Mié. Abr 14th, 2021

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Por donde pasa Cristina Kirchner ya no vuelve a crecer la hierba. Por Karina Mariani

El hijo del rey Huno, Mundzuk, se hizo leyenda a mediados del siglo V cuando devastó los Balcanes. Era cruel y era osado, pero sobre todas las cosas era un gran promotor de su propia marca: El Azote de Dios. Atila explotó el terror como mecanismo de conquista y vaya si le dio beneficios. “Por donde pisa el caballo de Atila no vuelve a crecer la hierba”, se decía y esta imagen satánica le sirvió a Atila para extorsionar al Imperio Romano que prefería acceder a sus reclamos antes de ser atacado. Cada tanto la pandemia de cobardía se apodera de vastas zonas del planeta y allí ven la veta los pillos.

n Argentina, el oficialismo parece encaprichado en dar los pasos necesarios para que no vuelva a crecer la hierba. En los últimos días, la “presidenta” Cristina Kirchner, así nombrada por la locutora oficial en su discurso del Día de la Memoria, dijo “No podemos pagar la deuda porque no tenemos plata. Los plazos y las condiciones son inaceptables”, y acto seguido el Riesgo País se disparó superando los 1.600 puntos y cayeron los bonos a mínimos históricos a pesar de la reestructuración de la deuda. El ministro de economía Martín Guzmán mantenía sus eternas negociaciones con el FMI pero la Vicepresidente no sólo puso en duda el pago de la deuda, sino que trapeó el piso con el prestigio de Guzmán generando una incertidumbre brutal para el gobierno y desestabilizando al país.

Mientras esto ocurría, el 24 de marzo, el día en el que el kirchnerismo despliega todo su aparato simbólico para reescribir la historia del país y reforzar su relato antidictadura, Argentina tomaba la decisión de retirarse del Grupo de Lima, justamante una unión interregional destinada a denunciar los crímenes de la dictadura socialista en Venezuela. Para el socialismo hay dictaduras buenas y dictaduras malas. Todo depende del color ideológico del perpetrador, y se sabe que los paladines kirchneristas de los Derechos Humanos son sordos ante los reclamos de la comunidad internacional que denuncia torturas y ejecuciones de la dictadura chavista. El Gobierno de Alberto Fernández tomó la decisión de apoyar a Maduro y esta decisión reforzó la desconfianza en los mercados, no porque se trate de una medida económica, sino porque es prueba clara de la radicalización y la sumisión kirchnerista al chavismo y es su horizonte político.

Nuestra Atila sigue matando la hierba. Según los últimos datos ofrecidos por el “órgano oficial de medición” INDEC la tasa de desocupación abierta se estabilizó en el 11% pero este número es a costa de la caída estrepitosa de la gente que busca trabajo. La tasa de actividad cayó 45% en la última parte del 2020 y el empleo no registrado trepó al 32,7%. La pobreza y la indigencia siguen en aumento al ritmo de una inflación galopante. El “efecto desaliento” sobre la oferta laboral tiene su correlato en la prolongación de los confinamientos y restricciones que aplica tanto el gobierno nacional como los provinciales, ensañados con la actividad privada. El cierre de locales comerciales, la quiebra de pymes y la fuga de multinacionales son el cuadro de una hemorragia constante y letal que no hace mella en un gobierno indolente.

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El kirchnerismo debe competir para las elecciones legislativas de este año sin una sola medida positiva para hacer campaña y sobre todas las cosas, sin una mísera figura política para encabezar las listas que sea remotamente seductora. Para hacer frente a esta debilidad, nada mejor que dinamitar puentes, como la derogación del decreto que permitía la votación de argentinos residentes en el exterior por correo postal. Así, más de 360.000 ciudadanos empadronados para votar, deberán agolparse el día de la elección en las oficinas diplomáticas o nada. No tendrán, estos ciudadanos de segunda, la misma suerte que los ciudadanos bolivianos que fueron habilitados para votar en las escuelas argentinas para beneficiar a la formación de Evo Morales en las elecciones pasadas.

El kirchnerismo repite la estrategia de Atila el Huno: su brazo político Estela de Carlotto pide cárcel inmediata para los opositores, sus acciones amenazan a inversores y a acreedores, sus medidas infunden miedo en quienes quieren viajar y el miedo va ocupando todos los rincones del quehacer del país. Los ataques a la justicia avanzan con el desarrollo de la entelequia del lawfareNo se debe olvidar que las causas que involucran a la vicepresidente siguen avanzando. Para no dejar ni un pastito en pie, el oficialismo destina a la titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) Cristina Caamaño a tratar de reglamentar el lawfare como un nuevo tipo penal a escala latinoamericana. La institucionalidad argentina es tierra arrasada.

En el sensible y complicado tema del plan de vacunación, Cristina blanqueó que es ella la cabeza diplomática en el diálogo con China y Moscú. Curiosamente, se atribuye las negociaciones de una política que no cesa de fracasar. Se siguen vacunando jóvenes militantes políticos con las escasísimas dosis en existencia, pagando un costo de flete rídículo y vergonzante. Todo para justificar la existencia de una aerolínea de bandera atada a los privilegios de uno de los sindicatos kirchneristas más fanáticos y combativos. Argentina sigue a la cola de los países con vacunas aplicadas y si el panorama es gris, se vislumbra negro, como pareció indicar la infausta cadena nacional que hizo el presidente la semana pasada para decir que “hay pocas vacunas” por culpa del capitalismo y mostrar, orondo, su impotencia.

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El presidente Alberto Fernández acata, obedece y retrocede casilleros de forma alarmante. En escasos días el cristinismo caminó con su corcel pisoteando espacios políticos como la Salud, la Justicia, la Diplomacia, el plan de vacunas, la economía y siguen las firmas. Pareciera que la expresidente Cristina Kirchner perdió la paciencia con su compañero de fórmula y lanzó a viva voz una solicitud “a los que tienen responsabilidades, del oficialismo y de la oposición” para que hagan un acuerdo para resolver el problema de la deuda fijando (claro está) ella misma las pautas sobre un convenio que es casi una rendición, ya que si no: “va a ser muy difícil, sino imposible, gobernar la Argentina”. Concluyó indómita.

Cada paso es un puente cortado. Los medios hablan de la capitulación de Alberto pero se trata más bien de un blanqueo de situación producto de la impaciencia de un kirchnerismo sin recursos y sin aciertos. La fórmula que los regresó al poder no les sirve para gestionar y de allí la andanada de descalificaciones frente a las cámaras. Recrudecen las amenazas frente a las acciones políticas del presidente en la boca de los aliados de Cristina más férreos que exigen resultados y que vislumbran traiciones. Las sentencias que dinamitan gestiones políticas, sanitarias y son veneno hasta para los acuerdos parlamentarios que perjudican al propio armando electoral que necesita el propio hijo de la vicepresidente si quiere mantener vivo su sueño presidencial. Pero Cristina es siempre igual y avisa hacia dónde va, cueste lo que cueste. Como Atila, donde pisa no vuelve a crecer la hierba.

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