¿Macri padece Parkinson? Por Carlos Benitez Meabe

¡No se asuste, lector! No es un diagnóstico, sino una hipótesis que levanto para explicar el pulso tembloroso con que el presidente conduce al Gobierno Nacional. De todos modos, será usted quien responda, limitándome a aportarle elementos para dirimir esta delicada cuestión que se me planteó al leer tres noticias referidas a actos del Poder Ejecutivo Nacional.

La primera: el Ministerio de Salud pospuso, por tiempo indeterminado una dosis de la vacuna contra la meningitis (INFOBAE, 28/08/2018), la que corresponde a los niños de once años. Según refiere el medio citado, preocupa a la comunidad científica nacional esta decisión gubernamental. Refleja la gravedad de la crisis financiera que padece el país.

Segunda noticia: el Gobierno Nacional dicta el decreto 1037/2018, por el que faculta al Ministro de Hacienda, en representación de nuestro País, a suscribir un préstamo con el BID, para “apoyar políticas de igualdad de género”. El decreto aclara en sus considerandos que dichas políticas tendrán tres componentes: “promoción de la autonomía física de las mujeres”; “promoción de la autonomía económica de las mujeres”; y, “fortalecimiento de la capacidad de gestión de las políticas de género”.

Es muy chocante la contradicción: si se prescinde de una dosis en la campaña de vacunación contra la meningitis; no resulta lógico, para un Estado que debe más de trescientos treinta mil millones de dólares, endeudarse en doscientos millones más. Sobre todo, cuando se dejaron de lado gastos de salud muy importantes, no se entiende como se toma deuda para cuestiones que no aparecen como de absoluta necesidad y que, además, están reñidas con la Constitución y los derechos fundamentales de las personas.

Y aquí cabe hacer una crítica al vocabulario torpe y equívoco del decreto. En la Argentina no parece estar en peligro la “autonomía física de las mujeres”, toda vez que para todos los habitantes de la Nación está vigente la garantía del habeas corpus, consagrada en la Constitución Nacional y en los Códigos Procesales. En realidad, el Gobierno alude aquí, en forma encubierta e insidiosa, a la legitimación del aborto; para demostrar esto debo pasar a la tercera noticia: el Gobierno decidió llevar adelante un denominado “Plan nacional para la prevención y reducción del Embarazo no Intencional en la Adolescencia” (PENIA), que tendrá en 2019 un presupuesto de $ 489 millones.

La aprobación del “PENIA” fue una condición que impuso el BID para otorgar el préstamo de U$ 200 millones, al que hice alusión más arriba.

 El aborto que, sin autorización legal, propicia el gobierno de Macri es, en este punto, más amplio que el que autorizaba el proyecto que fuera rechazado por el Senado de la Nación. Este plan pretende que se practique el aborto a adolescentes, menores de quince años, sin conocimiento de los padres. El aborto, en esta circunstancia, estaría “autorizado” siempre.

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Destaco aquí que entre los documentos relacionados al PENIA, que publicó la Secretaría de la Salud, está como “marco normativo” el protocolo de ILE (interrupción legal del embarazo) publicado por el Ministerio de Salud en 2015 que prescribe: “dada la evidencia epidemiológica acerca de los riesgos físicos y emocionales en los casos de embarazo de adolescentes menores de 15 años, el acceso a la ILE está contemplado bajo la causal salud en todos casos en que sea solicitado”.

Y siempre en tren de señalar las contradicciones “parkinsonianas” del gobierno, destaco que el Presidente, cuando se pronunció sobre el tema de la legalización del aborto incurrió también en manifiestas contradicciones: anunció en 2016, en Tucumán, en ocasión del Congreso Eucarístico e invocando a Jesucristo como Señor de la Historia, que durante su gobierno no se discutiría el tema del aborto y aseguró que defendería la vida desde la concepción; posteriormente, volviendo sobres sus pasos, dijo que propiciaba el debate libre de lo que llamaba, eufemísticamente, “interrupción legal del embarazo” y que estaría a lo que resuelva el Congreso de la Nación, aunque aclarando, vagamente, que estaba “a favor de la vida”; ahora, incurriendo en un nuevo contrasentido, aplica “de facto” la legalización del aborto que le fuera negada en el Congreso.

Pero hay más, amable lector, disculpándome de abusar de su paciencia: la Administración Nacional de Medicamentos, alimentos y tecnología Médica acaba de aprobar la venta de Misoprostol (droga abortiva) en farmacias.

Estamos frente a un derrotero incierto, cambiante, en el que se violan los principios lógicos elementales desaprensivamente. No parece exagerado atribuir a Macri el calificativo de “parkinsoniano” que le endilgué.

Sin embargo, estaba yo a punto de emitir mi “diagnóstico” cuando, reflexionando sobre las marchas y contramarchas del Presidente Macri, levanté otra hipótesis: ¿no habrá una presión política internacional al gobierno que explique estas incongruencias?.

Providencialmente cayó en mis manos la obra “Poder Global y Religión Universal” (Bs. As., librería Córdoba, 2017), de autoría de Monseñor Juan Claudio Sanahuja. Y allí llegué a la convicción inequívoca de que estos absurdos reiterados se explican a la luz de un proyecto político mundial que propicia edificar una ética laicista. La ONU ha abandonado la referencia a la naturaleza humana común. El relativismo hace depender los nuevos derechos humanos no de la racionalidad compartida por todos los hombres, sino del consenso social, de procedimientos consensuales, que pueden y deben ser reactivados o adaptados a las variantes circunstancias socioculturales e históricas mediante el dialogo. Los nuevos derechos ya no dependen de una verdad inherente a la naturaleza del hombre, sino de la voluntad de los que acuerdan y deciden. Así se explica, que, para esta “ética”, que prescinde de Dios, se proclame que es un “derecho” que dos personas del mismo sexo se casen; que esta “pareja” tiene “derecho” a tener hijos; etc.

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El consenso social se logra con el control de los medios masivos de comunicación; los que, empleando palabras equívocas, cargadas de valor emocional, escamotean cuestiones de conciencia, los temas de principios para someter así a la opinión pública, abandonando los preceptos cristianos y la misma ley natural.

Lo que resulta paradojal es que, este laicismo extremo, esté al servicio de ideologías paganas como la denominada “ideología de género”, y busca alterar la familia, alentando la homosexualidad.

 Monseñor Sanahuja explica, y lo prueba exhaustivamente, que esta postura de la ONU es acompañada por influyentes instituciones internacionales como el Club de Madrid, el Club de Budapest, el Foro sobre el estado del Mundo, comisión de Gobernabilidad Global y el Consejo de Relaciones Exteriores.

Lo grave es que estas organizaciones internacionales influyen, presionan a los gobiernos de las naciones subdesarrolladas para imponerles esta “nueva ética”, a través de la concesión de créditos y beneficios a los países del tercer mundo.

Esto está probado, hasta el hartazgo, en la obra citada y en un sitio web (“Noticias Globales”), que dirige el esforzado sacerdote autor de la obra citada precedentemente.

En concreto, toda movilización cívica que se generó con motivo de la defensa de la vida se puede frustrar y quedar en la nada ante este intento, que se pretende avasallante, de los poderosos del mundo.

Concluyo: no sé si es parkinsonismo o es presión política internacional, le dejo a usted, amable lector, la tarea del “diagnóstico”; lo que está claro es que no son las manos vacilantes del Presidente Macri las idóneas para sostener el lábaro glorioso de las tradiciones cristianas de nuestra patria. Solo una pacífica cruzada ciudadana puede derrotar este siniestro designio irreligioso y anticristiano, salvando así nuestra identidad cultural. Que Nuestra Madre de Luján proteja a la patria.

PD: En honor al Dr. Carlos A. Dansey, inquebrantable defensor de la familia y del derecho a la vida.

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