That´s Amoris. Por Miguel De Lorenzo

Desde el Vaticano partió otro rosario para M. Sala.

Sabemos que los mensajeros de Bergoglio poco que ver con el catolicismo, todos conocemos su debilidad por ateos y socialistas.

Esta vez le tocó a Vera. Y el propio Vera comentó que Sala enseguida puso el rosario en el cuello.

Se ve que en el instructivo que venía de Roma, no les aclararon el antiguo y verdadero sentido del rosario, omitieron que no es un adorno y que para colgar están los collares;   El rosario es para rezarlo, aunque  en el empeño por cambiarlo todo parecería que Bergoglio le hubiese dado una vuelta de tuerca al tema.

El dato nos llevó a averiguar si hubo otros rosarios, a otros presos, de esos a los que encarceló la venganza antes que la justicia, acaso un rosario, aunque fuese uno, para los familiares de los 486 militares que murieron en prisión, de los cuales apenas 59 tenían condena.

Revisamos más y mucho y parecería que no.

Ni rosarios, ni cartas, ni consuelo, ni llamadas, ni mensajeros. Nada.

Y no deja de llamar la atención, el hecho  que nunca haya dicho una palabra en defensa del sombrío, del injusto destino de esos argentinos.

Extraño olvido  porque  hay quienes insisten en que con varios de ellos tenía encuentros cordiales durante el proceso, pero claro, a veces,  la memoria se debilita.

En cambio conserva intactas otras memorias y misericordias, selectivas, dirán algunos, puede ser, pero quien dudaría que  van destinadas  para la mejor gente, para aquellos  que contra viento y marea se ocuparon de los oprimidos y los pobres, digamos un  Fidel cuya muerte tanto lo entristeció, ó Maduro, ó Cris, (cuiden a cristina ¿se acuerdan?) un Chávez por ejemplo, ni que hablar de Evo, de la generosa clemencia para los curas pedófilos,  para los abortistas a los que misericordiosamente invitan a hablar al vaticano, y para Lutero, su más reciente incorporación al devocionario, entre tantos y muchos encantadores personajes.

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Desde otro ángulo, en realidad Sala no hizo más que aceptar el juego que le proponían y entró al partido sabiendo que era  ganadora. Aval explícito, el famoso “contá conmigo”   que suele enviar  a ciertos héroes levemente tenebrosos.

El sello, la confirmación de este  salvoconducto vaticano lo pone  Vera al salir de la prisión: “Me narró cómo fue toda la secuencia de la causa, cómo la trataron de quebrar moralmente, cómo trataron de hacerle operaciones a través de la familia, cómo le inventaron un montón de cuentos chinos y toda la presión que vive adentro. Cómo se ha venido manejando la causa por parte de la justicia provincial, que deja mucho que desear”.

Vaya uno a saber como Vera en un rato, pudo adquirir semejante certeza acerca del caso Sala. Por encima de la evidencia y las pruebas, más allá de fiscales jueces y cámaras, más allá  lo que todos pudimos ver, de la violencia, la humillación y el robo a que sometía a los pobres, más allá de sus inexplicables  propiedades, de los veraneos en Punta del Este, de los numerosos autos familiares, de las bolsas de plata, etc., etc.

El caso es que Vera salió y dijo lo que dijo.

En ese sentido vemos  dos posibilidades, una que  Sala sea una embaucadora de aquellas y Vera un crédulo, posibilidad más bien remota,  otra, es que  Vera además del rosario,  traía el discursito preparado desde Roma.

Pero por encima de estos sórdidos chanchullos, más allá de las intrigas y enjuagues neo marxistas, alguien debería avisarle a Bergoglio que hace unos días en Tucumán, ahí nomás, cerca de donde esta presa Sala, agraviaron atrozmente a La  Virgen María. Seguro no lo sabe, porque si por un rasguño a una ladrona hizo este barullo, no nos atreveríamos a imaginar lo que haría ante esta ofensa a la Santísima Madre de Dios.

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