El populismo y Orwell. Por Hernán Acolea

 

 “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario.”

“Todo ocurre en la mente y sólo lo que allí sucede tiene una realidad.”

Estas dos primeras oraciones pertenecen a quien se hiciera famoso con el seudónimo de George Orwell, su nombre era Eric Arthur Blair, de nacionalidad británica  nacido en la India a principios del siglo XX, escritor de numerosos libros. Sus dos éxitos mundiales son “Rebelión en la granja”, que fue una crítica muy ácida del sistema comunista con una dialéctica fácil hasta para el lector menos avezado, el cual era su estilo de escritura, y el otro al que me voy a referir es “1984” escrito en 1948 donde describe el accionar propagandístico y controlador de los estados totalitarios, como así también la idea del hoy famoso “Gran Hermano”. Algunos especialistas lo consideran el mejor escritor inglés de su tiempo.

La aceleración de la revolución industrial y tecnológica del siglo XX puso al alcance del público un invento novedoso: “LA RADIO”, que empezó a desplazar a los diarios como tribuna de opinión con el atributo que en pocos años se había masificado siendo compañía diaria en todos los ámbitos donde desarrollamos cualquier actividad.

Este fenómeno, en principio con pocas opciones para sintonizar, en una población virgen en este campo y crédula generó curiosos  movimientos masivos. Prueba de ello fue lo realizado por Orson Welles quien a fines de la década del `30 en un programa de la NBC estadounidense llegó a convencer a la ciudadanía de la invasión de extraterrestres a la tierra e incluso se atribuyen algunos suicidios por la situación. En definitiva Welles teatralizaba “La guerra de los mundos” que más tarde Hollywood inmortalizó en una película.

Estas cuestiones masivas no habían pasado desapercibidas por la política. De hecho en la década del ’20 Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, publicó un libro fundacional al respecto titulado “Cristalizando la opinión pública”. Bernays fue clave en la campaña de Franklin D. Roosevelt del ’33 aconsejándolo en el uso de la radio.

Quien sin dudas había leído el libro de Bernays fue Joseph Goebbels jefe de prensa y propaganda de Hitler, incluso hubo un intento de contratarlo por parte de los nazis después de los resultados de la campaña de Roosevelt, solicitud rechazada de plano por el mismo dado su origen austriaco judío.

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En la Argentina quien siguió estas enseñanzas fue Raúl Alejandro Apold, encargado de prensa y propaganda de los primeros gobiernos de  Juan D. Perón, y más tarde con una readecuación modernizada fue llevada a cabo en la “Década Ganada” con  Diego Gvirtz como ejecutor de este tipo de políticas.

La idea de fondo es la manipulación de la opinión pública en base a un relato sostenido fundamentalmente en prejuicios del común y verdades superficiales apoyados en ellos. La direccionalidad de la propaganda repetida hasta el cansancio y la construcción de hechos casuales actuados con la participación de actores ignorantes para inducir a los ciudadanos a una verdad revelada y final. Para ello se llega hasta el absurdo de manipular la historia para obtener una justificación actual.

Lo descripto por Orwell en 1984 es la trama oculta de los gobiernos populistas del siglo pasado. Incluso pertenece al escritor de referencia la siguiente frase:

“Para hacer cumplir las mentiras del presente, es necesario borrar las verdades del pasado.”  (¿Le suena?)

En la actualidad la llegada de Donald Trump al poder repotenció la venta del libro de Orwell empujados quizás por la sospecha de perder derechos y libertades individuales, ante una amenaza populista. Vale traer a colación la entrevista que le hizo el programa “Meet the Press” a Kellyanne Conway, una de las principales asesoras del actual presidente de los Estados Unidos, ante una flagrante mentira por parte del secretario de prensa Sean Spicer, ante hechos evidenciados por datos y filmografía, insistió simplemente que Spicer había comunicado “hechos alternativos”.

Efectivamente, Signet Classics, la editora actual del libro 1984, tuvo un aumento de venta de este artículo en enero de un 10.000%. Así mismo el libro se posicionó en Amazon como el más vendido en su versión digital.

Esta avidez por el libro de Orwell ha llegado también a Europa donde se ha posicionado entre los Best-Sellers, incluso ante esta tendencia, dos productores, Sonia Friedman y Scott Rudin, anunciaron que una versión teatral de la novela llegará en junio a Broadway.

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Lamentablemente George Orwell falleció prematuramente a los 46 años de edad de tuberculosis, poco después de presentar su libro más exitoso hasta la actualidad. Tampoco hemos tenido reemplazante que nos describa con su capacidad lo que hoy vivimos, donde ya La Radio ha perdido mucho de lo de antaño al subdividirse la audiencia ante una gran oferta de sintonización, sumado a ello la aparición posterior de la televisión hoy en día con inmensidad de canales visuales y finalmente la aparición vía internet de las redes sociales con una terminal en nuestros bolsillos gracias al Smartphone.

Por supuesto que la política al igual que en los inicios de la radio ya ha descubierto el medio. Pero el desafío ahora, como no podía ser de otra manera, es infinitamente más complejo. Las redes sociales son variadas y permiten una respuesta del público, además de su segmentación y hasta casi sin recursos permite a cualquier usuario  viralizar una noticia o comentario si este se acerca a la realidad o pega en una coyuntura determinada con algo sobresaliente….

La segmentación del público se acerca al infinito, sin embargo los nuevos gurúes del marketing político no se dan por vencidos y actúan en forma encubierta.

De esta manera el libro pionero de Bernays y las descripciones de Orwell tienen hoy una vitalidad renovada a través de los medios que nos han invadido hasta nuestra intimidad. ¿Cómo saber hoy el alcance y los desenlaces de lo que vivimos?, la incertidumbre es parte de los desafíos de la vida que por supuesto siempre vale la pena tomarlos, por lo pronto ya no nos toman de sorpresa como cuando apareció la radio ni tampoco está en manos centralizadas como entonces. Quizás la vorágine de los cambios tecnológicos actuales no den tiempo suficiente a quienes pretenden deformar las herramientas digitales con un uso indebido.

Por ultimo estimado lector le dejo esta frase de Orwell:

“Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante.”

 Lo cual implica estar muy atentos a diferenciar la verdad de aquello que solamente es verosímil.

No obstante soy optimista de nuestro futuro, no parece muy útil ser otra cosa…

 

 

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