¿Cuál es tu precio?. Por Pablo Parenti.

El sistema socialista no puede funcionar básicamente por dos factores, no hay propiedad privada real y no tiene un sistema de precios.

Pero, ¿Por qué son tan importantes los precios en la economía? Simple, los precios nos indican qué hay que producir, cuánto hay que producir y cómo hay que producir. Los precios son como luces, faros que nos marcan dónde hay que invertir. Los precios los determina el consumidor indicando cuánto está dispuesto a pagar por un bien o servicio y el empresario debe ajustar sus costos y su ganancia pretendida a ese precio.

Un ser humano adulto maneja entre 8 y 10 mil palabras en su mente. Según el grado de instrucción que tenga puede tener un poco más o un poco menos, y de esta manera se puede desenvolver perfectamente en la sociedad. De la misma manera todos tenemos en nuestra cabeza entre 10 y 15 mil precios. Desde niños comenzamos a manejar conceptos como caro y barato. Comenzamos a distinguir los precios relativos de las cosas. Que un auto tiene un precio mayor que una bicicleta, que un ordenador es mucho más caro que un lápiz. Y así vamos incorporando miles y miles de precios. Seguramente, aunque no sepamos el precio de un bien, podríamos deducirlo aproximadamente sin desviarnos mucho de su precio real. Sin esta información estaríamos ciegos, no podríamos tomar ningún tipo de decisión.

En Argentina todos los gobiernos desde hace 70 años se han dedicado a intervenir cada vez más el sistema de precios. Especialmente el gobierno kirchnerista hizo una gran tarea en este tema. Guillermo Moreno y Axel Kicillof, ambos marxistas, destruyeron el sistema de precios relativos. Propiciaron la instalación de controles de precios de productos (precios cuidados), Intervinieron en los precios de servicios con subsidios y privilegios, impidieron la libre importación de mercaderías con lo que provocaron que los precios locales no pudieran representar el verdadero valor de las cosas. De esta manera el mercado se quedó sin faros que le indiquen dónde es mejor invertir, o peor aún, instalaron faros irreales y las inversiones fueron a sectores a los que no deberían haber ido y dejaron de ir a las actividades en las que sí valía la pena invertir.

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Esta situación aún continúa en gran medida. Tomando algunos ejemplos: ¿Cuál es el precio de la electricidad? ¿Cuál es el precio del dólar? ¿Cuál es la tasa de interés en Argentina?  No lo sabemos. Me refiero al precio verdadero de estas cosas, no al precio discrecional que imponen los gobiernos.

Hace ya varios años vivimos en una economía de alta inflación producida por una desmesurada emisión monetaria. El gobierno de Cristina Fernández asumió este modelo con el objetivo de incentivar el consumo. Hace unos días un ex funcionario al ser criticado por la implementación de los subsidios a la energía se defendió diciendo que gracias a esos subsidios y a su modelo económico se habían vendido miles de heladeras y aires acondicionados. O sea, el gobierno, o mejor dicho, algunos burócratas decidieron que era mejor invertir en fábricas de heladeras que en centrales o transformadores eléctricos, sistemas de transporte de energía, etc. ¿Por qué? Porque sí nomás. Porque para ellos era políticamente beneficioso. Demagogia.

En los textos tradicionales de economía, me refiero a los textos que se utilizan en la mayoría de las universidades argentinas, se define a la inflación  en términos como el “aumento general y sostenido de los precios”. Ahora bien, si esto se diera así, en forma “general y sostenida”, todos los precios aumentarían en la misma medida y no habría ningún problema. Teniendo en cuenta todos los precios que intervienen en el mercado. Los precios de los bienes, de los servicios, de los salarios, etc. Todos estaríamos mes tras mes en las mismas condiciones relativas que antes. El gran problema de la inflación es que los precios no suben todos en la misma medida y al mismo tiempo. Algunos suben antes, otros suben después. Algunos suben mucho, otros suben menos.

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Los precios aumentan, o mejor dicho, el poder de compra de la moneda baja, debido a la emisión monetaria, pero esta cantidad extra de dinero no llega al mercado en forma pareja. Y aquí tenemos el gran problema. Se produce una distorsión de los precios relativos. Se falsean las señales, se pierden los faros.

Por esto es deseable que los gobiernos se abstengan de intervenir en el mercado. Es necesario que comprendamos que los políticos, por más buenas intenciones que tengan, siempre producen deficiencias interviniendo en el mercado, provocan que la gente tome decisiones ineficientes. Usualmente invocan que su intervención es necesaria debido a las fallas de mercado y para defender al consumidor. Las fallas de mercado en una economía libre no existen. Lo que sí se producen son errores empresariales. Todos nos equivocamos todo el tiempo. Pero estos errores son muy acotados y de rápida corrección por el mismo mercado. La excusa de defender a los consumidores siempre termina en que algunos de ellos se benefician en detrimento de otros, generalmente la mayoría, que se termina perjudicando. Como ejemplo puedo citar lo que se conoce como sustitución de importaciones.

Uno de los precios más intervenidos por casi todos los gobiernos es el precio más importante de la economía y éste es la tasa de interés. Y es con esta intervención con la que más daño producen. Pero eso será tema de otra nota.

Concluyendo, el capitalismo es el único sistema que permite el cálculo económico ya que tiene un sistema de precios y beneficios que optimiza la asignación de recursos e inversiones.

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