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Los efectos globales de la crisis china – Por Rosendo Fraga

La crisis económica de China es el hecho global más relevante por sus alcances y consecuencias. Es la primera o segunda economía mundial de acuerdo a qué medición se utilice y tanto el volumen de su comercio global como su consumo de materias primas potencian los efectos de su economía sobre la del mundo. La caída de la bolsa china registrada en los primeros días de la semana -tras la mayor devaluación en varios años- es la más alta desde la crisis financiera estadounidense de 2008 e incluso puede superarla, y lo mismo sucede con el precio de las materias primas, el más bajo desde 2008, especialmente en el caso del petróleo. La dirigencia china se encuentra frente a un escenario inédito desde que a fines de los años 70 Deng Xiao Ping iniciara la reforma económica: es la primera vez que la potencia asiática sufre una crisis económica propia que frena su crecimiento. Hasta ahora, el desafío había sido amortiguar los efectos sobre el país de crisis externas, como la precipitada en el sistema financiero estadounidense siete años atrás, que fue resuelta con éxito. La discusión de si la desaceleración de la economía china iba a ser un aterrizaje «suave» o «forzoso» se está resolviendo favor de la segunda opción. Las preguntas políticas se agudizan: ¿podrá el comunismo chino mantener el control político del país? ¿O el freno de la economía generará fuertes tensiones sociales que deriven hacia reclamos de apertura política? Hoy nadie lo sabe, pero quizás sea el mayor desafío que enfrenta el Partido Comunista Chino desde que inició las reformas casi cuatro décadas atrás.

La primera cuestión es cómo repercutirá la crisis china en el propio continente asiático, cada vez más convertido en el centro de la economía mundial. Las proyecciones de largo plazo sostienen por lo general no sólo que en 2050 China será la primera economía del mundo, sino que India será la segunda. EEUU, relegado al tercer lugar, sería seguido por Indonesia y Japón, quienes se disputarían el cuarto lugar. Es decir que para estas proyecciones, sobre las cuatro economías más grandes del mundo para mediados del siglo, tres de ellas serían asiáticas. En lo inmediato está claro que la devaluación china provocó devaluaciones compensatorias en casi todos los países asiáticos, comenzando por India y siguiendo por Singapur, Malasia, Bangladesh, Vietnam, Corea del Sur, Filipinas, Tailandia y otros. Japón es la segunda economía de Asia y la tercera del mundo y ha registrado un crecimiento negativo de 1,6% en el segundo trimestre del año. La crisis china se da sobre una economía japonesa que sigue sin dar una respuesta definidamente positiva a los «estímulos» del primer ministro Abe.

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Si bien hoy los alcances de la crisis china son imprevisibles, para el mundo desarrollado son un problema, dado su crecimiento intermitente o frágil. Tanto la Casa Blanca como Wall Street han salido con un mensaje claro: «EEUU no es China», buscando evitar analogías que lleven a un efecto contagio. Pero la bolsa estadounidense ha demostrado estos días ser muy sensible a lo que sucede en la potencia asiática y en un mundo en el cual la globalización ha avanzado a un nivel sin precedentes. Con el impulso del desarrollo instantáneo de las comunicaciones, EEUU está menos aislado del mundo que en el pasado. La Fed ha ratificado que comenzará a subir la tasa de interés antes de finalizar el año, para mostrar que el país no se verá afectado por la crisis china. Pero esto puede modificarse si no fuera así. En cuanto a Europa, los efectos van en dos direcciones. Alemania disputa a EEUU el lugar de segundo exportador del mundo y China es el primer destino de sus exportaciones. Los exportadores europeos se verán afectados por menores importaciones chinas de sus productos, lo que también tendrá lugar en otras regiones del llamado mundo emergente. La intermitente crisis griega y la fragilidad financiera que siguen mostrando varios países de Europa del sur pueden complicarse en un escenario de aumento en las tasas de interés y salida de capitales hacia países e inversiones más seguras, como suelen ser los Bonos del Tesoro de los EEUU. Así como la globalización de la crisis financiera estadounidense de 2008 fue contenida por el crecimiento del mundo emergente liderado por China, ¿podrá ahora el mundo desarrollado jugar un rol semejante frente a la crisis del mundo emergente que anticipa China en el mundo y Brasil en América Latina?

Los efectos sobre el mundo emergente son más claros, directos y son negativos. América Latina, Medio Oriente y África sufrirán las consecuencias negativas en una doble dirección: se consumirán menos sus materias primas y el precio de ellas será más bajo. El petróleo está superando el mínimo del año 2008 y lo mismo está sucediendo con el resto de las materias primas, como los alimentos y los minerales. La fuga de capitales y las carreras devaluatorias se agregarán en estas regiones. Esta semana, tanto Irán como Venezuela pidieron una reunión de urgencia de la OPEP. África es una región que en los últimos años ha tenido un fuerte crecimiento y una importante reducción de la pobreza por el aumento en el precio de las materias primas y las inversiones chinas, que hoy triplican a las de EEUU en el continente. Ahora, África sufrirá en ambos aspectos. América Latina en su conjunto se benefició también de los precios de las materias primas, y en particular lo hizo América del Sur respecto a las inversiones chinas en años recientes. Sin embargo, es la región del mundo que menos crece en 2015 y el impacto que sufrirá por esta crisis va a ser importante. En Medio Oriente, la caída del precio del petróleo afecta a los dos países que se disputan la hegemonía regional: Irán y Arabia Saudita. Pese a las guerras civiles y al terrorismo que vive la región, su nivel de crecimiento no había sido bajo, lo que ahora seguramente cambiará. El mercado emergente más importante de esta región es Turquía, cuya economía ya se viene resintiendo desde hace meses.

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En conclusión: la crisis china es un desafío inédito para la dirigencia del país, dado que por primera vez es quien genera una crisis global y no quien la sufre, modera y contiene; los países del Asia -que cada día se transforma más en el centro de la economía global- han reaccionado con devaluaciones, buscando neutralizar los efectos de lo que sucede en la potencia asiática; la cuestión es si el mundo desarrollado (EEUU y Europa), con un crecimiento intermitente o frágil, podrán o no contener los efectos globales de la crisis china y para el resto del mundo emergente (América Latina, África y Medio Oriente), los efectos sin duda serán negativos por la baja en el precio de las materias primas que exportan.

Fuente: http://www.nuevamayoria.com/

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