Son rumores…Por Vicente Massot

Los rumores han formado parte, desde tiempo inmemorial, de la política. No hay país —prescindiendo de considerar su trascendencia o insignificancia— en donde falten chismes y versiones de todo tipo. El runrún es algo que se puede rastrear en los Estados Unidos como en el Senegal, en Alemania como en Túnez. Por ello mismo no es de sorprender que, en medio de la incertidumbre que campea a sus anchas entre nosotros, a diario topemos con un sin número de datos y habladurías que se echan a correr, a veces de manera interesada y otras porque sencillamente pasan de boca en boca, sin solución de continuidad y sin que nadie se detenga a sopesar su grado de seriedad. Al respecto las redes sociales reproducen en forma exponencial la penetración de los rumores que pasan a valer no tanto en virtud de su verosimilitud. Valen por el gigantesco universo al cual llegan.

¿Se baja Macri de la candidatura? Merced a la importancia de la cuestión éste es, de lejos, uno de los comentarios más traídos y llevados en los mentideros políticos en los días que corren. Claro que una cosa es que el tema haya sido motivo de análisis entre algunos integrantes de Cambiemos, o que se trate de una sugerencia de un íntimo amigo del presidente de la República y otra, bien diferente, es que se halle en carpeta, a la manera de un plan B, en la Casa Rosada. Que hay funcionarios, y no precisamente de segundo nivel, que especulan con la posibilidad de que podría llegar un momento en el cual Macri debería dar un paso al costado, es cierto. Son quienes avizoran unos meses muy complicados en materia económica y piensan que resultaría suicida no tener un proyecto de salida alternativo a la crisis que ven venir. Que Nicolás Caputo y Carlos Grosso —como se dice por ahí— le hayan aconsejado algo parecido a Macri no consta en actas.

¿Será un radical el compañero de fórmula de la coalición gobernante? La especie comenzó a tomar vuelo a principios de la semana y es proporcional a la preocupación que existe en el gobierno y en la Unión Cívica Radical de cara a las elecciones. Así como carece de todo asidero la presunción, también conocida en las últimas horas, de un ofrecimiento que se le podría extender a un peronista federal para que vistiese la boleta de Cambiemos en calidad de candidato a vicepresidente, la discusión con los boinas blancas ha comenzado. El principal operador de la UCR, con inmejorable llegada a Balcarce 50, le hizo saber días pasados al jefe del Estado los peligros que, en la situación presente, tendría convocar a la Convención de ese partido durante las próximas semanas. La probabilidad de que la vieja bandería de Alem e Yrigoyen se partiera en medio de un tumulto a altas horas de la madrugada  protagonizado por las facciones deseosas de continuar en Cambiemos y las que desean hacer rancho aparte, presumiblemente junto a Roberto Lavagna— no debería descartarse, ni mucho menos. Eso encendió las alarmas en Casa Rosada, y es sabido que uno de los ofrecimientos que tendría para hacerle el gobierno a sus socios menores, en caso de apuro, es el de la vicepresidencia. Sobre el particular sería insensato no ponerle unos porotos a Gabriela Michetti, a Carolina Stanley y a Patricia Bullrich. Los radicales corren desde atrás y, si fuese por los dirigentes del Pro, elegirán a una de las tres damas. Pero —se sabe— la necesidad, en ciertos casos, tiene cara de hereje.

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¿Habrá cambios en la Corte Suprema de Justicia antes de los comicios? —Es un secreto a voces la pésima relación que existe entre los ministros del máximo tribunal del país. Más allá del desequilibrio de fuerzas desfavorable para su actual presidente —trasparentada en una serie de fallos que lo han dejado en minoría absoluta— los distanciamientos son, además, de naturaleza personal. Es decir, exceden el mundo de lo jurídico y casi podría decirse,
sin exageración ninguna, que no tienen vuelta atrás. La posición —harto incomoda y hasta desdorosa— en la que ha quedado el titular del cuerpo, Carlos Rosenkrantz, ha llevado a muchos a pensar y a difundir la versión de que, antes de lo pensado y de lo que marcan los tiempos formales, el doctor Horacio Rosatti asumiría en su reemplazo. Si bien nada parece indicar que el actual titular de la Corte fuese a renunciar forzado por el destrato de sus pares, lo cierto es que el clima que se respira en el edificio que alberga a los cinco ministros se corta con navaja.

¿Están peleados el presidente de la Nación, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires y el jefe del gobierno autónomo de la ciudad capital? Si se analiza el tema tomando como parámetro de medida la confianza y entendimiento que existía entre los tres hasta finales del pasado año, es evidente que algo se cruzó en su camino y la relación nunca más fue la misma. Ese domingo en el cual —mientras iban y venían los ofrecimientos a Martín Lousteau, Carlos Melconian y Alfonso de Prat–Gay, finalmente rechazados por éstos— Mauricio Macri y Marcos Peña quedaron de un lado del mostrador, y María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta del otro, fue el punto de inflexión. El presidente, según informan las malas lenguas, nunca terminó de digerir lo que consideró una suerte de apriete llevado adelante por aquéllos para que oxigenase el gabinete y se desprendiese de su jefe de Gabinete. Estrictamente hablando, no hay una pelea abierta ni tampoco solapada aunque no sea dable hallar —como en tiempo ya idos— una comunión de ideas respecto de qué hacer y cómo hacerlo. Hoy el eslabón más débil de la cadena electoral oficialista es María Eugenia Vidal. Eso lo sabe cualquiera, empezando por la propia gobernadora. Al no tener segunda vuelta, su reelección corre más peligro que la de Macri y la de Rodríguez Larreta, en la medida que Cristina Fernández sea finalmente candidata y el peronismo bonaerense marche unido a las elecciones.

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¿Florencia Kirchner no vuelve más? Da que pensar el hecho de que una madre millonaria y al tanto de lo que sucede en el mundo pueda haber decidido la internación y tratamiento de su hija enferma en Cuba y no en alguno de los mejores centros asistenciales del mundo. Una cosa es protestar adhesión al castrismo y repetir el sonsonete de que en la isla caribeña se encuentran los más prestigiosos facultativos y hospitales del planeta o poco menos, y otra —enteramente diferente— es tomar la decisión cuando está en juego la salud de un ser querido. Nadie sabe si el mal que aqueja a Florencia Kirchner es grave. Lo que sí es conocido es su falta de fueros y su delicada situación procesal. El dato no es menor porque un requerimiento de la justicia argentina desobedecido en Francia o en Suiza no sería lo mismo que en Cuba.

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