Relato y realidad – Por Claudio Chávez

Cada época o tiempo histórico tiene su relato, esto es, un conjunto de ideas, valores y principios, que  explican y, de alguna manera, conducen el devenir.

Este “relato” es una construcción teórica  realizada  por filósofos, pensadores, intelectuales, economistas, poetas, escritores, músicos, entre algunos de los creativos,  que consciente o inconscientemente reflexionan y racionalizan  la realidad.  Como la historia es un  continuo, es natural que las ideas acompañen ese acontecer o lo promuevan, según la corriente filosófica en la que uno se incluya: la que cree que la realidad material es la que evoluciona y las ideas acompañan, o aquella que sostiene que son las ideas las que modifican la realidad, existiendo  entre estos dos extremos un mix de ambas. No será éste el tema del presente artículo.

LOS ULTIMOS DOSCIENTOS AÑOS

Con la revolución americana,  la institucionalización de su república y finalmente la revolución francesa,   las ideas liberales abrazaron todo el siglo XIX, promoviendo el crecimiento exponencial del capitalismo. En el caso de la Argentina vienen a cuento aquellas palabras del general Perón: “Todos somos hijos del liberalismo creado por la Revolución Francesa.”

Citando nuevamente a Perón ese ciclo virtuoso culminó con la Primera Guerra Mundial: “En 1914, para mí, comienza un nuevo ciclo histórico que llamaremos de la Revolución Rusa”

La naciente etapa requirió de un nuevo relato que la explicara, y facilitara, además,  su arrollador avance,   en consecuencia dos cuerpos de doctrina o ideologías se disputaron   el  siglo: el nacionalismo y el marxismo, y finalmente un mix de ambas. Este período vio crecer los movimientos de liberación nacional, la lucha contra las naciones imperiales, el nacionalismo industrial, cultural, el proteccionismo y la autarquía económica. El vivir con lo  nuestro como paradigma de la nacionalidad enfrentado a las fuerzas extranjerizantes expresadas  por aquellos sectores vinculados al mercado mundial, la palabra oligarquía los describía acabada y despectivamente. Este esquema con sus más y con sus menos tuvo vigencia en buena parte del siglo XX y fue promovido por la revolución soviética y la crisis del 30’.

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La mayoría de los partidos políticos de la novedosa fase  cayeron bajo la influencia del paradigma epocal. Conservadores, peronistas, radicales del programa de Avellaneda, desarrollistas, incluido algunos liberales aggiornados.

Ahora bien,  ese mundo nacido con la revolución rusa, corregido y aumentado  por la crisis del 30’, ha desaparecido. La caída del Muro de Berlín, la implosión de la Unión Soviética, el fin de la Guerra Fría y la fenomenal revolución tecnológica  dieron por tierra con todo un siglo. Los tiempos que corren ameritan un nuevo relato y otra explicación a treinta años de la novedad, que no puede dejar afuera valores y principios asociados a un novedoso liberalismo social.

MALVINAS Y LOS FONDOS BUITRES

La comparación y el peligro, del que hablan políticos y periodistas,  que encierra la igualación por parte del gobierno actual con el de Galtieri no tiene asidero ni punto de comparación. Intrínsecamente no es lo mismo defender o intentar recuperar lo robado, que pagar deudas contraídas.  Pero lo que fundamentalmente ha cambiado es el mundo en el que se dio  el conflicto de Malvinas y el actual.

En 1982  aún se  vivía bajo la pesada carga de la Guerra Fría, hacía cuatro años que el Frente Sandinista de Liberación había tomado el poder en Nicaragua y el ayatollah   Khomeini  tres, que dirigía los destinos de Irán. Es decir el capitalismo liberal no salía, aún, de la formidable derrota de Vietnam. El entusiasmo del nacionalismo y de la izquierda fue tan manifiesto que creyó posible el triunfo de Malvinas, pensando que  la Unión Soviética velaba desde las sombras. En ese mundo bipolar  al decir de Hernández siempre había “un palenque ande rascarse”.

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En la actualidad el capitalismo ha triunfado en todos los frentes y la Argentina se halla, propiamente, en el centro geopolítico de los vencedores.  Cavilar como en aquellos años es un disparate fenomenal en el que incurren sectores de izquierda y del kirchnerismo. No hay dudas que Cristina ha virado hacia posiciones amigables al  capitalismo mundializado. Hace más de un año y en vísperas de una reunión en Naciones Unidas la Presidente aseguró que por su formación político-cultural, en la década del 60’,  miraba con desconfianza el proceso de globalización pero  después de diez años de gobierno lo observaba como una oportunidad. ¡Finalmente se asomó al mundo!

Estas palabras son ignoradas por la izquierda kirchnerista que ya no tiene  dónde aferrarse. Patria sí, buitres no,  vociferada en una raleada concentración espectral,  suena tan añejo como Patria sí, colonia no, de los años 40’.

El kirchnerismo, sobre su ocaso, le hace un gran favor al país al dejar a la deriva al infantilismo político.

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