Nicolás Márquez: ‘Mostrar oposición a la ideología de género implica pagar un costo político’

La izquierda posmoderna se caracteriza por ser el adalid de un sinfín de causas, muchas de ellas sin nexo alguno, con el fin de empoderar a grupos antaño insignificantes para enfrentarlos contra el sistema capitalista-liberal que domina la esfera internacional.

Los argentinos Agustín Laje Nicolás Márquez –politólogo y abogado respectivamente- son los autores de un más que sorprendente libro titulado ‘El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural’, un torpedo a la línea de flotación de esa izquierda que, en muchas ocasiones, puede decirse que ‘ha perdido el Norte’.

Ambos desmontan detalladamente los mitos y las construcciones sociales y políticas que estos grupos han conseguido implantar en nuestras sociedades, en especial desde el último cuarto del siglo XX hasta la fecha.

Este martes inician una gira por España de mano de la asociación HazteOir.org, que también han editado su libro en nuestro país. Algunas de las ciudades elegidas para sus conferencias son MadridBarcelonaPalma de MallorcaSevilla u Oviedo.

Hablo con ellos sobre su análisis socio-político, la ideología de género y sobre las fuerzas que se oponen a esa nueva izquierda, como ellos la definen, que ha conseguido aplicar el materialismo dialéctico en el terreno de las identidades.

¿Cómo se conocieron Agustín Laje y Nicolás Márquez?

Agustín Laje: A los 15 años llegó a mis manos el primer libro de Nicolás, en el año 2004, titulado La otra parte de la verdad. En ese momento yo estaba peleando mucho en el colegio al que iba (uno muy de izquierda por cierto) porque empecé a sospechar que se estaba adoctrinando a los estudiantes con versiones totalmente distorsionadas sobre la historia reciente argentina… y el libro de Nicolás se consagraba ese año como uno de los más vendidos en el país que llegaba para desmitificar todas las mentiras que el kirchnerismo estaba imponiendo sobre la década del 70 y la guerra contra el terrorismo subversivo en Argentina.

En el libro salía el e-mail de Nicolás, le escribí, me invitó a una conferencia que daría en breve en mi ciudad, Córdoba, y ahí nos conocimos.

Agustín Laje durante su conferencia en el I Congreso Internacional sobre Género, Sexo y Educación organizado por HazteOir.org. Imagen: HO.

 

Nicolás Márquez: Recuerdo perfectamente el día que lo conocí. Él era un chico de apenas 14 o 15 años, que fue a mi conferencia acompañado de su madre. Al poco de conversar con él me di cuenta de que era un superdotado en potencia. Un adolescente con inquietudes muy por fuera de su generación. Me impactaba su apetencia por el mundo de las ideas y sus inquietudes intelectuales, impropias para alguien de esa edad.

Una obra como ‘El libro negro de la nueva izquierda’ requiere muchas horas de investigación y tener las ideas muy claras. ¿En qué momento se dieron cuenta de la trampa que denuncian?

NM: Yo en 2006 publiqué un libro que se tituló La Mentira Oficial, y ya por entonces denunciaba (de modo incipiente y al pasar) a todos estos lobbies que ya se insinuaban. De modo que desde hace mucho sabíamos acerca de esta reconversión estética y estratégica de la izquierda. Obviamente, al sentarnos a  trabajar en el Libro Negro, todo ese conocimiento superfluo se convirtió en un saber específico, puesto que para hacer este trabajo pusimos muchas horas nuestras durante casi un año, el cual nos abrió los ojos y nos amplió muchísimo el paradigma.

AL: En mi caso personal, en la facultad tuve como profesor a uno de los principales discípulos de Ernesto Laclau en la Argentina. Es decir, tuve que estudiar de verdad a este “padre” del posmarxismo, y quedé muy impactado por su obra Hegemonía y estrategia socialista (1985), donde junto a Chantal Mouffe diagraman una estrategia política que es ciertamente la que han adoptado las nuevas izquierdas: ponerse al frente de nuevos movimientos sociales e ideologizarlos, tales como el feminismo, los lobbies LGTB, el ambientalismo, el multiculturalismo, el indigenismo, etc.

LAJE: “LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, EN LO QUE HACE A ESE SUBMUNDO QUE MUY POCOS CONOCEN, ES DE UNA PERVERSIDAD QUE NI SIQUIERA PODEMOS IMAGINAR”

¿Alguna anécdota durante el tiempo que les llevó redactarlo?

AL: El 80% de mi parte la escribí viviendo en Utah, trabajando de temporada en hoteles para ganar dinero y financiar mis estudios en Argentina. Después de estudiar la teoría del posporno, muy inspirada en las “prácticas contrasexuales” de Beatriz Preciado que demanda una sexualidad perversa, decidí que no podía seguir escribiendo sobre el asunto sin mirar de qué se trataba todo esto. No fui a un show posporno, pero conseguí algunos videos en páginas de complicado acceso en Internet. Me costó mucho mirar semejante locura. Mujeres clavándose agujas en el cuerpo, arrojando materia fecal sobre el público, y cosas que por suerte he dejado de recordar. Esto perturbó tanto mi cabeza, que llegué a tener problemas para dormir. La ideología de género, en lo que hace a ese submundo que muy pocos conocen, es de una perversidad que ni siquiera podemos imaginar.

NM: Tengo una anécdota bastante escatológica, que me da pudor contarla pero haré lo posible. Tras leer numerosos libros apologéticos de la homosexualidad para documentar mi parte, acabé con dos particularmente emblemáticos: El deseo homosexual de Guy Hocquenghem y Terror Anal, de la citada Beatriz Preciado. En todos esos libros el ano siempre es protagonista. Pues terminé de leerlos una calurosa noche de verano en mi casa, serían las 4 o 5 de la mañana y de inmediato me empecé a sentir mal. Fui al baño y me asusté al ver sangre. Volé al hospital en taxi y allí me dijeron que tenía hemorroides: fue la primera y única vez que padecí tal dolencia.

¿Somatización acaso? Mi psicóloga me dijo que mi cuerpo reaccionó ante la repugnancia que me despertaban ciertas lecturas, las cuales había que obligadamente leer para trabajar el libro. Un poco en broma siempre digo que esa fue una “herida de guerra”.

Nicolás Márquez es también fundador de Prensa Republicana. Imagen: PR.

Llevan ambos estudiando y denunciando la ideología de género durante años en Argentina. ¿Cómo es el panorama en este aspecto años después de la derrota del kirchnerismo?

AL: Un desastre. Cambiemos, nombre de la coalición que llevó al poder a Mauricio Macri, no sólo no ha cambiado nada sino que incluso ha intensificado la intentona por estatizar la ideología de género, para hacerla obligatoria para toda la ciudadanía. Este año, sin ir más lejos, nos enfrentamos tanto al aborto como a la llamada “Educación Sexual Integral”, que es adoctrinamiento en género para los niños y adolescentes.

NM: El de Macri es un gobierno culposo. Conformado por ricos vergonzantes. Tienen pánico de ser acusados de “derechistas” y entonces viven coqueteando con el error progresista y con la socialdemocracia. Desde el punto de vista ideológico es un horror. Pero desde el punto de vista político es infantil: los sectores conservadores se sienten traicionados por este gobierno timorato y los sectores de izquierda, por más cortejos que Macri le brinde, no lo van a votar jamás porque les tienen un odio de clases connatural y porque además ellos ya tienen sus propios partidos. Es asombroso lo torpe e infértil que es Cambiemos. Una verdadera desesperanza.

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Esta ideología se expande también por otros países del continente americano, pero en unos parece calar más fácilmente que en otros. ¿Por qué?

NM: Eso depende de  las tradiciones e historias propias de cada país. Los de América Central suelen ser mucho más conservadores y también aquellos países que sufrieron a la guerrilla marxista más recientemente también tienen muchos anticuerpos muy activos contra esta ideología. En los países del hemisferio en donde la religión tiene una influencia importante también se genera una suerte de anticuerpo ante estas tendencias.

AL: Notamos que Argentina es una suerte de “laboratorio de prueba” para la ideología de género en América Latina. Todo aquello que se quiera imponer en esta materia, suele hacerse en primer término en Argentina, de inmediato pasa a Chile y Uruguay, y luego sube.

Manifestación contra la ideología de género en Neuquen, Argentina. Imagen: Twitter Máximo Pérez Rosa.

Recogen en el libro algunos ejemplos de España –también en parte puede entenderse como el laboratorio europeo-. ¿Estamos condenados a seguir el mismo camino todas las naciones, en especial las occidentales?

AL: En España, por lo que conocemos, la ideología de género ha avanzado más que en toda América Latina. Es que la ideología de género es un producto ideológico de países ricos, entonces es lógico que en estos haya avanzado más que en los que empezó a llegar con algo de demora.

Creo que sí tenemos una condena en la medida en que el globalismo está haciendo todo lo posible por imponer ideología de género en todas las naciones; en ese sentido, ciertamente nos han condenado. La buena noticia es que esa condena se puede revertir si se logra hacer retroceder a estos poderes, a través de un nuevo contra-poder ciudadano que de abajo arriba dispute la legitimidad de organismos internacionales como, por ejemplo, la ONU, y que recambie al mismo tiempo a quienes desde los Estados nación han servido al globalismo. Y digo “buena noticia” porque estos nuevos aires, creo, han empezado a soplar ya en muchos lugares.

NM: No creo en un determinismo que nos haga padecer una condena ya sentenciada. En varios países la reacción le dio golpes duros a la ideología de género y en otros lados se están organizando redes provida muy interesantes, dispuestas a militar en las calles y a concientizar a la sociedad. También existe una muy activa labor en redes sociales y desde el punto de vista político, muchos partidos conservadores empiezan a incluir en sus plataformas propuestas abiertas a la vida y a la familia natural.

¿A qué se debe el auge de estos autodestructivos pensamientos en la última década?

AL: Recordemos que estos pensamientos están en auge desde hace algunos años, pero sus orígenes tienen varias décadas. No podemos desconocer que mientras nuestra gente siguió haciendo su vida cotidiana como si nada pasara, estos grupos ya venían militando con toda furia desde hacía mucho. Y esa militancia fue estratégicamente organizada y ejecutada. Supieron muy bien dónde meterse, qué lugares disputar, qué discursos enarbolar, cómo controlar progresivamente la educación, cómo hacerse del dominio ideológico y político de medios de comunicación, etcétera. Nosotros empezamos a jugar el partido con una cancha inclinada y perdiéndolo 5 a 0. Pero ya logramos meter algunos goles.

MÁRQUEZ: “LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO ES UNA AGRESIÓN QUE PARTE DESDE LA IZQUIERDA, PERO QUE TANTO SEA POR IGNORANCIA O COBARDÍA, ES ACEPTADA ACRÍTICAMENTE POR MUCHOS SECTORES LIBERALES O CENTRISTAS BIENPENSANTES”.

Estas ‘miniluchas’ constantes son, en gran parte, una serie de ‘revoluciones’ protegidas y fomentadas por el mismo sistema al que dicen destruir. Paradójico…

AL: Es que, paradójicamente, en muchos sentidos sirven a la lógica capitalista, si por tal lógica entendemos la de la maximización de ganancias. Pensemos por ejemplo en la transexualidad. Un transexual, cualquiera que sea, vive una vida realmente miserable, toda vez que se sumerge en una lucha contra la naturaleza que está perdida de antemano. Pero la ideología actual le dice: “sos una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre, y podés ganar tu lucha… pero para ganarla compra implantes mamarios, compra cirugías de mutilación genital, compra hormonas, compra pómulos, compra labios, compra productos para el pelo, compra maquillaje, compra ropa, compra esto y compra aquello”. Y esto avanza de tal forma que los Estados nación terminan financiando todo ello que el transexual necesita para sentir que su lucha contra la naturaleza tiene todavía alguna esperanza…

O pensemos en el aborto. Nos dicen que es gratuito, pero no hay nada gratis en la vida salvo el aire que respiramos. Entonces los Estados legislan, la gente piensa que no hay nadie pagando nada, cuando son ellos mismos los que pagan con sus impuestos a una industria de la muerte muy bien articulada internacionalmente y que produce una cantidad de dinero francamente incalculable por año.

¿Y qué hay de las universidades? ¿Acaso no se están llenando de dinero con sus diplomados, sus maestrías, sus doctorados y sus cursos varios sobre género? También hay un gran negocio en la industria académica, que produce en serie, de manera compulsiva, lo que podríamos llamar “bienes simbólicos de género”, muy bien pagados por la burocracia nacional e internacional.

Si éstas son usadas por el poder, ¿hemos de hablar en última instancia de un neomarxismo cultural o de un neoliberalismo?

NM: Yo diría que la ideología de género es una agresión que parte desde la izquierda, pero que tanto sea por ignorancia o cobardía, es aceptada acríticamente por muchos sectores liberales o centristas bienpensantes que, sin oposición alguna, le hacen coro a estas corrientes sin brindar resistencia por temor a ser tachados de “discriminadores”, “homofóbicos” o “macartistas”. Mostrar oposición a la ideología de género implica pagar un costo político, y nuestra acobardada partidocracia tradicional prefiere siempre ser condescendiente antes que exponerse a un eventual linchamiento mediático con el estrés que ello implica. Entonces tenemos una agresión izquierdista y una endeble “oposición”, que a nada se enfrenta: entre los agresores por un lado y los funcionales por el otro, la cultura del género termina por instalarse sin contrastes. Entonces la verdadera  reacción acaba surgiendo desde las bases de la sociedad y del seno del ciudadano común, pero no de las estructuras partidarias convencionales.

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De existir barreras posibles para esta propagación ideológica, ¿cuáles creen ustedes que serían las más prácticas o necesarias?

AL: La movilización ciudadana masiva, que termine de romper con la falsa ligazón entre “opinión pública” y “opinión publicada” (ligazón ideológica que nos asegura que quien escribe en los diarios o habla en televisión representa la opinión del público en general), y la esperanza de que ello mismo genere las condiciones de emergencia política de nuevos líderes que se animen a desafiar los discursos dominantes.

NM: “La primera ley de la historia es no atreverse a mentir; la segunda, no temer decir la verdad”, enseñó León XIII. Si todos y cada uno de los que nos oponemos o resistimos a esta embestida aplicásemos tal apotegma, la respuesta a esta agresión ideológica sería contundente y la aplastaría en poco tiempo. Somos muchos más. Sólo falta hacerse oír de manera oportuna e inoportuna y hacer notar esa condición mayoritaria que portamos.

La izquierda mundial parece estar perdiendo sus posiciones de poder, antes incuestionables. ¿Estamos ante un nuevo auge del conservadurismo?

AL: Creo que sí, y que recién está empezando. Trump, Brexit, No a las FARC, No al aborto en Argentina, ahora Bolsonaro en Brasil… ustedes en Europa tienen otros varios ejemplos al respecto, como Austria. ¡Y qué decir de España, con el impresionante mitin político de VOX, del cual algo he visto por video! Ahora bien, más importante que el auge en sí, son las características etarias de dicho auge. Con Nicolás vemos con muchísimo agrado que los sectores antiprogresistas hoy son mayormente jóvenes de entre 16 y 35 años, que están motivados por una épica que está en plena gestación, y que hoy para ser rebelde, si por tal cosa entendemos un repudio consciente y activo contra un sistema cultural dominante, un joven necesariamente debe estar en nuestras filas.

Mitin de VOX en el palacio de Vistalegre el pasado 8 de octubre. Imagen: VOX.

Muchos partidos tradicionalmente conservadores han adoptado posturas socialdemócratas como el Partido Popular en España. ¿Por qué?

NM: Por falta de preparación intelectual, por padecer una idiosincrasia culposa y por sobre todo, por cobardía. Este tipo de partidos como el PP advirtió que la socialdemocracia aceptó la economía de mercado (aunque con limitaciones) y entonces, los partidos de centro-derecha a cambio aceptaron alegremente la agenda cultural progresista. Hubo una suerte de pacto implícito en el cual ambos partidos (en el caso de España el PP y el PSOE) acabaron confundiéndose y mimetizándose en un discurso común. Esta insana monotonía es la que prevaleció en muchos países de occidente y dio lugar al hartazgo de mucha gente que decidió refugiarse en estos partidos de la derecha alternativa que están surgiendo con vigor en tantos lugares.

Escuchamos muy a menudo que la gente se califique como ‘progresista’. Esto nos lleva a otra pregunta, ¿qué es el progreso?

NM: Una cosa es el “progreso” (al que no nos oponemos) y otra es el “progresismo”. Esto último es utilizado a modo de desprendimiento de aquello, entonces el progresismo es asociado ipso facto con el “avance”, a lo que se suele vincular instantáneamente con la “mejoría” o “bienestar” en cualquier área que se trate. Asimismo, quien se oponga a alguno de los “cambios” (selectivamente promovidos por los hábiles manipuladores de esta corriente) de inmediato es calificado difamatoriamente como un “retrógrado”. Si bien oponerse a novedades nocivas no implica ser tal cosa, la etiqueta ya queda colocada y luego es difícil erradicarla, máxime cuando detrás del estigma hay además una profusa campaña mediática dirigida a consolidar el mote de arcaico. En extrema síntesis, podemos decir que el progresismo constituye una tendencia propensa a abrazar todo aquello que es nuevo o transgresor por el sólo hecho de serlo. Vale decir, se nutre del hecho sintomático de aplaudir y promover las novedades como un fin en sí mismo, sin siquiera analizar la fecundidad de la novedad en cierne. Pareciera entonces que tenemos dos falsas alternativas: por un lado el progresismo y por el otro el ‘antiguismo’ o misoneísmo, que pretende una suerte de inmovilismo consistente en almacenar algo solamente porque ese algo es viejo, y al mismo tiempo repeler lo nuevo por el hecho de serlo.

Como genuina superación a estas dos posiciones viciadas, ya el Papa Pío XII en notable alocución del 28 de febrero de 1.957 refirió que hay que armonizar no el progresismo con el misoneísmo sino el Progreso con la Tradición. Vale decir que metafóricamente la tradición es como el lecho de un río por el cual transita el agua, pero en lugar de agua transita la civilización. Sin el lecho (que sería el rol de la tradición), el agua del río estaría desprovista de rumbo. Lo mismo ocurre con la civilización, ya que al no tender al progreso dentro del lecho de la tradición, en vez de avance genuino habría un desconcertante e impredecible laberinto capaz de arrastrarnos a disímiles naufragios.

No se trata de remontar la corriente y volver a formas de vida pasadas, sino más bien de avanzar con vigor de inmutable juventud, tomando lo mejor del pasado y continuándolo. La tradición es el don que pasa de generación en generación, la antorcha que, a cada relevo, el corredor pone en manos de otro sin que la carrera se detenga o disminuya en su velocidad.

En síntesis, las nociones de tradición y progreso se complementan mutuamente con tanta armonía, que el progreso sin tradición sería una empresa temeraria, y la tradición sin progreso, una quietud petrificante.

Tienen pendiente una segunda parte de su obra, ¿algún avance para abrir boca a nuestros lectores?

AL: Sinceramente no hemos tenido tiempo de escribir ni una línea. Jamás esperamos que esta primera parte tuviera el éxito que efectivamente tuvo. Nunca pensamos siquiera que fuera a trascender a nuestros lectores argentinos. Hace ya casi tres años que no paramos de viajar por toda América. En nuestros hogares prácticamente no estamos. Las giras son muy largas, pero sirven mucho para formar a la gente, para activarla políticamente, y para generar cambios políticos concretos en muchos casos. Pero semejante nivel de actividad nos ha impedido avanzar en un segundo tomo… no obstante, tenemos en mente otro proyecto literario que creemos más urgente, y que si todo sale bien saldría en la primera mitad del año próximo. Creemos que será muy importante para brindar herramientas, accesibles a todo el mundo, para combatir intelectualmente a la ideología de género.

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