Dom. Dic 5th, 2021

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‘Viva 21’, una vacuna contra el globalismo. Por María Zaldívar

Viva 21 fue un verdadero espectáculo. La convocatoria de Vox resultó masiva y espontánea. Miles y miles de personas de todas las edades, con una sonrisa en el rostro y una fundada esperanza en el alma, se movilizaron el pasado fin de semana de octubre hasta el imponente centro de convenciones Ifema, situado a las afueras de Madrid.

Fue una expresión de la vida misma: familias compartiendo y disfrutando de lugares de recreo para niños, música, puestos de comidas típicas e información sobre las distintas regiones y todos los rincones de España. Había representantes de lugares e instituciones y el público tuvo la oportunidad de compartir con ellos información y experiencias.

También hubo tiempo para la política. Referentes del partido visitaron la muestra y el domingo el presidente de Vox, Santiago Abascal, presentó la Agenda España, una iniciativa que pone distancia con la Agenda 2030 propuesta por el globalismo internacional avalado por Naciones Unidas y a la que los partidos mayoritarios de España y el mundo adhieren con fe religiosa.

La diferencia entre ambas agendas estriba en el espíritu y los objetivos que las animan. Mientras una insiste con la falacia de la igualdad y la romántica figura del “hombre nuevo”, Vox propone el respeto por las naciones y las tradiciones. Naciones Unidas y sus aliados plantean claros apuntes para rediseñar el orden mundial tras los que se encolumnan desde el presidente uruguayo Lacalle Pou, en América Latina, hasta la Alemania de Angela Merkel, en el corazón de Europa. Esta es la lucha que viene: el secuestro de las nacionalidades por parte del globalismo versus las identidades nacionales.

El propósito es restar independencia y poder de decisión a las autonomías nacionales a favor de un súper gobierno mundial. Pero ¿quién delegó en los burócratas de Bruselas las decisiones de cada país? ¿Desde cuándo los organismos supra nacionales imponen políticas y sanciones a los países soberanos? ¿Acaso en algún momento los padres del mundo han encomendado a esos empleados jerarquizados la educación de sus hijos?

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La Agenda 2030 atenta contra la libertad política internacional e implica la obligación de defender las mal llamadas “posiciones progresistas” que no son otras que las banderas marxistas del Siglo XXI: la ideología de género, el cambio climático, el feminismo, la educación sexual de los menores delegada al estado, la inmigración indiscriminada y el asistencialismo económico. Su ADN socava todo lo conocido hasta el presente. El mecanismo de imposición de esta agenda es acusar de racismo y discriminación a quien se atreva a cuestionarla, arrogándose una superioridad moral incuestionable; cualquier opinión en contrario es un atentado a la sociedad toda y quien la emita es segregado por considerarlo un cuerpo extraño, enemigo del bienestar general y, por lo tanto, pasible de ser combatido, aislado y destruido.

En paralelo, con el apoyo explícito de los mega millonarios de Silicon Valley y su dictadura de las redes sociales, la libertad de expresión está siendo sutilmente estrangulada y el discurso único vive su mejor momento. No hay que ser Donald Trump para padecer o haber padecido la arbitrariedad de Twitter, Facebook o Instagram por publicar algún reparo respecto del discurso oficial sobre el virus chino o la violencia musulmana mientras el terrorismo internacional navega por esos mares con absoluta libertad. Estos nuevos gigantes informáticos nos imponen la auto censura y si aún somos tan radicales de sortearla, se ocupan personalmente de disciplinarnos respecto de los temas y las personas intocables.

El trabajo sostenido sobre la demonización de las nociones de fronteras, familia, soberanía, historia requiere la atención inmediata de quienes lo han detectado.

“Los comunistas fueron sobre Europa cuando quedaron huérfanos de la URSS”, sentenció Abascal en un discurso que fue seguido con atención por miles de asistentes y en el que denunció la presión de grupos internacionales como los supuestos defensores del medio ambiente, que trabajan desdibujando las identidades tras el velo de una causa noble.

Abascal mencionó uno a uno los ataques: a la familia, como institución fundante del tejido social; a las costumbres, como amalgama entre los ciudadanos; a las creencias, que mantienen vivas las tradiciones compartidas; a las fronteras, que confirman el sentido de pertenencia; al sentimiento de cristiandad, tan arraigado en el pueblo español; en resumen, el ataque a la identidad que pretenden las Naciones Unidas y todos sus acólitos.

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Porque no se trata en absoluto de cerrar el país a los extranjeros sino de rechazar la retórica inmigratoria globalista que, enancada en el laicismo de estado, abre las puertas al fundamentalismo islámico que nada tiene que ver con las raíces del pueblo español. “Los monstruos no somos nosotros”, dijo el presidente de Vox al hacer la descripción del proyecto global en marcha.

Mucha, muchísima gente ha despertado y reconoce que las diferencias de los partidos aparentemente rivales desaparecen en estos temas y también en otros de política interna; no hacen sino reafirmar que el Partido Popular de hoy es lo mejor que le ha pasado a Pedro Sánchez e inclusive a Podemos. Y este juego de rivales-socios está ocurriendo en muchos lugares del planeta.

Aún con la enorme tarea que le espera a Vox en España, se ha comprometido en ayudar a Iberoamérica en la lucha contra este nuevo marxismo que nos ataca, porque entiende que, defendiendo la matriz latina y los valores que fundaron España, defienden a América toda. Pero Santiago Abascal admite que Vox es apenas un instrumento, el instrumento para frenar el avance globalista sobre la Europa de sus tradiciones, amplia, generosa, orgullosa de sus ancestros, de su pasado y de su historia a la que no hay que borrar por dura que sea sino aprender de ella y seguir, con la mirada puesta en el futuro.

Se abrió un nuevo capítulo en la política mundial y ese partido nuevo y aún pequeño que dio a luz hace menos de una década está llamado a ser un eje fundamental de los próximos tiempos.

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