Razones y sinrazones del default – Por Rosendo Fraga

Por las consecuencias de largo plazo que tiene un nuevo default, la Argentina ha cometido su tercer error histórico en 33 años. El primero fue la guerra de Malvinas en 1982, que más allá de la causa justa y el reconocimiento que merece la pérdida de vidas en su defensa, hizo de la Argentina un país imprevisible. Entonces falló una premisa: que EEUU no apoyaría al Reino Unido para no enfrentarse con América Latina y que Rusia, en el contexto de la guerra fría, impediría el uso de la fuerza contra nuestro país. El segundo error histórico fue el default de 2001, que aisló económicamente al país, reforzó su imagen de imprevisibilidad y lo hizo inseguro para las inversiones. En 2001 falló la premisa de que el mundo evitaría un default de Argentina porque sus efectos sobre la región -y en particular Brasil- podían complicar al mundo, algo que finalmente no sucedió. El tercer error histórico puede ser el default de 2014, que de concretarse reforzará la imagen de incertidumbre, imprevisiblidad y falta de apego a las normas que arrastra Argentina. En este caso, no se dio la premisa de que la justicia estadounidense no fallaría contra Argentina para no complicar las demás reestructuraciones de deuda en un mundo, que no termina de superar las consecuencias de la crisis financiera que se generó en la década anterior. En los tres casos descritos, la estrategia argentina ha fracasado por sobreestimar la importancia del país ante el mundo y ello ha llevado a graves errores de cálculo. Al filo de vencer el plazo para que el país entre nuevamente en default, la posición del gobierno es clara: sólo si se repone el “stay” que impida los embargos contra Argentina, el gobierno aceptaría negociar y eso no es fácil.

La presidente Cristina Kirchner ha tomado esta decisión por la convergencia de varias situaciones que le hacen ver más ventajas que desventajas en no pagar a los llamados “buitres” y enfrentar a EEUU. La primera es el “swap” obtenido del Banco Central de China por 11.000 millones de dólares, que el gobierno juzga dará respaldo financiero para contener o reducir la salida de divisas en el segundo semestre del año tras el default. La segunda es que los mercados no han reaccionado tan negativamente ante el riesgo del default. Si el dólar blue hoy costara 15 ó 16 pesos y los mercados de Argentina se hubieran derrumbado 10 ó 15% ante el riesgo de un inminente default, es posible que -como en enero, al percibir que un buen final de su gobierno está en riesgo- la Presidenta quizás hubiera hecho un giro hacia el pragmatismo como hizo entonces, pero no ha sido así. A ello se suma la idea de que un default hoy no tendría los costos en la economía real que en 2001. Esto ha generado la estrategia de “desdramatizar” el default y de acusar a quienes dicen que sus consecuencias serían graves de estar haciendo una campaña de temor para que el país ceda ante los “buitres”. El ministro de Economía (Kicillof), sin duda hoy la figura con más poder en el gobierno, dijo la semana pasada ante los ministros de Economía de Unasur que el 30 de julio si Argentina entra en default “no pasará nada”. Cristina Kirchner asume en Caracas la Presidencia pro tempore del Mercosur y recibirá un nuevo apoyo de este grupo y de los países del ALBA en el conflicto con los “buitres”. El gobierno buscará acusar de “buitres internos” a quienes no acompañen el default, convocó un “cabildo abierto” en contra de ellos el 30 de julio en el edificio histórico y piensa presentarse en septiembre ante la asamblea de la UN con empresarios y sindicalistas apoyando su posición.

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Pero si bien el país no tiene un sistema financiero tan vulnerable como en 2001, hay varios factores que hacen la situación política y social más difícil que entonces para enfrentar un default. El primero es que la inflación se acerca al 40% anual y que el agravamiento de los problemas económicos que provocará un nuevo default tendrá consecuencias sociales graves. El segundo es que la situación social subyacente es peor que entonces, con más predisposición hacia la violencia -como se vio en la huelga policial de diciembre y los incidentes en la noche que se perdió el Mundial- y niveles de pobreza estructurales más altos. El tercero es que en 2001 el país tenía una infraestructura nueva y ahora la tiene en situación crítica por la falta de inversión. A eso se agrega que Argentina tuvo para su recuperación tras el default de 2001 un contexto externo excepcionalmente favorable para su recuperación -que hoy no tendrá- y que la oportunidad de “Vaca Muerta” no está tan claro que genere efectos concretos en el corto y mediano plazo. Además, hay problemas adicionales de consecuencias difíciles de prever, como los embargos pedidos por los “buitres” en California contra activos de YPF y Chevron por la explotación de Vaca Muerta, en Nevada contra bienes de Lázaro Báez y el desarrollo de centenares de juicios dentro y fuera de EEUU de otros acreedores que no entraron en los canjes. Todos estos factores pueden hacer que la euforia nacionalista que el gobierno intentará imponer en agosto tras el default pueda tornarse, antes de finalizar el año, en una fuerte decepción.

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Mientras tanto, quienes no piensan como el gobierno no han logrado unidad de acción para contenerlo o condicionarlo, como venía sucediendo en el pasado. En el campo empresarial se han registrado expresiones de inusual dureza: el Presidente de la Sociedad Rural Argentina (Etchevere) acusó al Kirchnerismo de haber generado una “década depredada” y de haber tenido gobiernos “ineficaces y corruptos”, mientras que el titular de la UIA (Méndez) dijo que el país no puede estar en manos de “una mujer y un chico” y dijo que la situación económica es “gravísima”, pero no hubo un pronunciamiento de conjunto del empresariado sobre la situación. En la oposición política, la mayoría de los presidenciables han advertido que es conveniente evitar el default, pero no lograron una posición común. En el sindicalismo, mientras las centrales sindicales oficialistas mantienen sus reclamos pese al conflicto con los “buitres”, suspenden las movilizaciones, y las opositoras han ratificado un paro general para agosto, aunque siguen sin ponerle fecha. La Iglesia mantiene una actitud cautelosa frente a la situación, pero el obispo de Salta (Cagnello) reclamó el fin de semana “transparencia, terminar con la corrupción, dejar de robar, dejar de mentir”. Mientras tanto Scioli lanzó su candidatura el jueves 24, Randazzo ha confirmado que competirá con él en las PASO y crece la resistencia en el PJ frente a la decisión de la Presidenta de mantener a Boudou.

En conclusión: si Argentina ha entrado nuevamente en default el 30 de julio, está cometiendo su tercer error histórico en 33 años junto con Malvinas y el default de 2001; el “swap” con el Banco Central de China, la calma relativa de los mercados y la idea de que un default hoy no tendría los efectos negativos de 2001 concurren para que el gobierno haya decidido asumirlo; si bien hay variables económicas que hoy están mejor que entonces, hay otras -sobre todo en lo social, político e internacional- que están peor que entonces; por último, la oposición empresaria, política y sindical no está acompañando al gobierno en su estrategia, pero carece de unidad de acción para contenerlo o condicionarlo.

Fuente: http://www.nuevamayoria.com/

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