Votando con el culo. Por Mario Caponnetto

Los incidentes protagonizados en el Congreso por los diputados en la tumultuosa sesión de este jueves, 14 de diciembre, fueron muy ilustrativos: quedó en claro que todo el problema consistió en que los señores legisladores apoyasen o no sus traseros en sus respectivas bancas. En efecto, hasta que un honorable diputado, o una honorable diputada, no apoyan sus posaderas en la butaca no queda registrada su presencia en el tablero electrónico. Por tanto dar o no quórum depende en última instancia de la buena o mala voluntad de los honorables traseros de los representantes del pueblo.

Este hecho quedó palmariamente en evidencia cuando una señora diputada de la oposición pidió la palabra para exigir a voz en cuello que se levantase la sesión ya que la mayoría de la Cámara rechazaba el proyecto de ley que se debatía. Una digresión: si la mayoría rechazaba el proyecto ¿por qué no dieron quórum y debatieron? Pero volviendo al tema que nos ocupa: la legisladora de marras se cuidó mucho, mientras hablaba, de apoyar sus honorables posaderas en el mullido terciopelo de su banca. En un alarde de equilibrio corporal, admirable habida cuenta su edad y su peso, mantuvo sus postreras partes por fuera del asiento apoyándose sólo en sus antebrazos.

El Presidente de la Cámara, hombre gentil al fin, la instó a sentarse asegurándole que no computaría su trasero como parte del ansiado quórum. Ni por esas la legisladora cedió en su postura: siguió en sus treces proyectando sus posaderas al vacío.

Fue, repetimos, lo más ilustrativo del día: en una democracia las leyes se votan con el culo. Algo que ya sospechábamos pero que ha quedado plenamente confirmado una vez más.

LEÉ TAMBIÉN:  La arrebatiña de los chacales. Por Cosme Beccar Varela

 

 

Más en Humor, Opinión y Actualidad
«Tildar de ´fascistas´ a los dictadores de izquierda es un imbecilismo exculpatorio» (TV de El Salvador)

Extensa nota que en San Salvador le efetcuaron a Nicolás Máequez y Agustín Laje, en la que...

Cerrar