Originario. Por Vicente Cadenas

   “No te metás con batata, porque batata es mi amigo”

Felipe de Edimburgo

Repasemos los hechos que han facilitado el paso a la conjunción y armonización de los intereses del Nuevo Orden Mundial. Al finalizar la II Guerra Mundial, se reunieron en Yalta, entre el 4 y el 11 de septiembre de 1945, los líderes de las naciones vencedoras en la misma: Roosevelt, Stalin y Churchill, para la organización del reparto de las áreas de dominio mundial, pero al poco tiempo, este tipo de reparto se mostró insuficiente, admitiendo, particularmente las zonas mayores: la soviética y la anglosajona, la necesidad de adaptación a los cambios que se fueron produciendo hicieron anacrónica y demostraron que el orden internacional no podía fundamentarse únicamente en la imposición de una obediencia ciega de los países débiles y vasallos, con poblaciones esclavizadas en lo político, económico y cultural. Este concepto, que a partir de Yalta había sido ideado, en realidad, en los tiempos más crudos del colonialismo europeo, y las conquistas de las “tierra de nadie”. De todos modos, de esta serie de cambios, nace el NOM, que deberá reemplazar a Yalta, y transformar a las naciones en meros apéndices de la Comisión Trilateral (CT). Pero conviene, para entenderla mejor, remontarse a los días entre el 29 y 31 de mayo de 1954, en que comenzaron a reunirse en Oosterbeeck, Holanda.

Personajes de la alta finanza europeas y angloamericana, encuentros ideados por Lord Víctor Rothschild, dueño de un a gran parte de la “Shell”, a cuyo cargo estuvo convencer a la reina Juliana, propietaria de la otra parte para propiciar una convergencia de los intereses multinacionales. Por la parte norteamericana concurrieron los Rockefeller, dueños de la Standard Oil.

De donde puede deducirse que el primer objetivo de estos encuentros sería concertar un reparto de zonas de influencias petroleras. Además de los personajes citados en los encuentros BIL, se encuentran otros Giovanni Angelli, presidente de la FIAT, y miembro del Club de Roma, fundado en 1954, importante resorte europeo para el reparto de zonas de influencia dentro de la CT, cuyos miembros respaldan con toda firmeza la teoría de los grandes espacios vacíos: Australia, Amazonia y nuestra Patagonia, los cuales se deben explotar para beneficio de la humanidad ‒(sea quien fuese esa señora, a quien no tengo el gusto de conocer, pero se entiende que es la angloparlante, y a que el resto no existe, o no merece existir)‒. Y hablando de la Amazonia, el 5 de noviembre de 1991, el presidente de Brasil, Fernando Collor de Melo, denunció la demarcación de la reserva indígena yanomami, fronteriza con Venezuela y ubicada dentro de una riquísima zona mineral, con el pretexto de la preservación del medio ambiente y del supuesto “respeto a la cultura indígena, pretendiendo someter al Brasil al sistema de soberanías limitadas, núcleo central del NOM, igual que el ecologismo y la presunta preservación de las culturas indígenas. Cabe aclarar que por ciertas supersticiones, algunas comunidades yanomamis practican el canibalismo y matan al primogénito si es mujer. La monarquía inglesa dice querer conservar algunas tribus, y que los yanomamis sería la primera tribu que tendría sus genes congelados, conservados y archivados en el Museo Genético de la Humanidad de Londres, amparados por organizaciones de DDHH y la ONU, se creó así una región binacional indígena, para así mantenerlos en el atraso y utilizarlos como instrumentos de maniobras políticas. Curiosamente, según un estudio de la compañía de Pesquisa y recursos minerales (el servicio geológico brasileño), los yacimientos descubiertos en la Amazonia están evaluados en 3 trillones de dólares. La doctrina de la Trilateral es absolutamente pragmática y varía según los cambios de sus intereses. De sus miembros, el que formula sus tesis más audaces es Zbiegdniew Brzezinski, ex consejero de Seguridad Nacional de EEUU en “La Era Tecnotrónica”: “El concepto de interés y soberanía nacional sólo era viable mientras las naciones estaban suficientemente separadas en el tiempo y el espacio, y el cambio se ha acentuado naturalmente: las reivindicaciones nacionalistas, aunque todavía potentes, se están diluyendo, y el cambio se ha acentuado naturalmente en los países avanzados, pero ningún país escapará a sus efectos. Dentro de la Comisión, Jimmy Carter, quien ingresara a la misma por invitación de Nelson Rockefeller, antes de ser elegido presidente de los EEUU, ejemplo clásico de cómo puede colocar en los lugaresmas elevados a aquellos más manejables y funcionales a sus objetivos.

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Eligiendo a sus candidatos de la misma manera que la masonería elige a sus miembros. Bien, una vez elegido, implantó la idea de del manejo de los DDHH, que otorga a la Comisión un amplio margen de maniobra y de enmascaramiento para su suprema pretensión de hegemonía.

Fue éste quien implantó la idea del manejo de los DDHH, para otorgar a la CT. Hablamos antes del Club de Roma y su distinguido miembro, Aurelio Peccei, convencido teórico de la sociedad internacional y de la necesidad de instalar un gobierno mundial; otro proyecto del Club es un vasto plan para la conservación de la ecología mundial ‒eufemismo que encubrir el maltusianismo del club‒ y en realidad significa impedir todo desarrollo, condenando a buena parte de la humanidad a muerte, para conservar desocupados grandes territorios del mundo y a disposición de las corporaciones transnacionales. Le toca a Carlos, heredero de Felipe continuar la tarea de impulsar la Ecología (siempre ocultando los verdaderos propósitos bajo rótulos loables), y el Desarrollo Sustentable, que quiere significar que todos los recursos son finitos y que se deben conservar para las generaciones del futuro, y que la ONU debe tomar medidas al respecto, con el respaldo contundente de la OTAN, y que las soberanías son limitadas cuando hay que conservar recursos naturales.

Para mantener en la ignorancia a las poblaciones a masacrar, es bueno no difundir los tratados internacionales que firma cada Estado. Por ejemplo, la Convención de Viena, firmada por nuestro país en junio de 1993, dice que las soberanías son limitadas cuando: está en peligro el medio ambiente y los recursos naturales, se violan DDHH de minorías indígenas originarias (siempre propósitos loables). O hay razones humanitarias, por ejemplo: Hambrunas, etc. Tanta bondad conmueve. El indigenismo es otra de las banderas que usa Gran Bretaña. Y así, los mapuches tienen un comité en Liverpool. Hasta en Australia hay quejas de que la corona usa los derechos de los aborígenes como excusa para el control monopólico de los recursos naturales, corremos el riesgo de que la ONU ocupe la zona en conflicto y la ponga bajo custodia de ONGs con sede en Londres. Pero hay que  reconocer la capacidad de invención que tienen estos señores, cuando de invadir se trata, por ejemplo, inventar una etnia originaria en un territorio que nunca habitó.

Veamos: la palabra mapuche, significa gente de la tierra (maputierra), che persona o gente, es decir, nativo, pero implica muchos otros, en primer lugar, el de araucanos, que fue la denominación con la que los reconoció el conquistador español cuando llegó a América, y que a veces se reserva sólo al mapuche que habita en el Sur de Chile. El poeta español, Juan de Ercilla, que acompañó la gesta del conquistador Juan de Valdivia, denominó “La Araucana” su poema épico, basado en la conquista del Sur de Chile. El poema se centra en  la gesta de los caciques, Lautaro y Caupolicán, en los primeros tiempos de la conquista española. Con el nombre de “pampas” se conocía a hombres que habitaban la actual provincia de Bs. As., del tronco mapuche, pero con gran sustrato tehuelche (estos últimos de raíz paleolítica). Algunos opinan que al tronco pampa pertenecían los querandíes los que destruyeron la Buenos Aires fundada por Pedro de Mendoza.

Los mapuches se denominaron de acuerdo con la región que habitaban, particularmente después de la dispersión que sufrieron por la invasión de un poderoso ejército inca, al mando de Topa Inca Yupanqui (1471-1493).

La máxima expansión de su territorio se alcanzó entre los siglos XVII y XIX, en que fueron dueños de lo que hoy es el Sur de Chile: entre los ríos Biobío hasta la isla de Chiloé, y al sur el Toltén, al oeste el Pacífico, y la Cordillera al este.

Conviene aquí aclarar que a la llegada del conquistador Pedro de Valdivia, en 1541, al ámbito del valle donde asienta hoy Santiago de Chile, éste aún permanecía bajo el dominio de señores locales puestos por los incas que ocupaban el territorio trasandino, desde hacía por lo menos 70 años. La conquista incaica alcanzó por el sur hasta el río Maule, no demasiado al norte del Biobío, dominado este ámbito por dos señores locales puestos por los incas. Estos eran Vitacura y Quilicanta, nombres estos en lengua mapuche o araucana, lo que demuestra que esta lengua se extendía hacia el norte (Huentelauquén: laguna arriba). En la latitud de Illapel, lo que permitiría interpretar que la gran densidad de población auténticamente mapuche o araucana entre el Biobío y el Toltén era el resultado del desplazamiento hacia el sur, obligado por la presión de las tropas incaicas.

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En una palabra, que los hombres de la tierra se encontrarán ante la manifestación hostil de los dueños de la tecnología más avanzada que han implantado la división internacional del trabajo. Dispuestos a convertir a los países en un nuevo imperio que ensambla los intereses económico, político, financieros de los sajones de Europa y América, europeos y japoneses. Ahora bien como de acuerdo con la convención de Viena, las fuerzas de la OTAN podrán intervenir en casos de violación de DDHH de minorías indígenas originarias, resulta de vital interés determinar “la verdadera antigüedad de los mapuches en la Argentina, precisamente es ese el título del libro del Dr. Rodolfo Casamiquela, donde a través de numerosas pruebas y serias investigaciones en ese sentido de que los datos que se presentan, si bien en forma resumida, para tratar de aclarar el punto. Así, durante el tiempo de la dominación española, los mapuches propiamente dichos habitantes de la Araucanía, según el diccionario pionero del P. Luis de Valdivia (1606) aparece, apenas transformado, el nombre Mapocho, aplicado al valle en que asienta Santiago y comenta el autor, que el gentilicio resulta local, relativo, porque lo usaron pueblos diferentes por pueblos enteros como los prenancaes meridional o araucano, ubicado entre el río Biobío y el Toltén, de otra cultura y lengua. También cita otro vocabulario antiguo clásico el del jesuita Andrés Febrés (1765): Huinca mapu, esta tierra de Chile. Sigue diciendo que los araucanos o mapuches propiamente dichos llamaron llalkésche gente del mar) a los navegantes costeros-pehuenche “gente de las araucarias”. Y que, cuando los españoles cruzaron el Toltén encontraron indios de otras etnias que denominaron huilliches y cuncos, y en el extremo sur del territorio e islas de los archipiélagos de Chiloé, Huaitecas y Chonos, y tierra firme adyacente por el este, con precisamente los indígenas Chonos canoeros de piragua, estos fueron fuertemente a culturados por los mapuches propiamente dichos.

Luego precisa: “así fue como se instalaron en la década de 1820, los primeros araucanos/mapuches propiamente dichos en el área pampeana, y, de paso, como se instaló, en pos de ellos, Calfucurá, que no era araucano o mapuche propiamente dicho, sino pehuenche (es decir, otro pueblo)”.

El investigador sostiene que no fueron mapuches los originarios habitantes de la región norte neuquino. Río Negro: estos avanzaron sobre los tehuelches y/o pehuenches. Claro, la corona usa los derechos de los aborígenes como excusa para el despojo de tierras y recursos naturales más grande de la historia.

Por eso, si pasa por Corrientes y Esmeralda, y ve un indio saliendo de un toldo y le dice que es originario de esa esquina, no le crea y si se lo dice en inglés menos todavía.

A esto, es bueno recordar que la repartija del mundo, acordada en Yalta, en este y oeste ya no se aplica. Ahora, la nueva repartija, esta nueva Yalta. Es norte/sur, con un norte industrializado y un sur subdesarrollado. De paso, hay en Neuquén y Chubut importantes reservas de oro importantes. Todas estas propuestas y divisiones del mundo unilaterales derivan en su mayor parte de la antigua formula Canning (gracias Georgie por pedir nuestra opinión, todo un gentleman. También Churchill en Yalta “no debemos permitir que la Argentina se convierta en potencia, arrastrará consigo a toda América Latina”). Evidentemente las élites inglesas, reciben una educación esmerada, toda consideración y respeto hacia el prójimo.

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