Dom. Sep 27th, 2020

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

Un proyecto vituperable. Por Alberto Solanet

 Ha trascendido que tanto el oficialismo como la oposición, es decir casi todo el espectro político, se han puesto de acuerdo para darle curso a un proyecto de ley destinado a «la ampliación de derechos de las minorías sexuales en la búsqueda de visibilizar  a los grupos de personas cuya autopercepción puede ubicarse más allá del binarismo de género».

Esta complicada definición tiene por objeto desconocer el origen natural de los sexos femenino y masculino para afirmar que se puede ser hombre o mujer u otra cosa, lo que dependerá de la autopercepción de las personas.

El proyecto apunta a dar «mayor visibilidad y garantizar los derechos básicos de una comunidad, de las más discriminadas, cuyos integrantes tienen una esperanza de vida de 36 años de promedio», para luego especificar que se trata de la especialidad trans».

La baja expectativa de vida obedecería, seguramente, al estilo  y costumbres de quienes padecen esa anomalía, que no se corregirá con una norma que promueva esa conducta. Todo lo que la ley dispone y acepta como bueno se instala en la sociedad en ese mismo sentido.

En el marco de la revolución cultural que padecemos -que, si bien es mundial, se ha acelerado los últimos años en nuestro país en forma vertiginosa- a lo que se apunta no es a corregir esos comportamientos, sino por el contrario a instalar en la sociedad un nuevo modelo que sustituya el orden natural. El objetivo es demoler la institución de la familia tradicional.

Por más que el legislador se lo proponga no podrá borrar las diferencias que resultan de la naturaleza de los seres. No aceptar ese orden deja a los hombres a merced de cualquier arbitrariedad legal, ya que bastaría contar con poder suficiente para que cualquier ley pudiese obligarlos a practicar la antropofagia o prohibirles alimentar a sus hijos. En el reino animal esto no ocurre porque el instinto ajusta la conducta de sus especies e individuos. Así el león no se aparea con la cebra ni el mono con el perro; y entre los de la misma especie, el macho y la hembra se aparean sólo cuando la hembra está alzada, es decir, con posibilidades de preñarse.

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Por más que se intente forzar la naturaleza, jamás el legislador podrá convertir el hombre en mujer ni viceversa. Mucho menos las variantes que hoy se pretenden regularizar y proteger a través de este proyecto que comentamos. Se denomina trans a quienes no se quieren identificar como hombres ni como mujeres. Podría decirse que constituirían una nueva especie, pero como esta no dependería de lo que ordena la naturaleza, sino de la autopercepción, las variables tendrían como único límite los de la fantasía o la imaginación.

PRIMER ARTICULO
El primer artículo del proyecto señala que se busca «representar el ejercicio del derecho a la autopercepción de género y de reconocer aquellas identidades diferentes a varón/masculino o  mujer/femenino de la concepción binaria de género para toda persona que lo solicite». Más adelante se dice: «Lo que proponemos es modificar la  ley de identidad de género para que se incorpore una tercera categoría registral.»

Hace pocos años todo esto que se propone habría parecido un soberano disparate. Hoy, sin embargo, una parte de la dirigencia anuncia que con este proyecto habrá de colocarse a nuestro país a la vanguardia del progresismo mundial.

Antes de que este proyecto delirante tuviera entrada en el Congreso, el directorio en pleno del Banco Central dictó una resolución imponiendo el llamado lenguaje inclusivo en todos sus documentos. «La gestión del BCRA -ha dicho-, en consonancia con el gobierno nacional, ha asignado relevancia a la política de género y respeto hacia la diversidad». Además y por si esto fuera poco, creó una gerencia específica en la materia, que se denomina Promoción de Políticas de Género, Resguardo del Respeto y Convivencia Laboral.

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Por su parte, para no quedarse atrás y mediante un convenio con la Asociación Bancaria, el Banco de la Nación se comprometió a cubrir al menos el 1% de su planta de empleados con travestis, transexuales y transgéneros.

El homosexual, en tanto que persona humana, es sujeto de derechos y obligaciones como lo es cualquier ciudadano argentino. Pero lo que carece de justificación o razonabilidad es que la militancia homosexual o la promoción de la homosexualidad reciban especial protección legal o, todavía peor, resulten acreedoras a beneficios particulares que se niegan a otros colectivos o individuos.

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