Y vi a los zurdos correr! Por Ariel Corbat

El martes 30 de Abril de 2019 atendía mis asuntos, cuando vi por televisión que los exiliados venezolanos eran agredidos por grupos de izquierda frente a la Embajada de su país.

Toda la imbecilidad descripta por el «Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano» estaba en el discurso del zurdaje local, exaltando el carácter «revolucionario» de la satrapía castrista de Nicolás Maduro y acusando a los exiliados de ser «imperialistas». Y mientras tanto, allá en Venezuela, las tanquetas de la dictadura pasaban por encima de los opositores.
Sentí que debía acompañar a los exiliados; deber de los que amamos la Libertad estar ahí para frenar el propósito intimidatorio de los violentos que quieren dictaduras. Alcé la Generala Albiceleste y fui.
Los exiliados venezolanos honraban la buena conducta que los caracteriza como residentes en nuestro país. Del otro lado no había argentinos y tampoco venezolanos, sólo comunistas.
Ante las bravatas, amenazas y desvaríos varios del zurdaje vernáculo, los venezolanos respondían mediante el cántico de una verdad irrefutable: «Hay que estudiar / hay que estudiar / el que no estudia / comunista va a parar«.
Al caer la tarde el sagrado grito de Libertad! replicaba cada consigna izquierdista a favor de la dictadura. Entonces ocurrió un hecho curioso, el zurdaje miserable que aborrece toda noción de Patria y dignidad humana, intentó cantar el Himno Nacional Argentino. No con las nobles finalidades que conlleva entonar la canción Patria, sino queriendo usarla para remarcar la condición extranjera de los venezolanos. Y sabiendo, además, que ante el sonido del Himno Argentino los exiliados harían un respetuoso silencio, pero ese silencio no hizo más que dejar en evidencia la hipocresía e ignorancia de la horda roja, ya que apenas arrancaron se apagaron de un modo vergonzoso. Sucede que eso de la Libertad los hiere y no se saben la letra, además del significado. Así que entre venezolanos lo canté yo; del lado correcto, del de la Libertad.
Luego los exiliados cantaron varias veces su «Gloria al bravo Pueblo». En ese punto me sentí como en 1818 el diplomático estadounidense Enrique Brackenridge, quien llegando al Puerto de Buenos Aires escuchó cantar el Oid Mortales «con tanto entusiasmo como lo habríamos hecho nosotros con nuestro Hail Columbia«, ante lo cual dejó testimoniado que: «yo los uní en mi corazón, enteramente incapaz de participar en el concierto con mi voz«. Pero a diferencia de Brackenridge pude acompañar con al menos una estrofa, la que reza:  «Gloria al bravo pueblo / que el yugo lanzó / la Ley respetando / la virtud y honor«.
Al rato quedó en claro la obviedad: no solamente había dos bandos, sino que uno representaba la Libertad y otro al totalitarismo, uno a la decencia y otro a la delincuencia, uno a la civilización y otro a la barbarie. Así un joven venezolano fue robado por izquierdistas y se produjeron nuevas provocaciones buscando que los caribeños perdieran la compostura.
Tienen el gran mérito los jóvenes exiliados de haber contenido a sus elementos más exaltados, porque al evitar darle gusto a la izquierda la impotencia de sus provocadores hizo que fueran directamente a atacar a la Policía. Y la Policía de la Ciudad, con un accionar impecable, les dio a los chavistas una buena lección de civismo. Así tuvieron oportunidad de aprender que en las calles de Buenos Aires la legítima autoridad no permite esa impunidad de la que gozan en el triste Caracas los colectivos chavistas que esparcen llanto y luto. Acá no. Y vi a los zurdos correr.
Acaso, hermosa palabra la palabra «acaso», batiendo un nuevo récord de cien metros llanos en huida colectiva…
Por mucho que la realidad se explique por sí misma, y «a prueba de boludos» como suele decirse, la izquierda, envilecida por años de relato kirchnerista, seguirá abrazada a sus mentiras mareando progres con el verso ese de la «revolución» contra el «imperialismo», que no son más que excusas para justificar proyectos totalitarios de corrupción estructural como el que hunde a Venezuela y del que todavía no se recupera Argentina.
Y a todo esto, como corolario de lo acontecido allá y aquí, los organismos de derechos humanos, ratificando que nunca fueron otra cosa más que colaterales de las organizaciones terroristas, han hecho pública su adhesión al totalitarismo.
Y termino esta crónica con una cita del Himno Nacional Argentino, cuya vigencia hace parecer que el Bardo de la Libertad, Don Vicente López y Planes, estuviera escribiendo ahora mismo los inmortales versos:
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
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