Lun. Dic 6th, 2021

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

“Yo era lo que tú eres; tú serás lo que yo soy” – Por Cosme Beccar Varela

En la entrada del cementerio de los Capuchinos, en la vía Veneto de Roma, hay un cartelito en el piso de la primera celda que dice: “Yo era lo que tú eres, tú serás lo que yo soy”. Y se ven en ese mismo lugar decenas de calaveras ordenadas cubriendo las paredes. Las demás celdas muestran diversos huesos de cadáveres de monjes que allí vivieron, colocados en forma artística. Macabro dispositivo, pero imponente. Varios siglos de monjes muertos proveyeron los huesos para esa exhibición de la precariedad de la vida.

Me acordé de ese museo cuando pensé en la imperdonable indiferencia con que los argentinos, en especial los de las “clases cultas” y más en especial los de la “derecha”, miran y olvidan de inmediato los dramáticos acontecimientos de Venezuela.

He dedicado varias ediciones seguidas de “La botella al mar” para informar sobre esos sucesos y los diarios, aunque parcos y equívocos, no han podido evitar incluirlos también en su noticiero.

Desde hace 40 días, todo un pueblo heroico se debate en las calles contra una tiranía despiadada que mata a manifestantes indefensos mediante el uso de grupos armados “irregulares”, montados en motocicletas que fusilan indiscriminadamente a los que piden Justicia, y esos criminales son protegidos por la Policía llamada “Guardia Nacional Bolivariana”, mientras el Ejército, copado por militares cubanos y mandado por generales narcotraficantes enriquecidos. Todo el aparato estatal, los Jueces y legisladores incluidos, apoyan esa masacre y persigue sañudamente a los opositores.

La única esperanza de ese pueblo corajudo es que los militares venezolanos dignos que todavía queden en el Ejército, resuelvan ponen sus armas al servicio de la Patria. Pero esa decisión cada vez parece menos probable, tales son los crímenes que los militares están presenciando sin mover un dedo para impedirlos.

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La otra esperanza es que los países hermanos de Iberoamérica se solidaricen con el pueblo venezolano y exijan sanciones internacionales contra la tiranía chavista que impliquen su pronta caída. Pero para que eso sea posible, es necesario que los pueblos de esos países exijan a sus gobiernos, ahora casi todos en manos de la izquierda, que actúen en defensa del Derecho en Venezuela.

Según noticias de varios países iberoamericanos, los pueblos de esos países se movilizan para exigir que sus gobiernos actúen en defensa de los venezolanos manifestantes contra la tiranía chavista. Pero en la argentina nada de eso ocurre. Aquí, lo de Venezuela, es como si fuera cosa del planeta Marte. No interesa, todos siguen con sus pequeñas vidas, gozando todo lo que pueden o dedicados a causas buenas pero aisladas del contexto general, a sabiendas de que no tienen posibilidad alguna de éxito en esos pequeños intentos, y no queriendo pensar que nuestra situación política hace prever que en un futuro no muy lejano el sistema de la tiranía venezolana se reproducirá en estas tierras con toda su virulencia. Cabe preguntarse si los argentinos tendremos el coraje y la constancia de resistir como lo hacen los venezolanos. Lo dudo.

Por lo tanto, desde ya es posible augurar a este país un porvenir cada vez más semejante a la Venezuela anterior a las manifestaciones opositoras, es decir, una tiranía de miseria y de subordinación al comunismo cubano-ruso-chino. Y eso será todavía peor si los heroicos manifestantes son vencidos.

Los “derechistas” de aquí son los peores, porque ellos saben que esto es así y a pesar de eso, siguen con su estrechez de miras como una consigna nefasta. Ya no me quedan amigos entre ellos. Los sigo tratando -cuando los veo- con la consideración que exige la buena educación, pero no puedo evitar un sentimiento de indignación pensando que si ellos quisieran, esta situación podría cambiar radicalmente o al menos, podría recuperarse el honor de haber sabido responder debidamente a la gravedad de la situación venezolana, preanuncio de lo que nos pasará a nosotros si seguimos actuando con la frivolidad de quienes sólo piensan en sus pequeños asuntos y no en el gran combate entre el Bien y el Mal en el que todos estamos obligados a intervenir con todas nuestras fuerzas.

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“Dios lo pide”, era el grito de los Cruzados. ¿Hay alguien que todavía lo entienda? Al parecer, hasta el Papa argentino parece no interesarse por la desdicha del noble pueblo venezolano. Sin perjuicio de que la responsabilidad de un Papa excede inconmensurablemente lo anecdótico de su nacionalidad, esta indiferencia egoísta y mezquina frente al drama venezolano, está haciendo que el ser argentino sea un título deshonroso, cuando hace menos de un siglo fuimos considerados la flor y nata de Iberoamérica.

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