Los nuevos monstruos. Por Miguel De Lorenzo

Entre las consecuencias desdichadas de nuestra época  pos cristiana,  una de ellas especialmente dramática,  ha derivado en  un fenómeno nuevo, como es la aprobación, o mejor, la celebración, de las menos humanas de las conductas.

Abandonada  para buena parte de la filosofía actual, siquiera la posibilidad de un planteo de verdad, ante la incapacidad o la renuncia a establecer qué es el bien y qué el mal, los resultados no podían ser sino monstruosos.

Una de esas perlas, hija de la pos verdad  viene de la mano de la Asociación Médica Británica – BMA –que envió a cada uno de los 160.000  miembros un manual, en el que instruyen a los médicos, acerca de cómo deberían  comunicarse con los pacientes en una neo lengua, desarrollada de acuerdo a las premisas de la ideología de género.

El contenido es tan deliciosamente absurdo, tan anticientífico, tan claramente opuesto al sentido común, que solo  la presencia un enorme poder mundial detrás de la ideología de género es capaz de sostenerla.

El instructivo que comentamos fue escrito por la British Medical Association,  y entregado a los socios luego del caso de Hayden Cross, una inglesa  de Brighton que a los veinte años decidió que era hombre y empezó un tratamiento hormonal a fin de lograr apariencia masculina.

Pero en medio del tratamiento, algo  cruzó por la cabeza de Cross, que  venía tambaleando mal,  y antes de cambiar de apariencia, eligió utilizar la primitiva, con sus anexos, esto es  el útero y los ovarios femeninos, que, digamos así,  transporta a pesar suyo  y  ser  mamá. Para lograrlo recurrió a la inseminación artificial mediante un donante anónimo.

El punto quizás  más delirante de todo esta gigantesca monstruosidad lo aporta la misma Cross que,  embarazada y esperando el nacimiento de su hijo,  ha declarado que: “va a ser el mejor papá”.

Es dificultoso,  por no decir imposible, discutir con alguien que cambió los términos de de la conversación, porque no es posible dialogar, ni entenderse, no se puede decir nada más, por la sencilla razón   que no se puede superar la barrera conceptual  puesta  por el que afirma  que una cosa puede ser blanca o negra al mismo tiempo.

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Ellos lo saben, por eso la necesidad de una neolengua, no para que los entiendan, sino para que la maraña sea ilimitada.

Ante  ese entramado obsceno,  la asociación médica reacciona  dejando  a un lado  la medicina,  borra todo lo que suponemos sabe de medicina,   arrincona el conocimiento científico en el basurero y se pone a vender ideología de genero, pero vistiéndola con ropajes ajenos, esto es disfrazada de ciencia.

La lectura del caso, el relato de las idas y venidas sexuales de esta mujer, sus deseos de ser papa y también  mamá y al mismo tiempo, bien podrían incluirse en alguna antología  de la necedad.

 Pero apartándonos de lo individual, dejando por un momento de lado la pretensión del hombre contemporáneo a poderlo todo, lo que no deja de asombrar es el radical  cinismo, la suprema estolidez que viene de la mano de la BMA.

Los colegas ingleses han dado el salto definitivo hacia el ridículo, pero hacia un ridículo absoluto, sin atenuantes, sin vuelta atrás.

Solo en estas condiciones,  en este nuestro tiempo del pos cristianismo, en la situación  de pos verdad en la que nos debatimos, solo en ese horizonte,  la BMA, puede sostener que se trata del “primer caso en el Reino Unido en que un hombre está embarazado”.

Por otra parte, dando vuelta el argumento, no creo que exista  hospital en el mundo, Inglaterra incluida, (con reservas), que, si se presentara un hombre, de los comunes y corrientes, de esos con testículos y pene y cromosomas masculinos, y ese hombre, solicitara una cesárea,  argumentando  que se encuentra al final de un embarazo, los médicos de ese hospital no harían  otra cosa que conducir gentilmente al pobre hombre, no al servicio de obstetricia, sino al de siquiatría.

 Mientras tanto  los médicos ingleses, que observan a una mujer con todos los atributos de su sexo, expresados quizás en su aspecto más alto como es la maternidad  aconsejan  que: “por tratarse de un hombre, la palabra   madre no debería utilizarse.

 Porque claro, como Owen dice que es padre embarazado, – y no vaya a ocurrir que alguno contradiga a Owen que viene con la intocable, con la sacra bandera del género-  decidieron que el arcaísmo madre, esa palabra  retrógrada y limitativa, desaparezca, una manera tajante de terminar con la vulgaridad de decir madre a la que es madre, a partir de ahora  se recomienda a los médicos: “No diga madre, diga gente embarazada”.

Es posible que en tren de cambio,  pensaran- es un modo de decir- en los hijos de estos madrespadres o de las padresmadres, – de verdad estoy algo confundido- y encontraron una dificultad adicional, ¿como llamar? a las criaturas engendradas en esos úteros inciertos de madres padres,  cual sería  la manera correcta  de nombrarlos, dado que las antiguas categorías  bíblicas  de varón o mujer deberían suprimirse; entonces como… ¿nene o nena?

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¡Por supuesto que no!

Para la BMA eso “es un reduccionismo de un problema mucho más complejo, para evitarlo se debe decir nacido o designado niño o niña”.

¡Bien doc! Ustedes  la tienen re clara.

“Casi podríamos decir que una sociedad privada de las cosas buenas- es Chesterton que habla-  no tiene como registrar su decadencia”.  Y acertaba el inglés, porque  los de la BMA, entraron en el manicomio y ¡festejan!

Para ver hasta que punto  están impregnados de ideología, y hasta donde  “vienen por todo”, ahí, y en el resto del mundo,  desde la BMA además inducen a los médicos  a quitar de los recetarios, símbolos que puedan entenderse como de autoridad o inadmisiblemente jerárquicos: léase Dr., Prof., Lic., etc.,etc.  Pero no nos confundamos, no es la estupidez del  género el problema central, el eje gira alrededor de la otra ideología  la que quiere hacer  del hombre “una cosa entre las cosas”, sin verdad y sin trascendencia, un  descartable.

 

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