Tras el debate: queda más la imagen que el contenido. Por Rosendo Fraga

La irrupción del debate televisado de candidatos presidenciales, comienza  en 1960 en con el duelo entre Kennedy y Nixon.

El primero se impuso por 200.000 votos, menos del 1% de los votantes, cuando días antes, estaba levemente por debajo del segundo.

Ello fijó una premisa: el debate puede definir un resultado electoral, cuando la diferencia es estrecha.

Pero entonces se estableció una segunda premisa: la imagen influyó más que el discurso o contenido.

Un Kennedy más joven, buenmozo, trasuntando optimismo, se impuso a un Nixon tenso, nervios y más pesimista.

Estudios realizados reiteradamente durante los últimos años en todo el mundo, muestran que después de un debate, muchos de quienes dicen que un candidato «estuvo bien», no recuerdan que dijo.

Es que la imagen,- la forma de expresión, la mirada, las sensaciones,- tiene más recordación que las cifras.

La política es una combinación de razón y de pasión, de lógica y sensibilidad.

En este contexto, Del Caño y Espert, posiblemente fueron los candidatos que se expresaron con mayor libertad y un lenguaje más directo y alejado de lo políticamente correcto. Gómez Centurión conectó con su público, que puede ser reducido, pero que está en disputa con Macri.

Lavagna fue Lavagna. Hablo como siempre, trató de reforzar su prédica de que hay un tercer espacio. Buscó conectarse espontáneamente con una imagen de «sabiduría» y experiencia.

Macri ratificó su línea de campaña expuesta en movilizaciones y spots. Se dirigió a la clase media reiteradamente. Trató de conectar con ella, con ejemplos concretos.

Fernández trató de dirigirse al promedio de la sociedad. Se expresó con moderación, sin que ello alterará su contundencia en la crítica económica al Presidente.

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Hubieron dos temas ausentes en el debate: Cristina y la corrupción. Ello favoreció a Fernández sin lugar a dudas.

Pero hubo otro tema ausente: el default. Hasta Del Caño, quien criticó duramente al FMI, eludió el término.

Hoy en Argentina todo pasa muy rápido y en quince días cuando se vote, posiblemente lo que recordará la mayoría de los votantes, serán más imágenes que cifras o posiciones.

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