Sáb. Jul 11th, 2020

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No hay que atacar a Boudou – Por Nicolás Márquez

Hace tiempo que Amado Boudou es blanco fácil. Su sola mención se convierte en una chicana presta a ser utilizada por periodistas y dirigentes opositores para hostigar o avergonzar al oficialismo.

El propio kirchnerismo tampoco quiere hacerse cargo del alicaído Vice-Presidente y dentro de lo posible, evita fotografiarse o mostrarse junto a tan poco recomendable personaje.

Atacar a Boudou no sólo es redundante sino que además es un error político. Pero no porque el personaje no merezca el repudio generalizado de la sociedad, sino porque en todo caso, las múltiples felonías en que hubiere incurrido el sonriente motoquero, fueron indubitadamente materializadas, ordenadas, consentidas, cohonestadas o avaladas por Néstor Kirchner primero y por Cristina Kirchner después. Siendo esta última quien con tanto cariño e idilio acogió al ex disc jockey para consagrarlo Ministro de Economía primero y su entrañable y confidente compañero (de fórmula) después.

Denostar a Boudou es un error funcional al gobierno, porque ingenuamente se fustiga e insulta en función del payaso del circo y no de su dueña. Boudou es un eslabón intermedio en la cadena delictiva del kirchnerismo. Ensañarse con el dependiente y no con su jefa y protectora es una conducta políticamente correcta, y la corrección política como género a su vez tiene dos especies: la cobardía y la ingenuidad. ¿Qué queremos decir con esto?, que ensañarse con Boudou en intensidades menores al ensañamiento que se debería tener para con su gobernanta, es incurrir o en cobardía o en ingenuidad justamente.

Vale estigmatizar o afrentar a Boudou si y sólo si, acto seguido aclaramos que éste es uno de los varios sirvientes que conforman la banda de malvivientes que encabeza la detentadora del Poder Ejecutivo Nacional.

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Es razonable encastrar a Boudou si y sólo si, de inmediato, le etiquetamos el rol de mandadero de su Patrona.

Es lógico que amonestemos a Boudou, si y sólo si, ipso facto aclaramos su condición de lacayo y ejecutor de los endemoniados propósitos de su glamorosa subordinante.

Finalmente desde estas líneas defendemos a Boudou de la mucha demonización que hoy padece, pero no porque no merezca tal padecimiento, sino porque la energía que se le dedica para vituperar su figura, es energía que se distrae y que no se usa para apuntar las denuncias de corrupción o deshonestidad en la persona que verdaderamente las merece más que nadie, y que es aquella que justamente detenta la más alta responsabilidad en el vertical sistema de inmoralidad institucionalizada vigente, y que por ende, es la depositaria natural y legítimamente merecedora de las recriminaciones y eventuales sanciones más drásticas y rotundas que puedan ser proferidas por estos lares.

Esa persona es Cristina Fernández de Kirchner, todo lo demás, sería indignarnos con el chiquitaje…

La Prensa Popular | Edición 301 | Jueves 24 de Julio de 2014

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