Dom. Ene 16th, 2022

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Lula da Silva pone en marcha la maquinaria comunista para capturar el poder en 2022. Por Rodrigo Saldarriaga

Todo indica que el camino está servido para que Lula da Silva, cuyas condenas por corrupción fueron anuladas por el Tribunal Supremo, postule a la presidencia de Brasil, enfrentando al actual mandatario Jair Bolsonaro, cuya popularidad estaría agotándose por los estragos que la pandemia del covid-19 ha provocado en la economía y salud del gigante sudamericano.

Hay que recordar que Lula Da Silva fue acusado de recibir sobornos del contratista OAS en forma de reserva y renovación de un departamento -propiedad que nunca le perteneció formalmente- en el balneario de São Paulo. En junio de 2017, fue sentenciado a nueve años y seis meses de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero por el entonces juez Sergio Moro, condena que fue confirmada en enero de 2018 por el Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región, que aumentó la pena a 12 años y un mes de prisión.

En noviembre de 2019, fue condenado en segunda instancia a 17 años, un mes y 10 días de prisión por corrupción y lavado de dinero. Los tres jueces del Tribunal Regional Federal de la 4ª Región (TRF-4) fallaron por unanimidad que Lula es culpable de los delitos imputados y aumentaron su pena en cinco años por el caso conocido como “finca de Atibaia”, un proceso relacionado con la Operación Lava Jato en el que Lula es acusado de haberse beneficiado de obras de mejoría en una finca en el interior de São Paulo, que frecuentaba junto a su familia.

De acuerdo con la Fiscalía, varias empresas de construcción habrían destinado cerca de un millón de reales, equivalentes a 234.500 dólares, para la reestructuración de la finca de Atibaia con la finalidad de ganarse el favor del líder del Partido de los Trabajadores (PT).

Sin embargo, Lula salió de la cárcel en noviembre de 2019 tras una resolución que emitió el Tribunal Supremo de Brasil estableciendo que, como dice la Constitución, un condenado solo puede ir a prisión una vez haya agotado todos sus recursos. Lula, que siempre alegó ser víctima de una persecución política, recuperó su libertad tras permanecer en la cárcel desde abril de 2018.

El Tribunal Supremo anula las sentencias

En marzo de este año, el juez del Tribunal Supremo de Brasil, Edson Fachin, anuló todas las sentencias dictadas contra Lula por la justicia federal de Paraná dentro de la operación anticorrupción Lava Jato.

Fachin justificó su decisión asegurando que los casos en los que Lula fue acusado de recibir sobornos en dinero y propiedades de algunas de las constructoras implicadas en Lava Jato, no tenían relación con los desvíos de dinero en la estatal Petrobras, que fueron los que justificaron la operación anticorrupción. Además, el juez supremo aseveró que la justicia de Curitiba no tenía competencia legal sobre los escándalos en Petrobras, que debían ser juzgados en otras instancias.

La decisión de Fachin le permite a Lula recuperar sus derechos políticos y le abre el paso a una eventual candidatura en las presidenciales de 2022volviendo al terreno político que debió abandonar en 2018 luego que el Tribunal Superior Electoral de Brasil vetó su candidatura presidencial tras haber sido condenado a prisión en segunda instancia por delitos de corrupción. Paradójicamente, la ley que le impidió presentarse a comicios, conocida como “Ficha Limpia”, fue promulgada por él en 2010.

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Por otro lado, el Tribunal Supremo también le dio otro espaldarazo -el mismo mes que le anuló sus condenas- determinando que el exjuez Sergio Moro, que lo condenó por dos casos de corrupción, no fue «imparcial».

El alto tribunal dictaminó que el exjuez Moro actuó de forma “parcializada” contra el exmandatario izquierdista al juzgarlo y condenarlo por dos procesos de corrupción y blanqueo de capitales, en medio de la investigación del caso Lava Jato.

Las opiniones de los cinco jueces del Tribunal se dividieron en tres a favor y dos en contra del recurso presentado por Lula Da Silva, quien alegó que Moro habría tenido “intereses políticos” en su decisión, dado que en 2018 aceptó entrar al Gobierno de Bolsonaro como ministro de Justicia.

El pronunciamiento del Tribunal fue criticado por expertos brasileños, pues abre la puerta a que los demás altos ejecutivos y políticos condenados a prisión por la investigación contra corrupción dirigida por Moro busquen la anulación de sus casos.

¿Lula, favorito para las elecciones en 2022?

Lula aseguró el pasado 8 de octubre que definirá «a inicios del año que viene» si lanza su candidatura a las presidenciales de octubre de 2022 contra Jair Bolsonaro, al que calificó de «totalmente incompetente».

«He dicho que no soy un candidato porque sólo voy a decidir mi candidatura posiblemente a inicios del año que viene», dijo en una rueda de prensa en Brasilia. «Todavía no lo decidí porque voy a hacerlo en el momento adecuado, y voy a conversar con todo el mundo», añadió.

Para Lucas Souto Ribeiro, analista internacional y corresponsal para América Latina del diario Brasil Sem Medo, si bien Lula se perfila como el “favorito de las encuestas” –Datafolha le otorga 44% de intención de voto, seguido por Bolsonaro con 26%-, y tiene un nivel de capital político considerable, cualquier cosa podría suceder de aquí a un año, y la posibilidad de una “tercera vía” que vaya sumando adeptos contra una reelección de Bolsonaro o el retorno al poder del PT -partido que fue rechazado en las elecciones pasadas por sus vínculos con la corrupción-, no debe descartarse.

“Hay que entender, en primer lugar, que Lula ya no es tan popular como solía serlo. Lula no es el favorito, pero tiene fuerza, un nivel de capital político considerable, entre un 20 y 30% de intención de voto. Es cierto que hay mucha gente que lo detesta, pero tiene bases políticas que le permiten la posibilidad de ganar. El PT estuvo mucho tiempo en el poder, y ha logrado poner algunos magistrados afines a ellos. Lula, siendo un corrupto condenado, ha sido limpiado por los magistrados que puso en el Tribunal Supremo. Esta ha sido una actuación política, el Tribunal Supremo está extremadamente politizado. Ahora, las elecciones en octubre de 2022 van a ser una pelea difícil, una pelea dura, muy polarizada, y hay que tener en cuenta que existe la posibilidad que Lula pueda ganar, pero falta un año para las elecciones, hay muchos candidatos, existe una ‘tercera vía’ que va buscando aliados; el mismo Bolsonaro, que, si bien está más débil que antes por su desempeño en la pandemia, todavía tiene su capital político. Va a ser una pelea muy dura. No se puede prever quién ganará, porque falta todavía un año y cualquier cosa puede suceder en el desenlace, pero cómo van las cosas, podemos distinguir que un tercio de la intención de voto irá con Lula, otro con Bolsonaro y el restante para quien aparezca de la ‘tercera vía’”, asevera.

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Souto cree que si Lula vuelve al poder sería mucho más radical que durante sus dos primeros mandatos (2003-2010), acercándose en materia económica a las políticas que actualmente sufre Argentina bajo el kirchnerismo. Además, priorizaría el control de la prensa que le fue opositora, así como los juzgados que todavía no se someten a su voluntad política. “Si Lula vuelve al poder nos encontraríamos con uno más radical. No sería el mismo Lula de antes, principalmente porque volvería con una rabia y un rencor por haber pasado por la cárcel. Un Lula radicalizado que seguiría la ruta del chavismo, aunque pienso que sería más cercano al kirchnerismo, más cercano a lo que sucede actualmente en términos económicos en Argentina con Alberto Fernández en el poder. Convertir a Brasil en Venezuela sería un camino a más largo plazo. Lula es un tipo muy de partido, muy sintonizado con las ideas y demandas del partido. Creo que priorizaría la dirección que tiene la izquierda actual en todo el mundo con las políticas identitarias, aborto, ideología de género. Lo que sí creo que podría pasar es una ofensiva para el control de medios, va a tener como prioridad máxima el control de la prensa, eso debe ser muy importante para él porque repite constantemente que es víctima de un ataque de la prensa contra su imagen y la del PT. También espero una política desarmamentística, y claro, estoy seguro de que insistiría en tener más control sobre el sistema judicial, en los pocos espacios que todavía no domina. Con Lula en el poder se revitalizaría a los movimientos que perdieron financiamientocomo el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, y se produciría de nuevo la captura del sistema cultural en Brasil, algo que Lula que hizo muy bien en su momento”, advierte.

gaceta.es

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