Sáb. Jul 31st, 2021

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

Una dilatada recta final – Por Ernesto Bobek Cáceres

Con miras a 2015 desde todos los ángulos políticos comenzó el inevitable juego de las candidaturas y candidateables. En política, aún en los pocos casos en que priman las mejores intenciones, el tira y afloje para ganar el favor de los electores es siempre un juego engañoso. Como en una guerra existen maniobras distractorias y de ocultamiento de la verdadera voluntad. “Mentiroso como político en campaña” es una realidad aquí y con distintos grados de simulación, en prácticamente todo el mundo.

Crisis económica y social mediante, aún faltando la eternidad de un año y medio para las elecciones, vemos en la cancha pocos indios y cientos de caciques. Muchos hablan de ganar el premio mayor, cuando saben que no tienen ni para comprar un número.

Nos encontramos con dos tipos de encuestas: Las oficiales en las que ya nadie cree, y las de todo el arco opositor desde la derecha a la izquierda que resultan cuanto menos prematuras y no sirven siquiera como aproximación. Un año y medio no permite mostrar las cartas. A ningún jugador con aspiraciones le conviene.

El gobierno con todos los responsables de sus irresponsabilidades -léase incumplimiento de los deberes de funcionario público- busca profundizar su impunidad. Para ello se desesperan por conservar poder en el Legislativo y plasmar la mayor colonización posible del Judicial con “Justicia Legítima” entre otras desafortunadas menudencias. El objetivo hoy es evitar un nuevo eslogan cual sería “Cárcel Para Todos”.

La inseguridad y la corrupción más desembozada se presentan porque el gobierno no cumplió ni va a cumplir su función elemental de gobernar. Tras once años en el poder solo vemos más pobreza, miseria, inseguridad y narcotráfico que cuando asumió Néstor Kirchner. No podemos ni abrigar la esperanza de un cambio. La desvergüenza es grosera.

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La guardia pretoriana de Cristina, La Cámpora, crece en cantidad de miembros con el consiguiente enorme derroche de dineros públicos. Otro tanto pasa con la publicidad oficial, -rubro que crecerá hasta lo indecible (e impagable) a medida que se aproximen las elecciones-, y con empresas vergonzosamente deficitarias por mal manejo de lo público como ser Aerolíneas Argentinas e YPF. Repsol finalmente dejó el país al vender el 12% de acciones que conservaba y ahora espera plácidamente que el gobierno cumpla con pagarle aproximadamente el doble de lo que vale la empresa.

Un tema que reviste enorme gravedad y constituye un secreto a gritos, es que quien asuma en 2015 se encontrará con el país devastado que deja la “década ganada”. A medida que se acerque la fecha de las elecciones, más de un posible candidato dará un paso al costado preservándose para 2019, y esperando que quien asuma sufra el desgaste de hacer el trabajo sucio. Pero si compramos otro gobierno populista o seudo progresista, 2019 podrá ser aún peor que 2015.

Es de esperar que no avancen las modificaciones a los códigos civil, comercial y penal, ya que su nueva redacción podría acelerar el desmembramiento de la República. Desde lo criminológico el presagio lo vemos en las declaraciones del fiscal Alejandro Alagia quien con su zaffaroniana teoría refiere que el Estado hace sufrir innecesariamente al delincuente. Solo olvida que el delincuente con su delito hizo sufrir injustamente a su víctima, y que desde el principio de los tiempos y en todas las civilizaciones un hecho considerado nocivo para la sociedad es inexorablemente castigado. El tenor de la sanción se puede debatir y consensuar, pero lo que no podemos es eliminar la sanción que el Estado a través de los órganos pertinentes debe aplicar ante el delito. Y precisamente la teoría de Zaffaroni está al límite de la abolición del Derecho Penal.

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Nos resta añorar que para 2015 surjan propuestas de candidatos que reúnan las condiciones de liderazgo del estadista que la Argentina necesita para planificar el país a 5, 10 y 50 años. Alguien que ponga a la educación como fiel de la balanza, fije reglas claras para la inseguridad, la economía, la salud y los argentinos excluidos, reduciendo drásticamente el gasto público inútil.

No será tarea sencilla establecer reglas de juego claras y duraderas, única vía de recuperar la confianza para que recalen en nuestro suelo inversiones tanto locales como extranjeras que oxigenarán la destrozada economía y el vapuleado mercado laboral.

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