunque la misión de la OTAN en Afganistán se prolonga en 2016, serán las tensiones en torno a Rusia en su periferia la amenaza central para esta alianza militar. Pero el terrorismo establecá puntos de contacto entre Moscú y occidente y ello puede atenuar el conflicto entre ellos. En la visión de largo plazo, la revitalización de la carrera espacial, tanto por razones militares como económicas, será otro tema presente en los próximos meses. Al comenzar el año, EEUU avanza con una ley para permitir la minería espacial por parte el sector privado, que comenzaría por los asteroides.

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La geoeconomía producirá cambios relevantes, con un crecimiento que será menor que el de 2015 en el promedio global. Los precios bajos de las materias primas se mantendrían este año y en particular en la energía. Ello implica que se seguirán debilitando países políticamente problemáticos como Rusia, Irán y Venezuela. Arabia Saudita realiza el mayor ajuste fiscal de su historia y ello indica su percepción de que la baja del petróleo no es un tema coyuntural. En términos generales, esta situación en el corto plazo generará una revitalización relativa del mundo desarrollado (G7) y un debilitamiento relativo de los BRICS. Pero India en 2016 puede volver a crecer más que China, como sucedió el año pasado, y ello afirmará su rol de potencia global en el futuro, en el cual el gran interés estratégico de EEUU es evitar la convergencia o alianza de Moscú, Beijing y Nueva Delhi. Washington acepta que compartirá el poder global con ellos en el largo plazo, pero no está dispuesto a perder su primacía sobre cada una de ellas, aunque una suma de las tres le haría perder su rol global de potencia más importante, aunque no la única. EEUU seguirá manteniendo en 2016 su rol de gran centro del conocimiento, la tecnología y la ciencia, liderazgo que no está dispuesto a perder ni en el corto ni en el largo plazo. El ajuste europeo deja para 2016 un continente complicado, con avances de la “nueva izquierda” en países como España, Portugal y Grecia y del “neofascismo” antieuropeo, como se evidenció en Francia. La baja en la bolsa de China y la caída del precio del petróleo en la primera semana de enero confirman que no será un año fácil en lo económico.

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Pero serán los imponderables -aquello que no se puede calcular- lo que pueda alterar los escenarios probables de 2016 en la visión estratégica. El surgimiento del Califato del EI en los primeros meses de 2014 no estaba previsto en 2013, y tampoco la anexión de Crimea por Rusia. La caída del precio del petróleo en 2015 no estaba prevista en la magnitud que se dio el año antes, como tampoco lo estuvo la crisis financiera en los EEUU de 2007 y 2008, de la cual el mundo no termina de recuperarse. Corea del Norte y su capacidad nuclear, serán un imponderable peligroso en el Asia. Otro imponderable importante deriva del cambio climático, ya que cada vez son más las catástrofes naturales de todo tipo que tienen lugar en diversas partes del mundo (inundaciones, sequías, tsunamis, etc.) El terrorismo es otro central en la medida que acceda a altas tecnologías (nuclear, química, bioquímica, bacteriológica) lo que puede abrir una nueva dimensión en su amenaza para la seguridad global. La economía no deja de ser un imponderable, ya que si bien no se visualiza un escenario de crisis, tampoco se observa uno de crecimiento definido y China se muestra inestable. Las nuevas tecnologías (internet, redes sociales) pueden precipitar conflictos políticos imprevistos, como fue la “primavera árabe” a comienzos de 2011.

En conclusión: la pugna estratégica central en 2016 estará centrada en EEUU y sus aliados por un lado y Rusia y China por el otro, la primera como desafío militar y la segunda económico; aunque Asia y el Pacifico son la prioridad en el largo plazo, Medio Oriente y Europa en el año que se inicia serán regiones prioritarias para dicha pugna por el terrorismo, los refugiados y las tensiones con Moscú; la geoeconomia será determinante en los conflictos y la distribución del poder y la baja en el valor de las materias primeras debilita al mundo emergente en general frente al desarrollado y los imponderables será determinantes del escenario global 2016 y ellos pueden surgir del terrorismo, la economía o el medio ambiente, en un mundo en transición.

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