Números fantasiosos – Por Vicente Massot

En el análisis político conviene distinguir —con algún cuidado—la información, de la simple  versión  y,  a  su  vez,  de  la  acción  psicológica.  Por  supuesto  que  no  son  iguales —ni remotamente—pero suelen mezclarse en un país como el nuestro, dado a las simplificaciones fáciles y rebosante de opinadores, con más frecuencia que lo deseable. Los chimentos son aquí convertidos, en menos de lo que canta un gallo, en verdades canónicas. Con la particularidad de que, conforme transcurre el tiempo y pasan de boca en boca de los mentideros a los salones, de los programas de opinión a los comentarios escritos y de los segmentos más intelectualizados de la población al vulgo, adquieren el status antes mencionado con sorprendente rapidez.

Entre nosotros la pretensión de estar bien informados o —para ponerlo en el idioma del tablón—“tener la precisa” es propio no sólo de chantassino de personas cultas que no pueden imaginarse  a  sí  mismas  faltas  de  noticias  de  último  momento  o  huérfanas  de  sesudas  teorías respecto de lo que va a suceder. Así como en la Argentina no hay secreto que, a la larga, no lo sea  a  voces,  así  también  para  cada  escenario  imaginado  se  tejen  especulaciones  de  todo  tipo, tamaño y color.

Esta tendencia tan arraigada se incrementa de manera exponencial cuando se ingresa en la etapa  final  de  los  procesos  electorales.  No  hay  quién,  al  pontificar  sobre  los  comicios,  las alianzas  por  tejerse  y  los  candidatos  en  danza,  no  haga  referencia —y  no  precisamente  de pasada—a las encuestas, sin medir ni su seriedad nientender bien de que se está hablando. En más de una oportunidad hemos hecho referencia al peligro que arrastran los relevamientos que publican los diarios y luego, generalmente sin leerlos con atención, mucha gente hace suyos y analiza sin el menor rigor.

Pues  bien,  hemos  entrado  en  el  período  en  el  cual  todo  lo  dicho  se  exacerba  hasta  el hartazgo y en donde, a partir de encuestas no siempre honestas se echa a volar la imaginación y se construyen escenarios que son posibles —como una infinidad de cosas—pero que, al mismo tiempo, son muy poco probables. Con este agravante: en semejantes circunstancias entra a terciar la acción psicológica orquestada por distintos factores de poder o fuerzas políticas interesadas en sacar  partido  de  la  situación.  Se  entiende  que  sobre  el  particular  disputen —sin  importarles demasiado la seriedad de sus aseveraciones—el oficialismo y el arco opositor con las armas a su alcance.  Para  quienes  dirimirán  supremacías  en  las  PASO  del  mes  de  agosto  y  después  en  la primera y segunda vuelta —si la hubiese—de octubre y noviembre, posicionarse como ganador anticipado  representa  un  escenario  ideal.  En  resumidas  cuentas,  si  una  parte  considerable  del electorado  supone  antes  de  substanciarse  las  elecciones  que  el señor  X será  el  triunfador,  ello podría  reportarle  un  caudal  de  sufragios  adicionales  en  virtud  del  fenómeno —viejo  como  el mundo—del “voto útil”.

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Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que se ha instalado la noción, entre personas de las más diversas observancias ideológicas, deque el gobernador de la provincia de Buenos Aires no sólo  hoy  encabeza  la  intención  de  voto  sino  que  estaría  en  un  momento  excepcional  de  su derrotero, con serias chances no sólo de ganar sino de hacerlo en primera vuelta sumando 40 % de  los  sufragios  y  sacándole  una  ventaja  a  su  inmediato  seguidor —Mauricio  Macri,  en  el supuesto  de  darle  crédito  a  la  versión— de  más  de  diez  puntos.  ¿Es  así  o  no,  es  verdadero  o falso?.

Lo primero que resulta menester destacar, tratándose de un juicio acerca de los comicios anticipados, es que el solo hecho de prestarle oídos a la cuestión con el propósito de explicarla y de  determinar  qué  grado  de  seriedad  tiene,  supone  por  anticipado  un  logro  de  la  estrategia  de campaña  de  Daniel  Scioli.  Agraviarse  porque  resulte  un  razonamiento  antojadizo  el  que enarbolan sus mentores y se mezcle, de una manera un tanto grosera, lo posible con lo probable como  si  fuesen  sinónimos,  no  le  quita  nada  al  punto  que  debe  anotarse  en  el  marcador  del kirchnerismo.  Éste  ha  sabido  en  las  ultimas  semanas,  en  correspondencia  con  la  decisión  de ungirlo al mandatario bonaerense como su candidato —dejando para más adelante las dudas que pueda generar su lealtad al modelo—, imponer como tema de conversación —e inclusive como dato indiscutible—la probabilidad de su victoria en primera vuelta.

Vayamos por partes. En punto a la acción psicológica ha sido un trabajo notable. Eso sí: no resiste el menor análisis. ¿Por qué? —Por tres razones dignas de enumerarse: 1) No hay una sola encuesta, ni siquiera de las pagas por el gobierno nacional, que sitúe a Scioli arriba de los 30 puntos porcentuales. Afirmar con base en proyecciones fantasiosas que sumaría —por el arrastre de la presidente, por el agregado de cierto voto independiente, y por los méritos de la presente administración— diez  puntos  más,  entra  en  el  terreno  del  razonamiento  mágico.  2)  Medir  a Scioli sin conocer su candidato a vice, y sin saber qué tanto condicionará Cristina Fernández su campaña  electoral,  es  un  trabajo  incompleto.  No  es  lo  mismo  una  fórmula  Scioli–Gioja  que Scioli–Kicillof. Todavía falta ver si los casi 30 puntos que actualmente acredita en las encuestas el ex–motonauta se mantendrían intactos con cualquier fórmula del FPV. 3) Al propio tiempo que mágicamente se le adicionan millones de votos a Scioli en un abrir y cerrar de ojos —eso significan, ni más ni menos, los diez puntos en cuestión—se da por sentado que Mauricio Macri —que  hoy  disputa  cabeza  a  cabeza  las  preferencias  del  electorado  precisamente  con  Scioli—apenas  acrecentará  de  aquí  a  octubre  su  caudal  electoral.  Todo  para  que  cierre  la  cuenta  y  el bonaerense se imponga 40 a 30ó menos, y resulte electo en primera vuelta.

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Con idéntico criterio se podría forjar una teoría respecto del jefe de gobierno de la Capital Federal. Hela aquí: Macri no ha hecho más que crecer …sin prisa y sin pausa, en el curso de los últimos doce meses—a expensas de Massa. Ello demuestra que hasta ahora el voto que pierde el Frente Renovador decanta en favor del Pro. Si Massa siguiese descendiendo no es descabellado suponer que Macri seguirá creciendo, lo cual no supone que no haya fugas hacia Scioli. Las hay, pero son menores.

En  realidad,  las  únicas  especulaciones  electorales  pertinentes  se  refieren  a  la  segunda vuelta. En atención a que habrá ballotage, la pregunta del millón es hacia dónde migrarán los votos de aquellos candidatos que quedarán fuera de la segunda vuelta. Tamaña pregunta no tiene —de momento—respuesta. Salvo que se acomode la matemática a la acción psicológica.

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