mar. Ene 28th, 2020

Maverick jugó la carta de triunfo. Por Luis María Bandieri

 

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«Maverick» fue una serie norteamericana de los años 60, protagonizada por James Garner. Bret Maverick era un tahúr que se destacaba en el proceloso póker del Viejo Oeste. La palabra se aplicaba al animal, generalmente un ternero, sin marca y criado guacho. Por extensión, denomina al sujeto que gusta hacer las cosas a su manera, por fuera de la manada, a su aire. Se originó en un tal Sam Maverick, un tejano que dejaba su reses sin marcar, orejanas, allá por mediados del siglo XIX. A raíz de la serie, en el muy especial póker abierto popularizado por la televisión, se llama «maverick» a recibir dos carta Q y J, en la primera mano.

En los EE.UU. apareció un maverick confiado en sus cartas que se alzó con la presidencia ganándosela a los dueños del garito.  Se  llama Trump, que justamente, en inglés, tiene como primera acepción carta de triunfo.

Trump le ganó le ganó a la globalización como forma «natural» del Nomos del planeta, bajo un orden mundial que tiende a mando unificado y, a la vez, anónimo: los «mercados» gestionados por la expertocracia. Le ganó a la mordaza de lo políticamente correcto. Le ganó a una clase política endogámica, en especial establishmentde  su propio partido. Le ganó a la sociedad político-conyugal de Bill y Hillary, los Kirchner de Arkansas. Reivindicó el sentido jurídico-político de «pueblo» frente a la coalición de minorías demandantes -la herencia de Obama es una Norteamérica desintegrada mucho más de lo que ya estaba. Ganó proclamando no estar a favor -por convicción o cálculo, poco importa- de los «valores multiculturales»: LGBT, ideología de género, aborto como bandera política, etc. Reivindicó a la clase media laboriosa y empobrecida, frente a una política «socialdemócrata» trazada por los que estás muy alto  para repartir dádivas de supervivencia a los que están muy abajo, pagadas por los del medio. Puede ser que fracase en poco tiempo, pero una cosa es él y otra el fenómeno profundo que supo interpretar  y será perdurable en el tiempo y en la extensión, mostrando que el llamado «populismo» es reactivo a la crisis terminal de la democracia liberal, el constitucionalismo clásico y su ortopedia neoconstitucional. Lo lamento por Macri que se dejó llevar por los «bienpensantes» de su circulito rojo; lo lamento por Susana Malcorra, que mentalmente actúa como secretaria general virtual de la ONU y no sólo apostó por Hillary sino que la consuela después; lo lamento por Martincito Lousteau, un embajador que se juega…mal, como en la 125 y cada vez que se necesitaba pensamiento y no cháchara; lo lamento por los políticos argentinos que viajaron a Washington para participar de la apoteosis de Hillary I y lo único que pudieron hacer es asaltar el freeshop: lo lamento por las «presstitutes», como la llaman los de Trump, mercenarias formadoras de opinión que, después de denostarlo de todas las maneras posibles, ahora no saben cómo dar la voltereta salvadora; lo lamento por las empresas de sondeo y marketing político, que no intentan medir sino manipular y acaban atragantándose con su propia mentira; lo lamento por todos ellos y muchos más pero, «me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto» cuando los veo quejarse y gimotear, ¡qué quieren que les diga…!

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La canción de la serie «Maverick» empezaba con algo así:

Who is the tall dark stranger there? /Maverick is the name

Y seguía con lo de «my old pappy«, que el protagonista repetía siempre, antes de dar su final golpe naestro

«My  old pappy always told me your fate is in your hand

Luck don’t have a thing to do with how you play the game

Maverick didn’t come here to lose

No one recalls the first hand, they all know who won the last»

En el 2011, en la fiesta de corresponsales de la Casa Blanca, un cómico animador de la fiesta y el presidente Obama metido también  a graciosito le tomaron el pelo a otro invitado, que había anunciado su intención de postularse a la presidencia. El invitado era Donald Trump y los invito a buscar en la red el episodio -visto hoy es patético- y mirarle la cara al hoy POTUS (president of the United States), who won the last.  Con aquella canción de fondo debería asumir Donald el próximo 20 de enero.

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