Reclamar para destruir. Por Miguel de Lorenzo

Sabemos que existen en todas las sociedades, representan al odio más insatisfecho, tienen esa furia perpetua y triste que las empuja  a quemar y destruir, no le hacen asco a nada pero su predilección pasa por iglesias, conventos, catedrales, si, sobre todo las catedrales.

No faltan jamás a los llamados “encuentros de mujeres”, en cierto modo podríamos decir que esos encuentros se reducen y condensan en el alucinante espectáculo preparado para el último día, cuando estas auténticas barras bravas del feminismo desatan el caos.

El demonio femista suelta la tropa infernal para reclamar “derechos”. Y ya lo sabemos reclamar para el feminismo es destruir.

Aunque vista un poco más en detalle no le falta coherencia a esto de destruir para reclamar,  porque el reclamo no es sino para destruir a un ser humano.

Llegar al  aborto es para las feministas una forma de la felicidad, es la consumación del éxtasis;

De ahí el imperioso reclamo, aborto en todas partes, siempre listo, hospitales y  clínicas  dispuestas solo para abortar, aborto  a destajo, servicios de aborto al paso para no tener que viajar y aborto express para las que no pueden esperar porque deben concebir el próximo bebe para abortar.

Se expresan, por llamarlo de algún modo, en un lenguaje raro, más bien gutural, no muy inteligible, se las distingue por los escupitajos más que por las palabras, acarrean  bolsas de excrementos delicadamente preparadas, cultivan cierta  deliciosa manera de insultar y agraviar al universo , suyas son tambien las pintadas obscenas,  las molotov y por supuesto las balsfemias.

En medio de ese ardor Iconoclasta, primitivo y más bien estúpido, nos dicen que con su cuerpo hacen lo que quieren, y si, eso esta claro, y no podríamos discutirlo, una mirada basta para darse cuenta que hicieron lo que quisieron….

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Es difícil defender que tanto de revindicatorio o de femenino o de justo o simplemente de humano, pueden tener los pedidos que hacen estas mujeres para ejercer  el  “derecho a matar” a sus bebes.

NI siquiera les importa que la biología haya demostrado científicamente que se trata de otro ser humano nuevo y distinto lo que una mujer lleva en su vientre.

Si esto es así, como realmente es, no habría en el aborto nada, absolutamente nada, que lo distinga o  lo diferencie de un homicidio

Pero que la madre que cometió el crimen,  no quede paralizada por el horror y por el dolor,  y por el contrario pida, exiga leyes para seguir abortando cuantas veces se le ocurra, esto si que es raro.

Hay quienes dicen que en el fondo de esa lucha desesperada y espantosa por el aborto  se oculta la venganza, una inexplicable y atroz manera de vengarse del hijo que apareció ahí, en sus vientres,  sin que ellas supieran como, ni por qué y que no es otra cosa que es un estorbo a su femineidad…

Por la misma razón que es difícil retomar la condición humana una vez que alguien desertó de ella, es dudoso que una de estas feministas pueda desertar de la brutalidad y volverse persona, por lo cual es más que probable que cada año asistamos al degradante bestiario  que nos ofrecen  las defensoras del aborto.

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