Sáb. Dic 5th, 2020

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

Madre no hay más que una. Por Juanma Badenas

Escuché las intervenciones de los representantes de los grupos parlamentarios durante la última moción de censura; pero, sobre todo, con mucha atención, los discursos de quienes podían considerarse los dos únicos representantes de la Derecha en España. Resultó especialmente interesante que, nada más acabar tales discursos y sus réplicas, el líder con mayor formación política de la Cámara tomara la palabra para explicar con claridad lo que de verdad se estaba ventilando. Me refiero a Pablo Iglesias que, en un alarde de estrategia parlamentaria, solicitó una intervención por parte del Gobierno, inmediatamente después del discurso de Casado y la réplica de Abascal, cosa que no estaba inicialmente incluida en el orden del día.

Como se venía diciendo, para lo que ha servido la moción de censura —además de para poner de manifiesto las múltiples razones por las cuales el actual gobierno de España merece los mayores reproches desde el punto de vista político y, si hubiera sido posible aritméticamente, ser desalojado del poder— es para poner de relieve la verdadera naturaleza política de Vox y del PP. A Ciudadanos lo dejo al margen de lo que representa la Derecha en España, por ser un partido ideológicamente “biconceptual”, lo cual significa que en su programa, actuación y discursos conviven a la vez fundamentos morales de derechas y de izquierdas. Aunque el PP, desde su “refundación” en 1990, se ha definido a sí mismo como un partido de “centro-reformista” (no hay más que releer lo que Aznar escribe en sus Memorias), para algunos de sus electores todavía quedaban dudas respecto de su adscripción conservadora, por haber sido durante mucho tiempo la única opción que tenía la Derecha en nuestro país y porque a su diestra no había nadie, lo cual, desde un punto de vista relativo, le permitía atribuirse la condición de ser la formación conservadora de España.

Los discursos de Abascal y Casado han puesto las cartas al descubierto. El PP ya no puede ser definido como un partido de derechas, sino que, a lo sumo, puede considerarse “biconceptual”, lo mismo que antes decía respecto de Ciudadanos. De ahí la práctica coincidencia de fondo entre los discursos de Arrimadas y Casado y, sobre todo, su idéntico posicionamiento en la votación de la moción de censura.

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Al final, tenía razón Gustavo Bueno cuando escribió en El mito de la Izquierda que, mientras ésta es plural (hay distintas clases de izquierdas), la Derecha es unívoca; es decir, “no hay más que una”. El filósofo asturiano contradecía, de este modo, a Simone de Beauvoir que, por su reconocido sesgo izquierdista, sostenía que, como “la verdad es una y el error múltiple, no es raro que la Derecha sea plural”.

Aunque en un principio la distinción entre Izquierda y Derecha fue “topográfica” (a un lado o al otro del trono el día de la apertura de los Estados Nacionales, en Paris, el 5 de mayo de 1789), hoy en día, la ciencia (no solo la política, también la sociología y la psicología social) empieza a considerar que aquella separación no es algo coyuntural que dependa únicamente de la situación política de cada momento (y de los actores intervinientes), sino que tiene que ver –y mucho— con la moral ideológica de los individuos. En este sentido, como sostienen cada vez más autores, la población se encuentra diametralmente dividida en dos, a saber: quienes poseen una moral de derechas (conservadores) y quienes la tienen de izquierdas (“progresistas”). Sostienen que no es circunstancial, porque, como explica Haidt, la moral ideológica tiene que ver con tres factores: los genes (que, a su vez, influyen en la manera en que gestionamos el miedo), la educación y la narrativa vital que cada uno de nosotros construimos a partir de la adolescencia. También Lakoff, mucho más demócrata que republicano, sostiene que la mitad de la gente tiene una moral en la que predomina el modelo del Progenitor Atento (los izquierdistas), mientras que la otra se deja guiar por los dictados de la moral opuesta, la del Padre Estricto (los conservadores). Cada tipo de moral se apoya en unos fundamentos que son antitéticos entre sí: el “cuidado-daño”, la “libertad-opresión”, la “rectitud-engaño”, la “lealtad-traición”, la “autoridad-subversión” y la “santidad-degradación”. Estos fundamentos morales forman parte de la psicología de los individuos y aunque, por mor de la corrección política, durante algún tiempo hubo conservadores que empezaron a parecer “biconceptuales”, por la polarización que se está viviendo, lo cierto es que ahora y en adelante la distinción moral entre Derecha e Izquierda va a estar más viva que nunca. En este sentido, como Iglesias señaló en su discurso, tanto Casado como Arrimadas (pero sobre todo el primero) están “perdidos”. El PP lleva demasiado tiempo intentando hacer la misma política que le permitió a Aznar ganar sus elecciones, sin darse cuenta de que las cosas están cambiando a pasos agigantados.

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Mientras Abascal, a través de sus actos (la última moción de censura ha sido uno de los más potentes que se han producido ideológicamente en España durante los últimos años) y de su discurso demuestra que sabe apelar directamente a los fundamentos morales de los votantes conservadores, Casado (no sólo con su discurso, sino sobre todo con su toma de posición en la votación) únicamente aumenta la confusión moral y el desasosiego ideológico en los menguantes votantes de derechas que todavía le quedaban al PP. Así pues, tiene mucha razón Iglesias cuando dice que no va a quedar otra fuerza de derechas que Vox. Obviamente, el tema de la batalla cultural también es un factor fundamental. A Casado no le pudo convencer ni siquiera Álvarez de Toledo. No obstante, a la sangría de votantes conservadores producida por ello, ahora hay que sumar la de quienes no entienden que, llegado el momento de decirle a Sánchez que se marche —aunque sea de manera simbólica— el líder de los populares no hace otra cosa que dedicar toda su intervención a atacar a Vox y a votar simbólicamente que Sánchez se quede.

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