Paraísos fiscales e infiernos fiscales. Por Cosme Beccar Varela.

Los fariseos hipócritas dueños de la «democracia» han hecho un gran escándalo contra los «paraísos fiscales». Desde luego, lo que no dicen, es que esos «paraísos» existen porque los países como el nuestro, gobernados por corruptos y ladrones que se protegen los unos a los otros, se han convertido en verdaderos «infiernos fiscales» en los cuales es imposible ahorrar y los atroces impuestos que cobran los gobiernos que ellos monopolizan sólo tienen dos destinos principales: ser robados por esos mismos políticos y sostener un enjambre de inútiles burócratas del Estado.

Esos burócratas y sus cómplices del periodismo se rasgan las vestiduras cuando se lee o se oye algo sobre los «paraísos fiscales». ¿Por qué? Porque si todas las víctimas de sus exacciones pudieran ahorrar en «paraísos fiscales», protegiendo sus ahorros contra la rapacidad insaciable de esos miserables, se les acabaría la fiesta.

Por otra parte, así como las armas y el dinero pueden ser usados para bien (por ejemplo para acabar con esos políticos) o para mal, porque son meros instrumentos, los «paraísos fiscales» pueden ser también usados para mal por los ladrones gubernamentales y empresariales facilitando sus negocios sucios. Eso no es achacable a los «paraísos fiscales» sino a esos ladrones que, como dije, tienen a la prensa como cómplice extorsivo.

Aquellos abusan de la moderación tributaria de esos países (cosa justa por excelencia) como también son capaces de abusar de las cosas santas, como por ejemplo, del Papado, de las cátedras episcopales y de los estrados judiciales, de las FFAA y de Seguridad, y hasta en escala menor, de la patria potestad (que ya no existe en el nuevo Código Civil votado por todos los partidos hace dos años, pero que existe en la práctica por la simple superioridad física de los adultos sobre los niños) que muchos padres usan para corromper a sus hijos.

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Cuando fui candidato a Presidente de la Nación en el 2002, en el Programa de mi «Partido de la Recuperación Argentina» incluía varios proyectos destinados a hacer cesar el infierno fiscal en la Argentina. Por ejemplo, la supresión del impuesto a las ganancias y a los bienes personales para los individuos, la supresión del IVA y la supresión del impuesto mal llamado «contribución previsional». Por supuesto que de esto no se enteró el público porque la «justicia electoral», blandiendo la inicua ley de partidos políticos, pergeñada por radicales y peronistas en 1985, se negó a reconocer mi Partido, a pesar de haber conseguido el doble de las firmas requeridas, en cinco jurisdicciones, y por ende rechazó mi candidatura.

Robar mediante la ley es mucho más cómodo que robar a punta de pistola. De ahí que vivamos en un mundo de «infiernos fiscales» creados por los delincuentes que se dicen «legisladores» a cuya disposición tienen miles de serviles  «perros de caza» (interesados en la persecución  porque ellos también viven del mismo hueso) que se dedican a torturar a los condenados a vivir en esos «infiernos» sin culpa y sin poderlo remediar. ¡Qué cinismo tan repugnante!

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