Sáb. Jul 31st, 2021

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Un discurso militante – Por Rosendo Fraga

El discurso de la Presidenta Cristina Kirchner en el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso confirma la personalidad, ideología y estilo de su liderazgo político: defiende su gestión y ataca a sus adversarios; no hay autocrítica ni reconocimiento a los méritos del otro.

No es el discurso de una estadista, es el discurso de una “militante”: hay en él más de batalla política que de estrategia de gobierno.

Su visión de la historia es clara, terminante y absoluta: al referirse al crecimiento económico y la inclusión social señaló que “estamos en el proceso más virtuoso de los últimos doscientos años”.

Confirma la visión épica de la historia, en la cual se asigna un rol fundacional superior al de sus predecesores. No se trata de una improvisación: es el desarrollo de una línea de pensamiento que el 8 de mayo del año pasado, al visitar Nicolás Maduro la Argentina para presidir ambos un acto de la militancia kirchnerista, lanzaron la consigna “San Martín y Bolívar primera independencia; Kirchner y Chávez segunda independencia”. Es la misma línea por la cual el 25 de febrero, con motivo del aniversario del nacimiento de Kirchner -que es el mismo día del de San Martín-, el Ministerio de Desarrollo Social difundió un video comparando a ambos como las dos figuras centrales de la historia argentina. Desde esta postura, se hace muy difícil reconocer que el otro, en este caso los adversarios políticos, puedan tener algo de razón.

Dijo que su gobierno, desde que ella llegara al poder por primera vez en 2007, tuvo que “soportar ocho corridas cambiarias que implicaron la salida de 60.000 millones de dólares”. También afirmó que esto comenzó con su llegada al poder y que no sucedió con su esposo y predecesor porque, como él decía, después de la crisis nadie “quería hacer olas”.

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Un fracaso de la gestión económica -como es la pérdida de reservas- es presentado nuevamente como la consecuencia de una acción del adversario. Es la misma idea que ella expuso el 12 de febrero -el mismo día que Maduro en Venezuela denunciaba las movilizaciones opositoras como “intento de golpe de estado”-, cuando dijo que “querían hacer saltar por el aire mi gobierno”, en referencia a la salida de divisas que precipitó la devaluación. La salida de divisas desde su óptica no tiene relación con la incertidumbre económica, la falta de reglas claras o el temor a medidas sorpresivas y arbitrarias. Nuevamente, no deja lugar para la discusión o el debate: la salida de reservas es una batalla política.

Su afirmación de que el autoabastecimiento energético que había en 2003 es un “mito”, al afirmar que en ese momento no faltaba energía porque como había 54% de pobreza y 25% de desempleo, ni se trabajaba ni se consumía, es otra evidencia al respecto. Otra vez, no hay margen para disenso alguno, porque la opinión del adversario es un “mito” y en consecuencia no merece atención. La referencia a los números sociales del 2003 hoy pierde vigencia once años después, cuando muchas cosas han pasado y el país ha dejado de crecer.

Su afirmación de que las reservas energéticas de Argentina representen “123 años de consumo de petróleo y 410 de consumo de gas” hace más incomprensible el déficit energético del país.

Sobre la inflación, negó que ésta se vincule con la reciente devaluación y anunció el envío de leyes al Congreso “para defender a los usuarios” del “abuso de sectores concentrados, monopólicos y oligopólicos”. En su visión, no se trata de un fenómeno económico, sino de un conflicto político con protagonistas del poder económico, que resolverá mediante leyes que dictará el Congreso.

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En la coyuntura política criticó a los empresarios por los precios, a los docentes por los paros y a los piqueteros por los cortes de vías públicas; sólo los sindicatos recibieron palabras de reconocimiento. Quizás porque la Presidenta piensa que necesita de ellos en el momento en que su batalla coyuntural es la inflación.

En conclusión, con este discurso la Presidenta vuelve a reafirmar que no cambia ni personalidad, ni ideología, ni estilo; más allá de alguna medida económica que muestre contradicción con las afirmaciones recientes, éste fue un discurso que aplaudido por la militancia, pero que difícilmente ha sintonizado hoy con la agenda de la gente.

Fuente: http://www.nuevamayoria.com/

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