Sáb. Ene 28th, 2023

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«Oid el ruido de rotas cadenas” – Por Cosme Beccar Varela

Ninguno de los candidatos a Presidente ha dicho una palabra sobre los secuestrados políticos que desde hace doce años están encerrados en las mazmorras de la tiranía y de los cuales casi 300 ya han muerto víctimas de sendos homicidios, o sea, por maltrato, por tristeza, por la falta de atención médica, por ser muy viejos para estar sometidos a las condiciones destructivas de una prisión común, por la negación de los derechos más elementales, etc.

Es decir, gane quien gane la elección (cuyo resultado será determinado por el fraude electrónico y no por la «voluntad popular», como ya lo he advertido muchas veces) ese crimen colectivo, que en nada se diferencia del de las cárceles del castrismo en Cuba, seguirá siendo cometido hasta la muerte de todas las víctimas.

Con el agravante de que Jueces como el Dr. Lorenzetti, Presidente de la Corte Suprema , ha conseguido sacar patente de «opositor» a las injusticias del régimen a pesar de que declaró varias veces que la «política de los derechos humanos» (eufemismo con el cual se designa a ese crimen colectivo) es una «política de Estado» en la cual están empeñados mancomunadamente los tres Poderes, es decir, que el Poder Judicial ha dejado de aplicar el Derecho para servir a los objetivos políticos de la tiranía. Eso quiere decir que no existe ni la más mínima esperanza de que el Poder Judicial libere, como es su obligación, a esos secuestrados ni menos aún, que procese a los responsables de esos homicidios.

Quiero creer que la mayoría de los argentinos, si fuera debidamente informada, estaría en contra de esta abominación que avergüenza a todo el país. Pero no lo está. Sólo sabe lo que dice la tiranía, los políticos y los diarios, aún los considerados «opositores», que nunca se refieren al tema sin adjetivar como «genocidas», «represores» a los encarcelados. Y no es porque lo crean, porque «La Nación» no hace mucho publicó un Editorial mostrando las diversas violaciones del Derecho de que son víctimas pero en cientos de crónicas y artículos los califican invariablemente con esos adjetivos. Lo malo es que ese Editorial no lo leyó casi nadie mientras que las crónicas y los artículos denigratorios los leen todos.

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He visitado a los secuestrados que están encarcelados en la prisión de Marcos Paz (una réplica de Auschwitz) y no puedo acordarme de esas visitas sin horror. No puedo creer que en esta argentina de las vacaciones, de los feriados, de las autopistas llenas de automóviles con gente que va a pasear, existan mazmorras como esa en las que se encierran a personas contra todo Derecho, sin que esa argentina se conmueva y reclame la cesación de ese espanto. Y que estemos en vísperas de una elección presidencial sin que ninguno de los candidatos diga una palabra al respecto. Ni siquiera Macri. Por el contrario, él y su partido ha colaborado activamente con la tiranía en la ejecución de esa mal llamada «política de los derechos humanos» y no tiene la menor intención de rescatar a sus víctimas.

¿Cómo es posible que la «gente buena» permita en silencio semejante afrenta contra la Justicia? Es claro que si el Papa hiciera, por amor a Dios y a la Justicia, una reclamación formal en favor de esos desdichados y sus sufrientes familias, este silencio cómplice no continuaría ni tampoco la política asesina de la tiranía sería posible. Pero no lo ha hecho, a pesar de que se le ha pedido formalmente que lo haga.

O por lo menos que reclamaran los Obispos… Pero ellos también miran para otro lado.

En vista de eso, nos quedan dos opciones: o dejar que esto siga así, con la protesta de una pequeña minoría a la que nadie oye lo cual implica la muerte en prisión para todos los secuestrados, o intentar despertar a los argentinos de bien. Para eso, no se me ocurre otra cosa que convocar a un gran acto en una Plaza de Buenos Aires, dentro de los próximos 60 días, para:

1)      Informar a la gente sobre lo que está pasando con toda sus implicancias de inmoralidad, de injusticia, de ilegalidad y de crimen.

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2) Exigir la libertad de los secuestrados, inclusive de aquellos que han sido «sentenciados» porque es notoria la nulidad de los «juicios» a que se les sometió, por falta de pruebas y de imparcialidad de los jueces, por presión política para forzar las condenas y porque todos han sido ya indultados en tiempos de Alfonsin y de Menem y esos indultos son irrevocables.
3) Reclamar que los candidatos presidenciales condenen esta situación y se comprometan a liberar a los secuestrados como primer acto de su gobierno o que tengan la siniestra «honradez» de ratificar la política criminal mal llamada de los «derechos humanos».

Para esa convocatoria deberíamos unirnos todos los que repudiamos esta situación, independientemente de nuestras diferencias políticas, formar una Comisión, acordar los mensajes de la publicidad, designar a dos o tres oradores con ardor suficiente como para transmitirlo a la concurrencia,  cumplir con los requisitos policiales y hacer una colecta de fondos para pagar publicidad en los diarios y el alquiler de un poderoso equipo de altoparlantes.

Sé que todos los años hay un acto en el mes de Octubre en la Plaza San Martín. He ido a varios de ellos pero esos actos no cumplen con los objetivos que acabo de mencionar más arriba. Son un homenaje a las víctimas del terrorismo de los años 70, lo cual está muy bien, pero con eso no liberaremos a los secuestrados. También les falta el carácter combativo que es necesario para doblegar a la tiranía integrada por ex-guerrilleros y por izquierdistas de toda especie, llenos de odio contra las FFAA y contra la Argentina tradicional.

Tal vez esta propuesta sea una utopía, tal es la división que existe entre los «buenos patriotas» y tan hondo ha calado en la opinión pública la propaganda de la mal llamada «política de los derechos humanos». Pero no quisiera dejar de publicarla a la espera de una sorpresa feliz o sea, de una salvadora movilización general y que podamos “oir el ruido de rotas cadenas», como decimos al cantar el Himno nacional.