No fue el Rhin sino el Potomac el que desembocó en el Tiber. Por Luis Alvarez Primo

 

El objeto de este artículo es comentar la obra John courtney Murray. Time/Life and the American Proposition: How the CIA’s Doctrinal Warfare Program Changed the Catholic Church. 2015. ( Cómo el Programa de Guerra Doctrinaria de la CIA cambió la Iglesia Católica) ( 990 páginas)

 Su autor, David Wemhoff ha prestado un inmenso servicio a la Verdad en la Historia, a la Historia de la Iglesia y  a nosotros católicos contemporáneos de la crisis que la afecta desde hace más de 70 años.  La excelente Editorial Fidelity Press, de South Bend, Indiana, que también publica la prestigiosa revista digital  Culture Wars, del prolífico y valiente escritor católico E. Michael Jones, ha hecho una edición de altísima calidad que incluye como digno detalle interesantes fotografías.

El tema  de la investigación de Wemhoff es el programa de guerra psicológica y doctrinal diseñado, desarrollado, impulsado y coordinado desde la segunda mitad del siglo XX  por los  tres protagonistas centrales de esta historia: Henri Robinson  Luce, John Courtney Murray (SJ) y Charles Douglas Jackson,  con el objeto de “vender” la Proposición “americanista” norteamericana a la Iglesia Católica, poniéndola al servicio de  su difusión mundial —sin perjuicio de la participación de una larga lista de personajes que  por acción u  omisión y con diverso grado de responsabilidad gravitaron en el éxito de la operación doctrinal de marras:  la jerarquía, a consecuencia de un proceso de osificación,  y los más jóvenes, por una imprudente despreocupación por la Verdad y tolerancia al error.

Henry R. Luce, presbiteriano, masón , miembro de la fraternidad de la Universidad de Yale Skulls and Bones,  dueño del imperio mediático norteamericano Time/Life, revistas insignia de la élite norteamericana,  concibe, impulsa y “vende”  la idea al gobierno y al “establishment “ de los Estados Unidos;  el sacerdote Jesuita John Courtney  Murray, editor de Theological Studies, fue el agente contratado por Luce para  “vender” la idea al mundo católico con el poderoso respaldo publicitario y propagandístico de Time y de la CIA, que desde entonces lo promocionan como el gran teólogo de la renovación  frente al  “conservadurismo reaccionario” del Santo Oficio .  Charles Douglas Jackson,  principal asesor en asuntos de inteligencia del Presidente Eisenhower,  actuó como  coordinador de la CIA  con Luce y Murray,  con el objeto de influir y cooptar a los católicos  y a la jerarquía católica de la Iglesia en los Estados Unidos,  en el Vaticano y en el mundo,  a partir de 1942 y luego, de un modo más definido y sofisticado a partir de la muerte de Stalin en 1953,  hasta la  gran oportunidad del Concilio Vaticano II en todas sus etapas: durante su preparación, desarrollo y conclusión, con todos los  efectos conocidos generado en la  vida posconcioliar de la Iglesia:  anarquía, corrupción doctrinal e indisciplina, que la han  debilitado  y puesto  de rodillas ante el mundo, hasta el día de hoy,   en una sucesión ininterrumpida de derrotas frente a las iniciativas de la agenda del sionismo y la masonería del nuevo orden global.

 La operación mediática de Time cuando Paulo VI fue elegido Papa, se reprodujo  exactamente con Francisco. (*)

Al comentarle informalmente  lo esencial de  este libro al Director de Gladius, con gran perspicacia expresó : “¡Entonces  no fue el Rhin el que desembocó en el Tiber  sino el Potomac!”.

Efectivamente, la gran operación negra de la CIA impulsada por los personajes de marras y la complicidad intelectual y moral de  otros — fuera y dentro de la Iglesia en los niveles más altos de la Jerarquía–  se llamó “la Proposición Americana” ( The American Proposition) y consistió en la introducción planificada de un verdadero caballo de troya en las venas de la Iglesia: el “Americanismo” de raíz protestante y  masónico ( ya denunciado proféticamente por Leon XIII en 1895 en su enciclica Longinqua Oceani  y condenado  en 1899 con la carta apostólica Testem Benevolentiae Nostrae) o  ideología norteamericana, esa mezcla de exaltación de la libertad y materialismo,  consistente en el paquete político-jurídico-religioso-cultural propuesto como el ideal de un régimen político que promete la felicidad a los hombres; amasado con la Declaración de la Independencia , la Constitución y  la Primera Enmienda de los Estados Unidos que  garantizan la separación Iglesia- estado, la libertad religiosa, el pluralismo religioso y la libertad de conciencia. Conceptos  que,  cuando carecen de una comprensión y definición rectas,  dinamitan cualquier cuerpo doctrinario con el virus del relativismo filosófico y moral, quedando el entendimiento común de los católicos desarticulado  por la onda expansiva.

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Con intención crítica prejuiciosa y apriorística, se podrá  intentar descalificar la obra de Wemhoff con el mote  de teoría conspirativa.  Pero el mismo se diluye no bien recorremos sus primeras páginas y advertimos la solidez y variedad  de las fuentes investigadas  así como la contundente documentación aportada con extraordinaria lucidez y  perfecto rigor historiográfico. Durante más de siete años  Wemhoff  exhumó y estudió los archivos de todos los personajes involucrados y ninguna afirmación  ha quedado sin contrastar documentalmente en su brillante y tesonera pesquisa. Así vemos, por ejemplo y a modo de pequeña muestra,  que investigó los  archivos de todos los personajes involucrados preservados en la bibliotecas de la Universidades de Notre Dame, South Carolina, Catholic University of America, Redemptorist  House Archive, Hoover Institution on War, Revolution and  Peace, Elms College, Harry S. Truman Presidential Library; Gerald Heard Papers ; Hesburgh Papers, CD Jackson records en la Eisenhower Presidential Library en Albilene, J. F. Kennedy Presidential Library and Museum, Edward P. Lilly Papers, Lindbeck George Papers, Lippmann Walter Papers, Lovestone Jay Papers, Luce Henry R  Papers en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Murray JC Papers en la biblioteca de la Universidad de Georgetown, Archivos personales de Nelson Rockefeller en el Rockefeller Archive Center, Sharper  Phil Papers, Sealantic Fund Archives,  Shea George  Papers, Sheed and Ward Family Papers, Shuster George N. Papers,  Cardenal Samuel Stritch, Aquidiócesis de Chicago, Weigel Gustave Papers, Archivos de la New York Province of the Society of Jesus en Baltimore, Weigel Gustave Papers, White House Office, National Security Council, Documentos provistos por el FBI y  la CIA bajo la Freedom of Information Act.  . Todo esto seguido de una extensa y selecta  bibliografía de libros y artículos , entrevistas personales e  historia oral.

La exposición de hechos y personajes al servico de la operación americanista de guerra doctrinaria encubierta ( Luce, Murray , Jackson,  Gerald Heard,  Gustave Weigel,  Cardenal Augustin Bea (SJ), Cardinal Cushing de Boston, Cardinal Spelman de Nueva York,  Kung, , Lilly, Robert Blair Kaiser, Michael Novak, Felix A. Morlión (OP),  J. Maritain, Theilard de Chardin, Bonhoeffer, Barth, Tillich);  resistida lúcida y  valientemente, y  con escasez de medios, por  Monseñor Joseph Fenton,  Editor de la  American Ecclesiastical Review,  el Padre Francis Connell  uno de los fundores de la CatholicTheological Society of America  y el Cardenal Alfredo Ottaviani  del Santo Oficio–y en medio de ellos decenas de obispos , cardenales e inclusive los Papas Pío XII, Juan XXIII y Paulo VI–, constituye un drama atrapante que ningún católico deseoso de conocer y comprender qué ha pasado, cómo y por qué  en la Iglesia Católica y en el mundo en estos últimos 60 años, puede dejar de tener en cuenta.

Es significativo que salvo la investigación tan minuciosa y prolijamente aportada en esta extraordinaria obra de  David Wemhoff, no se tiene mayores noticias de la sistemática ejecución de esta guerra doctrinal encubierta llevada a cabo  para manipular y cooptar a la Iglesia a partir de 1942.  Por ejemplo, con excepción del tratamiento de aspectos esenciales de la polémica entre los periti del  Concilio Vaticano II ( por un lado el otrora silenciado por herético y luego extrañamente rehabilitado sacerdote jesuita John Courtney Murray  y, por otro,  Monseñor Fenton y el Padre Francis Connell), narrados por el distinguido Profesor italiano Roberto de Mattei en su excelente Historia del Vaticano II , nada  se dice  del transfondo de operaciones psicológicas y doctrinarias  encubiertas de largo aliento  llevadas adelante por los “vendedores” de la Proposición” americanista norteamericana” durante el Concilio.   Al parecer, el tema nunca antes  había sido investigado y documentado como en el presente libro de Wemhoff.  Así me lo confirmó el profesor de Mattei en carta reciente.

 Es más, por ejemplo, tal como señala Wemhoff, todavía nadie ha escrito una biografía sobre Murray. La explicación posible es que la élite norteamericana a la que sirvió el jesuita también quedaría seriamente expuesta. Al respecto hay detalles sorprendentes de la relación Luce/ Murray/ Clare Boothe Luce  y Gerald Heard y su consumo de LSD como medio para iniciar “un camino de transformación”  y de  “elevación de la conciencia”.   Esta práctica deletérea de la psiquis humana que producía una disociación de la inteligencia y el pensamiento lógico potenciando libremente la imaginación, fue difundida por Gerald  Heard en los Estados Unidos en los años 1960 .  Este siniestro personaje nacido y criado en Irlanda del Norte  y educado en Cambridge, Inglaterra,  fue uno de los hombres más influyentes de la cultura del siglo XX.

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 Murray, el influyente promotor de la “ American Proposition”  dentro de la Iglesia y especialmente durante el Concilio Vaticano II, consumió LSD desde 1959 hasta 1965. Es decir, durante los años del Concilio.

La Propuesta americanista  norteamericana  fue elaborada conjuntamente por Luce y Murray y presentada por el primero  el 29 de noviembre de 1953 en una conferencia  cuidadosamente organizada en la Universidad Pro Deo en Roma. Esta Universidad fue fundada  y acreditada debidamente ante el Vaticano por  el  sacerdote dominico belga Felix A. Morlión (OP), agente de la CIA,  con dineros de esa agencia del gobierno de los EE.UU,  como parte de la  guerra doctrinal encubierta. La Universidad Pro Deo fue una de las tantas organizaciones pantalla  (“front groups”) al servicio de la “ American Proposition”, cuyas fuentes y recursos, siempre era difícil de rastrear porque deliberadamente se los ocultaba . En Pro Deo  se formaron cientos de dirigentes de Europa y  de America Latina. Y de ella se graduaron cinco  presidentes de la República de Italia.

Ya para 1942 el gobierno de  los EE. UU sabía que saldrían vencedores de la Segunda Guerra Mundial y que se proyectarían al mundo como la nueva gran potencia, con un enemigo  enfrente, el comunismo soviético, conveniente en tanto polo dialéctico necesario para consolidar el propio frente político, ideológico y militar norteamericano.   Luce vio más allá  y comprendió que para expandir comercialmente el capitalismo norteamericano, debían difundirse las ideas políticas y los ideales del “ Americanismo”. Esta era la base cultural de una necesaria reingeniería social de las sociedades colonizadas y puestas al servicio de la riqueza económica y financiera de la élite norteamericana.  Sin esa penetración cultural no era posible  consolidar la expansión política, económica, comercial y militar del nuevo Imperio. Para esto fue fundamental comprender las coordenadas históricas tal como Cecil Rhodes lo había  hecho   frente a la decadencia del Imperio Británico y el eventual ascenso de los Estados Unidos al primer plano del poder mundial. Así como los ingleses  vieron en el siglo XIX  que su futuro radicaba en una estrecha alianza con los EE.UU en ascenso, Luce vio y  “vendió”  al “establishment” norteamericano y a gran parte de la jerarquía católica norteamericana y luego a la del norte de Europa,  en particular a los alemanes, que los Estados Unidos  necesitaban de los católicos—su incorporación  a las élites norteamericanas — y de las estructuras de la Iglesia Católica para su expansión. Pero, claro está, en los términos de la ideología americanista norteamericana y no según  las tradiciones y doctrinas morales  centenarias de la Iglesia. La  contracepción, por ejemplo era—y es-  un tema clave y absolutamente prioritario para los abanderados del “americanismo”.

 Era  entonces necesario para los planes del Imperio, que los católicos asumieran, asimilaran y se fidelizaran al democratismo laicista norteamericano de la “American Proposition”. Es decir, que “compraran” la separación Iglesia- estado, el pluralismo religioso, la libertad religiosa y  la libertad de conciencia, o,  en otras palabras,  la base de lo que luego se popularizaría  bajo el nombre de ecumenismo, y abre  todo el paquete de teorías que envenenan la cultura católica de relativismo filosófico y moral, llamado en los Estados Unidos “ humanismo secular”; el cual es una sutil forma de esclavitud de los más  al servico de los menos más poderosos .

En adelante  ya no sería verdad que “el error no da derechos” ni que  la Iglesia y la Verdad católicas son  el único camino de salvación ( extrae ecclesiam nulla salus). Esto deberá  reservárselo, en el mejor de los casos, al fuero interno y al ámbito privado.  Afirmarlo y enseñarlo por el bien del hombre  como manda Cristo, Hijo de Dios Vivo, Supremo Maestro,   Unico Rey y Señor, y  exigirlo coherentemente en el  desarrollo y aplicación de políticas públicas,  será motivo de descrédito, difamación, silenciamiento,  condena y ostracismo por parte de los dueños de la tolerancia democrática librepensadora  “políticamente correcta”.

Nuevamente nuestra gratitud a David Wemhoff.

Nota del autor de este artículo.

(*) En este último caso con la agravante de que el Papa-Bergoglio con sus dichos, gestos y  actitudes ambiguas ha estimulado desde un inicio  y confirmado luego, en una sucesión de decisiones inicuas,  un verdadero programa heretizante de autodemolición de la Iglesia—último bastión de la verdadera libertad– conforme lo reclaman los dueños del poder en el Nuevo Orden Mundial.

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