Macri afianza en Frigerio y Pinedo su poder político. Por Humberto Bonanata.

El Presidente transcurrió sus segundos treinta días de gobierno afianzando el poder político que le permitiera negociar con los restos del peronismo las necesarias reformas económicas que caracterizaron el comienzo de su mandato.

En los primeros treinta, sólo se comentaba positivamente el levantamiento del cepo y la unicidad del dólar, antes dividido en siete secciones.

Negativamente, el Decreto de Necesidad y Urgencia sobre nombramiento de dos jueces en la Corte Suprema, ante la reprobación de propios y extraños, debió subsanarse al enviar -como corresponde- los pliegos al Senado de la Nación, que el jueves pasado envió a la Comisión de Acuerdos presidida por Rodolfo Urtubey -hermano del gobernador salteño- el expediente del P.E.N. para su tratamiento el 25 de febrero en el plenario, con despacho de dicha comisión.

Esas alternancias entre lo deseable y lo posible dieron cabida a una apertura política del gobierno de “Cambiemos” que, a pocos días del mensaje presidencial ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo forzarán a Macri a propalar la nefasta herencia recibida por el régimen kirchnerista, muy a pesar de Jaime Durán Barba.

Lo económico, receptado con aires libertarios en los primeros treinta días cedió lugar al realismo político, que nada tiene de mágico.

El arrastre inflacionario, el déficit fiscal y cuasi fiscal, las deudas con proveedores -ciertos y dudosos- del Estado y el futuro y bien encaminado acuerdo con los bonistas (fondos buitres o holdouts) son parte macroeconómica sustancial a enfrentar por el gobierno de Macri.

Sin esos pilares no podrá existir programa económico sustentable, criticado por el ultra liberalismo como lento y por el ladriprogresismo como antinacional.

Tanto Federico Pinedo y sus aliados radicales presididos por Ángel Rozas en el Senado de la Nación, como Rogelio Frigerio en su incansable contacto con los gobernadores peronistas han zanjado diferencias en miras a la gobernabilidad tan soñada por una República adolescente como la nuestra.

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“¿Cuánto dura el gobierno de Macri si nosotros salimos a la calle?” se preguntó Luís Barrionuevo en tono desafiante y cuasi-patoteril almorzando ayer con Mirtha Legrand.

Durará lo cuatro años constitucionales, aunque no sea peronista deberá ser la respuesta cívica en esta reconstrucción nacional que Mauricio Macri encabeza desde hace sólo dos meses en la Argentina.

Depender de ellos no hablará de un fracaso del gobierno de turno.

Significará la muerte definitiva de una democracia aún incandescente.

Aprender a comunicar las medidas, sean cuales fueran, es una tarea pendiente de este renacer republicano.

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