Todos los miércoles – Por Cosme Beccar Varela

Todos los miércoles, desde hace por lo menos 5 años, la Policía Federal corta la calle Viamonte, una de las más importantes para el acceso al centro de la ciudad, frente a la sede de Universidad de Buenos Aires, mediante vallas de hierro y alambre carcelario y la vigilancia de 20 o 30 agentes, varios de civil.

Es un «piquete» oficialmente establecido que reemplaza a los piquetes estudiantiles que ni se molestan en acudir a la cita porque saben que la Policía crea el caos vehicular y apreta a los peatones en lugar de ellos. De hecho, en un 90% de los casos los estudiantes no vienen y los únicos que hacen el «piquete» son los policías.

Hoy, sin embargo, fue una excepción a la regla general: había unas 20 mocosas y unos 10 mocosos, sentados en el suelo y charlando animadamente, junto a un cartel apoyado contra la pared de ex- convento de «Las Catalinas» que expresaba su reclamo. Ni lo leí porque cuando me acercaba a la barrera carcelaria, me dí cuenta de que ni a pie dejaban pasar y me volví. Tuve que dar la vuelta a la manzana para poder llegar a mi Estudio, que está en Reconquista, entre Viamonte y Tucumán.

Pero sí pude ver que el dispositivo era el de siempre: policías con moto parando el tráfico en la esquina de San Martín, policías de civil impidiendo a los peatones seguir por Viamonte hasta Reconquista, otros policías distribuidos en la «tierra de nadie» que quedaba entre las dos barreras, la del Oeste y la del Este y los mocosos (no más de 16 años de promedio) encantados con el apoyo policial que les ahorraba el trabajo de pararse, de gritar consignas y desplegar banderas y carteles.

Y esto, menos los mocosos, es todos los miércoles, todos los miércoles, todos los miércoles.

He protestado infinidad de veces por este atropello, pero sólo he recibido como respuesta la prepotencia policial, encarnada en individuos de catadura patibularia, obviamente felices del poder que tienen sobre el ciudadano común, porque tienen un arma, porque tienen la presunción de estar guardando el orden,  porque saben que están haciendo lo que quiere la tiranía y porque si yo llegara a levantarles la voz, me podrían meter preso y lo que ellos digan, mentira o verdad, será cabeza de proceso contra mí.

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Estos policías no se limitan a «cumplir órdenes» como dicen. Es notorio que gozan, con un placer sádico, su papel de molestia pública impune. Y si el que protesta es un Señor, notoriamente de categoría superior a cualquiera de ellos, por edad, por ciencia y por experiencia, gozan el doble, porque es el triunfo del igualitarismo insolente, del estatismo omnipotente, de la alianza con la «muchachada» de izquierda que les gusta tener aunque sea por unas horas.

Esto es lo que yo veo porque está a la vuelta de mi Estudio. Pero eso mismo se repite en todos los «piquetes» que hay en el país. No es el número de los «piqueteros» lo que produce la interrupción del tráfico: es la colaboración de la «autoridad» policial que lo desvía mucho antes del lugar ocupado, creando un caos general que se extiende como las ondas en el agua, hacia todos los puntos cardinales. Y esto es lo que está pasando desde que el “kirchnerismo” usurpó el poder en el 2003.

Hoy ví en el noticiero de la TV que hubo, además del que acabo de describir, otro en Callao al 100, producido por los empleados y obreros de una empresa de los suburbios que previamente habían cortado la Panamericana y luego se mudaron a Callao al 100, o sea, en plena zona del Congreso.

Esto es un sistema, no es espontáneo ni casual, ya lo he dicho varias veces en estas páginas. Es un plan subversivo del orden y opresivo de los ciudadanos pacíficos. ¿Con qué fin? Tiene varios objetivos, pero me limitaré a enumerar algunos:

1) Mostrar el poder de la izquierda para violar la ley (cada vez que cortan una calle cometen 5 delitos en concurso real) impunemente.

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2) Fomentar el desorden general, en paralelo con el desorden político que implica que el gobierno esté en manos de los peores, ladrones y tiranos, y preparatorio del desorden institucional, o sea, la instalación de un Estado comunista.

3) Acostumbrar a los ciudadanos indefensos a bajar la cabeza y desviarse, aún a costa de cansancio y demoras, con la consiguiente renuncia a su derecho de exigir vía libre. Esa renuncia prepara otras a otros derechos a las que son obligados continuamente. Con eso se va creando en la ciudadanía una mentalidad de esclavos, muy necesaria para implantar un Estado comunista basado en la tiranía del proletariado.

4) Exacerbar la prepotencia de la Policía, que con un sólo movimiento de una mano, desvía a su gusto una inmensa fila de vehículos que quedan atosigados en cualquier otra calle alternativa que, en realidad, no es una alternativa sino la única salida hacia la tortura de una demora indefinida. Esa Policía aprende así a despreciar el Derecho y a los ciudadanos pacíficos a los que debería proteger. Sus superiores, en especial el pro-nazi Berni y otros cómodamente instalados en sus oficinas de las Comisarías o de la Jefatura, incentivan estas brutalidades mientras los Fiscales y los Jueces hacen «la vista gorda», aunque si algún Señor de verdad se atreviera a violar el cerco o a embestir a los que lo instalan, se ensañarían con él hasta destruirlo con todo «el peso de la ley». La “ley” son estos opresores, no la que está en los Códigos, ni en la conciencia recta de las buenas gentes.

Esto es intolerable. Cada miércoles que debo aguantar esta humillación siento que voy siendo menos humano y me parezco más a un vacuno que es arriado hacia un corral. Ud. dirá que exagero, que no es para tanto. Si Ud. piensa así, quiere decir que, en Ud., el proceso que describo en los cuatro puntos anteriores ya dió su fruto: Ud. ya tiene la mentalidad de un esclavo preparado para servir al Estado comunista.

Fuente: http://www.labotellaalmar.com.ar/

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