Se acabó la joda. Por Eric Harris

Lamentablemente arranco un nuevo episodio de hecatombe en Argentina, aun peor que el tan sufrido 2001. Esta vez la culpa se la echan al maestro Donald Trump, al contexto internacional, a la sequía, a los “especuladores”, ¿y a quien más falta? ah… a los “liberalotes” que tanto fueron difamados por pusilánimes de la talla de Marcos Peña y Fernando Iglesias durante estos últimos años.

Estos personajes celebres del socialismo amarillo jamás se detuvieron a reconocer que tales liberales fueron los que estuvieron a disposición para asesorarlos desde el día uno, y, peor aun, han salido a difamarlos por el solo hecho de pronosticar lo evidente en todo modelo keynesiano basado en la exacerbación del gasto y de la deuda: EL COLAPSO ECONOMICO, que recién hoy estamos empezando a vislumbrar.

O sea nunca es la culpa de la clase política, nunca tampoco la culpa es de un electorado “bien pensante” conformista que pide morfina, morfina y más morfina. Y, como si fuera poco, del otro lado tenes a la escoria peronista que pide más flan.

Gente, entendamos que Argentina tiene dos enfermedades: el radicalismo (desde Yrigoyen a la fecha) y el peronismo. Estas dos porquerías de proyectos políticos no hicieron nada por el país, mejor dicho lo enterraron en la mediocridad fascista, socialista y populista.

Argentina solo fue un país grande, prospero y honorable cuando los liberales conservadores estaban al mando, llegando a posicionarnos como el séptimo país mas desarrollado del mundo para principios del siglo XX. Hoy en día tales ideales de austeridad, trabajo, responsabilidad y libre comercio son prácticamente mala palabra.

Con lo cual lamento decir que el real problema ya no es político, económico o social sino de índole CULTURAL.

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Se necesitaría de un líder político tipo Trump, que tenga decisión y los huevos para decir las cosas como son y de hacer lo que se debe para terminar con toda la farsa del “estado presente”, la “redistribución de la riqueza” y la “justicia social” que tanto nos vendieron durante casi un siglo. Recién ahí, viendo los resultados positivos, los argentinos quizá comenzarían a cambiar esta cultura colectivista.

¿Y cual sería la receta? Algo muy lógico: mano dura, haciendo valer la ley y el orden, una moneda estable y un ejemplar respeto por la propiedad privada, el libre comercio y la libre contratación laboral.

Si no hacemos un giro de 180 grados hacia el sentido común, el destino que nos espera es sin duda MAS MISERIA.

Debemos elegir… SENSATEZ O MÁS JODA?

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