Visión teológica de estas elecciones – Por Cosme Beccar Varela

En vísperas de la primera etapa de las elecciones presidenciales sólo hay una certeza innegable: todos los candidatos son enemigos de la verdadera Argentina y de sus tradiciones católicas y con su silencio reconocen que no tienen la intención de derogar las leyes o normas inmorales de la tiranía que son muchas, entre ellas, las que facilitan el aborto abusando de la inicua despenalización con que ya está dotado desde 1922 en el art. 86 del Código Penal; la legalización de la unión contra natura entre personas del mismo sexo y lo que es peor, la adopción de niños inocentes que serán corrompidos por esos homosexuales; la mal llamada “salud reproductiva” que debería llamarse “promiscuidad sexual inducida de los adolescentes”; ni la “educación sexual” obligatoria; ni la monstruosa derogación del Código Civil de Velez Sarsfield y su reemplazo por un engendro indigesto que contiene una verdadera revolución atea en su articulado e instala la inseguridad jurídica como un hecho irreversible, etc. etc. etc.

En materia de Justicia, tampoco han dicho ninguno de los candidatos que liberará a los secuestrados políticos que desde hace 12 años mueren en las cárceles en virtud de una política violatoria de las más elementales reglas jurídicas y cuyos efectos son criminales como lo prueba la muerte de 305 de ellos (hasta ahora) detrás de las rejas, ni tampoco han dicho que exonerarán a los jueces prevaricadores que colaboran para mantener esa situación y para asegurar la impunidad a los funcionarios y amigos de ellos que han robado hasta cansarse, ni que perseguirán a esos ladrones para que vayan presos y devuelvan lo que robaron, ni que se desprenderán de los miles de jóvenes marxistas de “la cámpora” que controlan el Estado.

El supuesto “mal menor”, representado por Macri ciertamente está incluido en esa tacha general. Como ya lo he recordado, este farsante apoya el aborto, que se practica en los Hospitales de las Ciudad por autorización de él; hizo aprobar la primera ley de “homonomio” que hubo en Iberoamérica permitiéndoles “adoptar” niños; edita un portal corruptor denominado “chau tabú”; promueve la política de la mal llamada “salud reproductiva” que es, en realidad, prostitución inducida de la adolescencia y, además, es deshonesto en asuntos económicos, e inepto, como todos los políticos profesionales.

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Por lo tanto, hay que advertir a los católicos que todavía quieran seguir siéndolo que no pueden votar a ninguno de los candidatos que se proponen porque todos son enemigos de la moral cristiana y de la Justicia y todos son responsables de la legislación directamente ofensiva a la Ley de Dios que se ha aprobado en los últimos tiempos, han cometido actos gravemente injustos y, votar por ellos a sabiendas o con voluntaria ignorancia de estas razones, es atraer sobre nosotros la ira divina y la posibilidad de un castigo o al menos de un retiro de gracias que hará que la argentina vaya de mal en peor, inexorablemente.

Votar por cualquiera de ellos, incluyendo a Macri, es hacerse cómplice de todos esos pecados graves. Eso nunca puede ser considerado un “mal menor”. El Padre Sardá y Salvany, famoso publicista español del siglo XIX y principios del siglo XX, autor del libro “El liberalismo es pecado”, dice:

“…Defender o votar un proyecto de ley atentatorio contra la ley de Dios y de su Iglesia (N: o a un político que promueva tales proyectos) es un pecado gravísimo que reviste tres grados de especial perversidad: 1ro. El ultraje directo a Dios por la violación de sus derechos; pecado contra la virtud de religión. 2do. Escándalo a las almas, por inducirlas a error con falsas doctrinas; pecado contra la virtud de la Caridad….Como también es doctrina corriente y fuera de toda controversia, que la complicidad en un pecado cualquiera reviste análoga malicia y gravedad que las de la propia acción criminal a que se refiere…

“Ahora bien, de todas las complicidades que pueden darse en un delito, la principal y más directa es la del mandante, o sea, la del que confiere a otro poderes y representación personal, mediante la cual tal delito comete…El que da, pues, su voto para diputado a un candidato sectario (sabiendo que lo es y que como tal se propone hablar y votar en el Parlamento) (N:¡Y mucho peor un candidato a Presidente, con los enormes poderes que tiene el Presidente por la Constitución!) hácese cómplice directo  de cuanto contra Dios y la Iglesia hable u obre en su día aquel diputado (N: o Presidente) que llevará su legal forma y representación. Es cómplice suyo en los pecados gravísimo de que se trata.” (“Propaganda Católica”, tomo XIII, pags. 213/214).

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Un amigo me decía, para justificar su intención de votar a Macri: “Dios no nos ha puesto en esta situación” Y le contesté que no es así. Somos nosotros quienes dejamos de hacer lo necesario para que la situación política fuera otra y como castigo por esa inacción culpable, Dios PERMITE que estemos en este callejón sin salida. Y nos pedirá cuentas de eso.  Aquella deserción fue la causa a la que sigue inexorablemente esta consecuencia.  No podemos fabricar una salida con votos que pueden ser otros tantos pecados mortales.

Luego, no tenemos otra alternativa que aguantar el yugo de los malvados que no supimos combatir en su momento, ni nosotros ni la generación que nos precedió (para no mencionar las anteriores). La única salida lícita (y llevará muchos años y muchos muertos) es empezar en serio y enseguida a hacer lo que dejamos de hacer en su momento para llegar a esto.

Podría decirse que esta es la visión teológica de la terrible degeneración política en que nos encontramos.

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