Vie. Sep 24th, 2021

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

Progresismo y centrismo. POR CARLOS IALORENZI

La dictadura light a la que está siendo sometida con matices la cultura occidental y cristiana, está generando y promoviendo un gran estado de confusión, mezclando todo para que se dificulte ver con claridad hacia dónde nos están llevando.

Hoy en día los que se definen como pragmáticos, dicen que las ideologías han muerto y muchos ingenuamente repiten lo mismo. Las ideologías no desaparecen, quizás cambian su forma de presentarse o de denominarse como si lo ha hecho el comunismo y sus parientes del trapo rojo y de otros que pululan en las manifestaciones por ellos convocadas, en donde se mezclan el indigenismo, el homosexualismo y personajes como Eva Perón y el Che Guevara. Eso sí rara vez se advierten símbolos con los colores patrios.

LA DERECHA Y LA IZQUIERDA

A simple vista, podemos considerar que las personas que defienden la libertad, la vida, la familia, la propiedad privada, el libre comercio, que valoran y respetan a la patria y sus símbolos, la tradición y el orden natural se las puede ubicar políticamente en la derecha.

Aún es común escuchar que hacer las cosas por derecha, significa hacerlas bien o como corresponde, dar la derecha es reconocer la superioridad de alguien sobre un tema, pero políticamente hablando, la derecha ha pasado a ser para la «corrección política» casi una mala palabra, un sinónimo de explotación de los pueblos o la representante de los gobiernos militares.

Hay que reconocer que la izquierda cultural -que no siempre se identifica con la izquierda económicamente hablando- es muy hábil para vender su imagen y para imponer su agenda, denominaciones, cifras, cooptar medios e infiltrarse en las distintas actividades artísticas. Es así que uno de sus logros lingüísticos ha sido suplantar la palabra izquierda por la de progresismo, siendo que de progresistas tienen poco porque no apuntan al progreso social sino a la mediocridad. Hoy para cierta tilinguería mediática es cool ser progre, hablar en una jerga ideológica y apoyar a los «diferentes colectivos» y autopercepciones.

LEÉ TAMBIÉN:  Pijos contra plebeyos: la guerra cultural que viene. Por Víctor Lenore

También hay que reconocer que gran parte de los que estamos en la vereda opuesta, nos hemos dormido en los laureles y con la excusa de que la «política es sucia» o que tal cosa se hacía antes pero ahora la moda es otra. Durante años, fueron pocos los que se involucraron en intentar frenar el descomunal avance de la izquierda cultural y no controlaron a los políticos que votaron. Basta mencionar su apoderamiento de los denominados derechos humanos, las expresiones «progresismo», «madres» y «abuelas», «30.000 desaparecidos», «500.000 abortos», los distintos medios gráficos y audiovisuales que poseen (algunos más evidentes que otros) y gran parte de la comunidad artística con su militancia feminista y de género. Son militantes de su retrograda ideología. Los partidos que manifiestamente se declaran de izquierda, tienen escasa adhesión electoral, pero su ideología está presente en casi todos las demás agrupaciones políticas. La clase política y los medios en general siguen y promueven su agenda gracias a que obviamente poseen un importante apoyo financiero y saben copar espacios de poder.

¡AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO!

Como mencionamos antes, a la izquierda cultural le gusta autodenominarse progresismo y los que dicen oponerse a estos se denominan de centro. A estos últimos, no es que les asusta decir que son de derecha, si no que no lo son, aunque saben que una parte importante de sus votantes, proceden de allí.

La izquierda cultural está sostenida y promovida por el progresismo y el centrismo. Lo que cambian son los actores y ciertas formas o modales, pero ninguno se opone a la deconstrucción cultural. Basta ver nuestro presente y nuestro pasado reciente, con aborto e ideología de género como ocurre en casi todo Occidente.

LEÉ TAMBIÉN:  El día que los medios de comunicación dejaron de hacer periodismo. Por Alexander Beglenok

LA GRIETA, EL MIEDO Y LA ECONOMIA

El conformismo y el derrotismo parece ser que es lo que predomina en el votante medio argentino. La economía o el miedo al otro, son los principales factores a la hora votar a los candidatos. Es así que para muchos en ese momento pasan a segundos planos temas como la defensa de la vida, la familia o la penetración cultural.

Se acercan los tiempos electorales y ya se empieza a ver en el discurso público -en la redes y en los medios- que para oponerse al desastre del oficialismo hay que apoyar a quienes deberían ocupar el lugar de oposición y deliberadamente eligen no hacerlo; a la timorata presunta oposición, que no estuvo ni está a la altura de las circunstancias.

En la vida cotidiana, si uno quiere reparar algo tiene que comprar buenos materiales y contratar a alguien idóneo para ese trabajo. Si uno tiene que someterse a una cirugía programada también va a elegir al médico de confianza y no a un desconocido. Lamentablemente como sociedad, no actuamos así al momento de votar.

El escritor y abogado Nicolás Márquez cuenta que un día le preguntó al periodista Carlos Manuel Acuña, ¿Carlos Manuel vos te considerás una persona de centro-derecha? Y este le contesto: ¡No! Porque por el centro penetra la izquierda.

http://www.laprensa.com.ar

Más en Cultura, derecha
La filosofía quijotesca. Por Juan Manuel de Prada

ANTES de derribar a don Quijote sobre la arena de la playa de Barcelona, el...

Cerrar