Los pederastas son en su mayoría homosexuales – Por Cosme Beccar Varela

“El Papa pidió perdón por abusos del clero”. Ese es el título de la noticia que eligió “La Nación” para su primera página de hoy, 8 de Julio del 2014. El artículo, escrito por Elisabetta Piqué, una entusiasta enemiga de la Iglesia que seguramente por ese motivo es la corresponsal en el Vaticano del mencionado diario, es, como todos los de ella, un modelo de perfidia.

El Papa le dijo a seis víctimas de esos crímenes: “Ante Dios y su pueblo expreso mi dolor por los pecados y crímenes graves de abuso sexual cometidos por el clero contra ustedes y humildemente pido perdón”.

“Francisco, que ya había hecho un *mea culpa* por ese pecado en abril -dice la Srta. Piqué-, no sólo volvió a reiterar su *profundo dolor* y a implorar que la Iglesia llore estos *actos execrables* sino que fue más allá. Denunció una *complicidad que no tiene explicación* de parte de la misma jerarquía eclesiástica y se convirtió en el primer papa que también pidió perdón *por los pecados de omisión por parte de líderes de la Iglesia que no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas por familiares y por aquellos que fueron víctimas del abuso*”

La Srta. Piqué agrega que estos horrores ocurrieron “principalmente desde la década del 50 hasta principios de los 80”. O sea, culpa a todos los Papas desde PÍo XII en adelante pero no explica por qué, misteriosamente, esas brutalidades disminuyeron a partir de “principio de los 80”. ¿No habrán sido, en realidad, posteriores al “destape” del Concilio Vaticano II?

“Francisco dejó en claro que seguirá con la política de *tolerancia cero* impulsada por su predecesor Benedicto XVI”. Y anuncia que está creando una comisión para la protección de menores para asegurarse las mejores políticas y procedimientos…” ¿Una “comisión”? ¿El sacerdocio católico y su sagrada vocación no bastan?

Hace ya varios años que la prensa, que no admite la censura contra sus propias obscenidades y contra su propaganda de toda clase de filosofías inmorales, se está solazando con estas acusaciones contra la Iglesia, confirmadas por los reiterados pedidos de perdón de los últimos Papas.

* * *

Como católico, y haciendo uso del derecho que me concede el canon 212 del Derecho Canónico actual me siento obligado a expresar en este artículo una opinión sobre el escabroso asunto. Ese canon dice que “los fieles…#3 Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia a los Pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas”.

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* * *

1) En la mayor parte de las manifestaciones sobre este detestable asunto, tanto el clero como la prensa y demás opinadores -no en este caso en particular- usan la palabra “pedofilia” para designar este crimen contra la inocencia y la pureza de los niños. Ahora bien, esa palabra no existe en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (vigésimo primera edición, 1992). Tal vez la hayan agregado ahora para cohonestar este neologismo cuya etimología, del griego, significa “amor a los niños”. ¿¡”Amor a los niños”!? Solamente un canalla de alto voltaje puede designar la monstruosidad del crimen de pederastia como “amor a los niños”.

¿Por qué lo hacen? Porque la palabra “pederastia”, que es la apropiada, según el mismo Diccionario de la Real Academia quiere decir: “Abuso deshonesto cometido contra los niños” Y en segunda acepción: “Concúbito entre personas del mismo sexo, o contra el orden natural, sodomía”.

Mediante este truco lingüistico, los miserables que atacan o consienten que se ataque a la Iglesia por esta causa, evitan dejar en evidencia el hecho fundamental relacionado con el asunto, que paso a describir.

2) El hecho fundamental relacionado con el asunto es que la inmensa mayoría de los monstruos que abusan de los niños son homosexuales que prefieren niños a las niñas y de estos, la inmensísima mayoría son maricones que no son clérigos.

Véase la noticia que publica hoy “Clarín” titulada “Un escándalo por abusos sexuales sacude al Parlamento británico”. Entre los mal llamados “pedófilos” hay hasta diputados conservadores, laboristas, liberales y periodistas famosos. En todos los casos se ocultaron las aberraciones de estos crápulas y no existe una campaña contra el Parlamento, ni contra el periodismo inglés como la que han montado contra la Iglesia  (edic. 8/7/2014, pag. 19).

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Los que abusan de niñas son degenerados que pertenecen a todas las profesiones y especies. Malditos corruptores de menores que en un porcentaje exponencialmente mayor son individuos de cualquier profesión, hay hasta empresas de turismo pederasta, y no hay razón ni prueba alguna de que “el clero” sea el máximo responsable de esta degeneración.

3) Pedir perdón por “el clero”, mencionado así, in genere, sin concretar acusación alguna sino en un ínfimo número de casos, como el del Nuncio que fue reducido al estado laical por ser un obsceno corruptor de menores (a los Nuncios los nombra el Papa) y el del fundador de los Legionarios, no hay otros casos conocidos.   Sin embargo, pedir perdón por los “abusos sexuales del clero” deja flotando en el aire una sospecha contra TODO el clero, lo cual es una injusticia atroz. No es que yo sea un entusiasta del clero, actualmente casi todo progresista y por lo tanto, hereje, sino que el clero es de institución divina y no es admisible que se lo descalifique en masa o potencialmente en masa.

4) Peor aún, pedir perdón por la Iglesia, eso ya es inaceptable. La Iglesia es Santa, Inmaculada y es el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo.  Nunca de los nuncas puede caber respecto a Ella ni una sombra de sospecha.

Pero la forma en que últimamente se pide “perdón” en nombre de Ella es confusa y difamante. Sólo quien no aprecie este dogma fundamental puede dejar en duda esa santidad mediante expresiones que son usadas sistemáticamente por la prensa para denigrarla,  comprometer la fe de los católicos e impedir la conversión de los que no lo son.

* * *

Esta es mi opinión, con todo el respeto que les debo a los Pastores sagrados. Es más, si alguno de ellos es responsable de alguna de esas aberraciones y de estos juegos de palabras para proteger al homosexualismo, en vez de pedir perdón, debería ser destituido, castigado y excluido para siempre de las filas del clero, a la espera del Juicio de Dios, que, si no hacen la penitencia y la reparación debidas, ya se pueden imaginar cual será.

Fuente: http://www.labotellaalmar.com.ar/

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