Zaffaroni, Moyano y O’Grady. Por Vicente Massot

Tres distintas personas que, entre sí, poco o nada comparten y, en cuanto respecta a una de ellas, ni siquiera se conocen, han levantado la voz en las últimas semanas para decir, a expensas del gobierno macrista, prácticamente lo mismo. Que la partitura que ensayaron haya sido casi igual, más allá de ciertos matices accidentales, no significa que todos persiguieran —aun sin ponerse de acuerdo— idéntico objetivo. En absoluto. Tampoco debe darse por seguro que piensen de manera similar y por eso haya existido una marcada coincidencia en sus discursos. Nada es tan lineal en la vida política.

Puede atribuirse a la mera casualidad el hecho de que un jurista de renombre internacional, el dirigente sindical más importante de la Argentina y la principal columnista de asuntos latinoamericanos de The Wall Street Journal viniesen a converger, provenientes de tiendas ideológicas tan disímiles, en algo tan polémico. Pero a veces, más allá del azar, hay que apuntar a las razones capaces de explicarnos por qué en un mismo momento, día más o menos, Raúl Zaffaroni, Hugo Moyano y Mary Anastasia O‘Grady consideraron que la administración de Mauricio Macri podría ver interrumpido su mandato antes de tiempo.

Es cierto que las motivaciones de unos y otros han sido diferentes y que también lo son las expectativas que cada uno de los nombrados tienen en cuanto al futuro de nuestro país. El actual juez de la Corte Interamericana de Justicia ventiló su inquina en contra del gobierno. Sin decir agua va, voceó a los cuatro vientos lo que más quiere. Lo suyo no fue un exabrupto. No se dejó llevar por un ataque de histeria propio de su naturaleza. En realidad, el penalista hoy volcado en cuerpo y alma al kirchnerismo no hizo más que reflejar cuanto anhela todo el universo K.

De su lado, el líder del gremio de camioneros obró por desesperación. No está claro si él también sería feliz en el supuesto de que el macrismo tropezase con un obstáculo insalvable y tuviese que abandonar anticipadamente la Casa Rosada. A diferencia de Zaffaroni, no hay en él, a pesar de la retórica, un odio visceral que lo impulse a cruzar espadas con el jefe del estado nacional. Si hasta ayer negociaron en situaciones difíciles y, al final del día, siempre se pusieron de acuerdo, por qué imaginar que hoy sus diferencias resulten insalvables. Hay una sola respuesta: porque, en esta oportunidad, la Justicia le ha contado las costillas y puede ir preso.

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En Balcarce 50, Mauricio Macri y Marcos Peña deben haber recibido, no sin un acusado alborozo, las manifestaciones públicas de Zaffaroni y de Moyano. No podrían haber sido hechas en mejor oportunidad y le dejaron servida en bandeja de plata al oficialismo la contestación imaginable: “Son desestabilizadores que conspiran en contra de un gobierno elegido democráticamente”. Quienes hablaron de más le dieron la oportunidad al macrismo de meterles un gol de media cancha. En esto Macri sigue siendo un político afortunado: con enemigos como estos, no puede perder una elección.

De mayor seriedad, sin duda, ha sido el artículo que la conocida y respetada columnista norteamericana escribió hace menos de una semana en el más influyente semanario económico del planeta. Este dato, por sí solo, merece un comentario especial. The Wall St Journal no es un periódico del montón. Por el contrario, junto a The Economist de Londres es el órgano de prensa más leído en el mundo de las finanzas. No se podría sostener, sin faltar a la verdad, que sus opiniones son canónicas para los políticos, economistas e inversores del mundo desarrollado. Pero son tenidas muy en cuenta y pesan a la hora de tomar decisiones. En un contexto como el actual, en donde la Argentina necesita atraer inversiones extranjeras directas, el argumento central enarbolado por Mary O’ Grady no debería pasar desapercibido entre nosotros.

Tomando buena distancia de las parrafadas de Zaffaroni y de Moyano —después de todo, simples expresiones de deseo— las ideas expresadas por la columnista del país del norte forman parte de un análisis que pretende ser objetivo. No hizo un juicio de valor y su propósito nada posee en común con los del integrante de la corte interamericana o con los del líder de los camioneros. El Journal es un defensor de la política de Macri, no un opugnador. Sin embargo, una de sus periodistas estrellas ha considerado que el presidente argentino cometió un error de proporciones al comienzo de su gestión: el de no trasparentar ante la ciudadanía la catastrófica herencia recibida. Por ello, ahora está pagando un costo altísimo que la lleva apensar que, en la medida que no pueda hacer frente a las dificultades por venir, la actual administración corre peligro.

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Aún cuando se la juzgue exagerada a la periodista yankee, habrá que admitir que su parecer difícilmente sea el de un francotirador. No es la única que piensa así y ello supone un inconveniente no menor para Cambiemos. El principal desafío del año no estará en el frente político sino en el económico. Las encuestas reflejan con claridad que la mayor preocupación de los argentinos ha vuelto a ser la inflación. Nadie cree, a esta altura, que la meta de 15 % para este año adelantada por el gobierno refleje la realidad, y no son pocos quienes hablan de 25 %. Si fuera así, no implicaría que el mandato de Macri entraría en zona de turbulencia. Pero lo que sí sucedería es que los capitales —de suyo temerosos— seguirían, como hasta ahora, a la retranca.

Es posible que Eugenio Zaffaroni deba abandonar su cargo en el tribunal que integra y que Hugo Moyano —más allá de cuanta gente moviliza el día 21— pierda poder y termine preso, pero ni uno ni otro están en condiciones de ponerle al gobierno un palo en la rueda. Son ruidosos y por momentos impresentables. Nada más. En cambio, a la señora O’Grady hay que tomarla en serio. No por lo que escribió respecto de cuanto podría pasarle a Macri, sino por la lectura que puedan haber hecho los inversores extranjeros que siguen sus columnas.

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