En defensa de la tesis de Agustín Laje. “Lo que “[email protected]” nos ocultan”. Por Andrés Irasuste.

“Indagad, comparad las costumbres del universo; por todas partes veréis el incesto como algo legítimo, considerado como una ley sabia y la más indicada para cimentar los lazos familiares. En una palabra, si el amor nace de las semejanzas, ¿cabría hallar otro más perfecto que el que pueda existir entre un hermano y una hermana, entre el padre y su hija?”  (Marqués de Sade. La filosofía en el tocador)

Hace pocas horas, el analista político argentino Agustín Laje ha lanzado un magnífico artículo titulado El feminismo y su vínculo con la pedofilia, en este mismo sitio. Algunas horas después recibió fuertes insultos por distintos usuarios de la red social Facebook, y su cuenta fue bloqueada durante algunas horas con la típica advertencia orwelliana del caso. Siempre que sucede esto se activa por sí mismo el deseo de entender qué es lo que ocurrió para que en un mundo presuntamente de libertades, aparezca una policía del pensamiento propia de Hollywood o de la prosa novelesca de Orwell.

Lo que ocurrió es que el Sr. Laje, sin afeites y sin analgesias semánticas, se encargó de desnudar el vínculo profundo y último que existe entre eso que seguimos llamando “feminismo” y el activismo de ciertos grupos que pugnan por la instalación masiva de sus ideas radicales, en este caso la búsqueda de una “legalización” de las relaciones sexuales pedófilas en el orden sociocultural. Escandaloso. Alarmante. Repugnante. Patológico… ¿pero también inentendible? Me temo que no. Entonces indaguemos de qué se trata.

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Agustín Laje: su nota fue atacada y censurada por el lobby feminista y sus aliados de la izquierda internacional.

La modernidad es la era del ascenso del igualitarismo nivelador. Tres palabras mágicas son repetidas sin cesar: libertad, igualdad, derechos. Una sola palabra, en un sentido tan etéreo como turbio pareciera sintetizarlas: democracia. Tres palabras que nos cautivan a todos: ¿acaso de eso no se trata un mundo mejor que toda mente humana sana y bien intencionada debería anhelar? Democracia: una palabra a la que admiramos y ante la cual quedamos petrificados. Es que: ¿acaso interpelar la democracia no implica reavivar la brasa y el fantasma del fascismo?  Pues a nosotros no nos interesa interpelar “la democracia” sino cierto discurso sobre la democracia, aquel que en palabras del sociólogo Anthony Giddens se pretende a sí mismo hoy, en la posmodernidad, como “democracia sexual”. “Quien dice emancipación sexual, a mi entender, dice democracia sexual”, dirá este socialdemócrata asesor del Partido Laborista británico que es Giddens. (1995, p. 165) El sociólogo plantea que la caída histórica de la perversión como concepto moral y psico-patológico  debe ser analizada en el marco de una victoria del estado democrático liberal del mundo desarrollado. Y no se equivoca. La expansión de la modernidad viene de la mano de este proceso, mediante el cual se consolida lo que Giddens llama “pluralismo radical” de masas en las sociedades occidentales, proyecto modernista con el que Giddens se siente plenamente identificado. Lo que anteriormente se consideraba perverso y parte de la “naturaleza” (una desviación), cada vez más tiende a estar dominado paulatinamente por sistemas socialmente organizados. Es aquí donde el feminismo de tercera ola al que hace referencia Laje hará mella; aquel feminismo de género (también llamado “neofeminismo” por Lipovetsky), embebido de concepciones posestructuralistas (todo lo que se desprende de Derrida, Foucault, Lyotard y Butler), así como de una visión socio-constructivista de género. El sexo biológico y la naturaleza humana serían, finalmente, productos históricos y políticos de un sistema social de dominación que se inscribe en una tabula rasa que es el hombre. Escribe muy acertadamente Laje: “El género y el sexo pasan a moverse en esferas distintas: el uno en la cultural, el otro en la biológica. Pero no se necesitará mucho tiempo para que el sexo sea también arrastrado a la esfera cultural, y que Judith Butler declare, bajo aplausos de la progresía academicista, que el sexo en verdad siempre fue género.”

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El socialista británico Anthony Guiddens: enemigo declarado de la Civilización Occidental

Dado que desde su tufillo marxista-gramsciano estos movimientos conciben que vivimos bajo una inefable opresión, la tarea será, desde la acción social, educativa y política, el desmantelamiento de ese supuesto sistema social de relaciones de dominación para sustituirlo por el que “[email protected]” buscan. No les estamos concediendo una victoria en el campo de batalla semántico, tan sólo apelamos a su modismo para que el lector identifique el rostro de nuestro objeto de análisis.

Así, el neomarxismo de estos grupos organizados (y bien financiados por grandes magnates filántropos como Rockefeller y Soros) ha logrado sustituir el discurso de lucha de clases por el de lucha de género. Habrá que preguntarse, pues, cuál es entonces su proyecto y su visión de sociedad.

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El millonario de izquierda George Soros: sponsor oficial de los ideólogos del género.

La inmensa mayoría de las personas que adhieren al feminismo poseen buenas  intenciones. Si el lector fue atento con la prosa de Laje, habrá visto que este distingue tres olas de feminismo: el feminismo sufragista (del cual estamos ya muy lejos), el marxista y el actual feminismo de género o neomarxista. A simple vista este es meramente una versión aggiornada y edulcorada del feminismo de siempre. Es que, ¿por qué habría de ser cuestionable adherir a una lucha por la “igualdad” de la mujer y sus derechos? Nadie en su sano juicio debería oponerse a ello. El problema adviene en qué se entiende, pues, por igualdad. Desde luego, para el feminismo neo marxista, el cual niega la existencia de una naturaleza humana en general, y más aún entre los sexos en particular, no hay diferencia entre hombre y mujer. Ya lo hemos visto: resulta que el sexo era ya género, una simple construcción socio-cultural. Sin embargo, esto no es más que un delirio ideológico, y excedería los límites de este artículo demostrarlo. A su vez, las pretensiones de este feminismo neomarxista excede el Derecho: apunta a lo ontológico.

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Militantes del feminismo neomarxista: por las características de la imagen suponemos que se trata de personas del sexo femenino.

No sólo de buenas intenciones se conforman los grandes movimientos políticos. El socialismo como idea abstracta seduce, cual encantador de serpientes, a inmensas mayorías. Tal como ha dicho alguna vez Ludwig von Mises, el socialismo no ha fracasado porque presente resistencias: sigue siendo la ideología dominante. Fracasa sencillamente porque es irrealizable. Y esta idea, basada en la adhesión en base a  buenas intenciones de millones y millones de personas, ha dejado una estela de más de 100 millones de muertos en el siglo XX en todo el mundo. La historia y la política no se hacen simplemente con buenas intenciones, se necesita más que eso. Y el feminismo, cuya raigambre viene siendo marxista desde Lenin, Kollontai, Marcuse y Simone de Beauvoir, presenta el mismo rostro impoluto: el de una idea noble y buena. Pero esconde profundas aberraciones que paulatinamente van conquistando el espacio sociocultural. La clave está en ir introduciendo paulatinos grados de radicalismo y de subversión cultural en el saco roto de las ideas nobles presentadas amenamente ante la opinión pública, siempre bajo el rótulo de los derechos y la democracia.

El aborto es un excelente ejemplo. En los años 50s la opinión pública norteamericana era muy reacia a la idea de legalizar el aborto (hoy llamado eufemísticamente “interrupción voluntaria del embarazo”). Los movimientos feministas se dieron cuenta (apelando a Gramsci y a los padres de la psicología social) que de nada serviría presentar a debate una idea radical rechazada en primera instancia ante la opinión pública. Eso no es estratégico. Lo estratégico es hacerlo gradualmente. Esto ha sido analizado por el antropólogo Marvin Harris. Es que estos movimientos (como muy bien dice Harris), al ser el ala radical de la revolución sexual cultural, se han encargado de producir todo un bagaje teórico en donde la maternidad es considerada como una pesada maldición impuesta por el “patriarcado” a las mujeres: si la mujer desea ser libre, si no logra hacer de la homosexualidad una forma de liberación, al menos que rechace la maternidad como ideal. El embarazo es, para ellas, una deformación sobre el cuerpo (sic) impuesta por el patriarcado al servicio de la especie y los intereses de la civilización, y el feto es proclamado como un inquilino (sic) no deseado y hasta como un parásito biológico (sic) colocado por el patriarcado en el cuerpo de la mujer. La maternidad es considerada un estado de decadencia psicológica y física. (Harris, 2006, pp. 127 ss.) Shulamith Firestone (citada por Laje) hablaba de suprimir la niñez, es decir, el vínculo entre madre e hijo es el de una “opresión mutuamente compartida”, por lo tanto eliminémoslo. Liberar a la mujer implicará liberar al niño, dado que la opresión de la mujer está en la crianza y en sus funciones procreadoras. (Firestone, 1976, pp. 93 ss.) El corolario que se desprende de esto es la defensa del abortismo como postura ideológica en nombre de los derechos de la mujer. Como es de esperar, la mayoría de las mujeres no han adherido explícitamente a estos repugnantes enunciados, pero ello no importa tanto de momento en que expresan una realidad que, aunque enunciada en otros términos mucho menos radicales, constituye la creciente tendencia de millones de mujeres que en Occidente renuncian a la maternidad en función de conservar un ideal de belleza corporal y un proyecto individual(ista) de vida. Adherir al espíritu de una época y sus enunciados va más allá del contenido explícito de los mismo. Dice el propio Marvin Harris: “evidentemente sólo una pequeña minoría de las feministas mantiene estas posiciones extremas, pero a juzgar por la caída de las tasas de natalidad, el mensaje no ha caído en saco roto”. (Harris, 2006, p. 128) No importa tanto que la mayoría de las mujeres no consideren al feto de hecho como un parásito biológico (y no lo creen así porque a diferencia de las ideólogas del lesbo-feminismo son personas mentalmente sanas), el hecho es que ya no desean tanto como antes procrear y ser madres. El resultado es lo que esencialmente importa: se trata de un cálculo ideológico utilitario. Si no puedes convencer a las mujeres de que portan un parásito indeseable en su vientre, convéncelas por otros medios de que no es tan buena idea ser madre (por diversos motivos). Convéncelas de que es un “derecho humano” abortar.  Finalmente, el proyecto radical de un ala minoritaria del feminismo de los 60s adquirió hegemonía cultural.

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El crimen del aborto: este es el “derecho a decidir” que reclama la militancia feminista y las organizaciones de “Derechos Humanos”.

El psicólogo fundador del estudio de la opinión pública, Walter Lippmann, ya advirtió que la misma está conformada por un triángulo: el escenario de los acontecimientos, la representación mental de dicho escenario (individual o colectiva), y la respuesta humana frente a la representación del escenario. Obsérvese que la respuesta no es ante el escenario en sí, sino que siempre es ante la representación del mismo. Una cosa es lo que la gente se representa sobre los eventos y otra es el real escenario donde ocurren los mismos. Esto es crucial. Nuestro escenario es a simple vista el de una noble lucha feminista. Otra cosa es el feminismo de género detrás de bastidores. Aquí entra el concepto de ventana de Overton. Esto se trata de una simple técnica de conductismo sociológico por medio de la propaganda y la legitimación en instancias “científicas” de cierta idea que se desee instalar como hegemónica. La ventana de Overton simplemente da una noción del grado de aceptación social y tolerancia a una idea propuesta. Proponer la legalización de la pedofilia y del incesto sería algo del orden de lo impensado, lo perverso y lo repugnante. Al menos hoy. Sin embargo, usted puede colocar el debate no directamente en la opinión pública sino primero en “ámbitos científicos” reducidos: existen muchas etnias no occidentales, por ejemplo en la Polinesia, donde el incesto homosexual es la norma desde la niñez. Corolario implícito: “el incesto es una construcción occidental y cristiana pero no es universal…” ¿Se da usted cuenta, estimado lector, cómo funciona? Así se irá pasando de lo radical e impensado hacia lo aceptable. Y ya nos encontramos en esta etapa: recientemente, las juventudes del partido liberal sueco proponen legalizar el incesto, y recordemos que Suecia forma parte de la UE, por lo que un partido político importante como el Partido Liberal implica tener eurodiputados, y por tanto instalar el debate a ese nivel. (ABC Internacional, 2016). No es el único caso. El del juez australiano Garry Neilson sorprendió a la opinión pública, pero a nosotros no tanto: afirma que puede llegar la hora en que debamos considerar al incesto y la pedofilia como prácticas “aceptables” dado que aquello que es tabú, en última instancia, está definido por el consenso social. Neilson afirma que si las relaciones homosexuales hoy son aceptadas debido a que el consenso cultural cambió, bien que podríamos emprender los cambios homólogos concernientes al incesto y la pedofilia. Quizás –afirma- un jurado no debería ver tan mal que un hermano tenga sexo con su hermana si ésta está biológicamente preparada y “sin pareja”: ‘a jury might find nothing untoward in the advance of a brother towards his sister once she had sexually matured, had sexual relationships with other men and was now ‘available,’ not having [a] sexual partner’, y en caso de quedar embarazada, después de todo existe acceso fácil al aborto para quitarnos ese escollo de encima. (Russia Today News, 2014) La prole entre parientes es más propensa a las anormalidades cromosómicas, y ese es el único motivo “objetivo”, sostiene Neilson, para no desear el incesto, pero ello puede ser fácilmente evitado con anticoncepción y/o interrupción voluntaria del embarazo. (Molloy, 2014, The independent) La opinión pública aún se escandaliza frente a estas cosas, como sucedió en Australia con Neilson, pero sin embargo: ¿puede que llegue el día en que cada vez lo haga menos…? Laje ha citado el ejemplo de NAMBLA, el cual no describiremos aquí. Similar a NAMBLA es la asociación neerlandesa “Martijn”, la cual, liderada hoy por Marthijn Uitenboogaard, ha sido resarcida por el Tribunal de Apelaciones de Arhem (Holanda), cuyo dictamen anuló la orden judicial previa que aspiraba a disolver dicha organización. Cuando esta orden judicial se había expedido, Uitenboogaard la tildó de “ataque a la libertad de expresión”. (Corder, The Huffington Post, 2012). Esta red (fundada en 1982 en la tolerante Holanda como una “plataforma para debatir la pedofilia”), promueve la “relación sexual consentida” entre adultos y niños, pero eso sí: se declara en contra de cualquier forma de abuso… no obstante, su ex presidente el señor Ad van den Berg fue condenado tres años a prisión en 2011 por posesión de material pornográfico ilegal. Según este sujeto, los videos y demás materiales de pornografía infantil eran de “índole científica”.

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Pedófilos asociados bajo la sigla NAMBLA, marchan impunemente solicitando se legalice tan abominable perversión.

Así, es aquí donde comienza a pesar la voz de los “expertos” y las autoridades. Por lo tanto eso implica que usted, ciudadano común, debería escucharlos. Porque se supone que ellos saben de lo que hablan (el saber es poder). Estas autoridades y expertos le hablarán de tecnicismos. Le hablarán de tolerancia y apertura mental. Le hablarán de derechos: los derechos del niño y del adolescente: quizás la libre expresión del deseo sexual y afectivo del joven y del niño va más allá de lo que pensábamos. Así, se irá de lo aceptable a lo sensato en la ventana de Overton. Nos encontramos yendo hacia esa fase del consenso. Luego, finalmente, se pasará de lo sensato a lo popular y luego de lo popular a lo político (la “legalización”). Si usted cree descabellado que en 20 años (¿quizás menos?) estemos debatiendo en programas de TV y redes sociales sobre pedofilia e incesto en nombre de la libre expresión del deseo del joven, examine la historia: hallará varios ejemplos. El aborto es uno. La despsiquiatrización de la homosexualidad en 1973 en USA ocurrió exactamente de la misma forma. ¿Acaso usted se atrevería hoy a considerar que son expresiones problemáticas  de la conducta humana…? El aparato cultural no necesitaría emprender acciones: su propia consciencia lo haría antes y su voz interior lo censuraría y le diría que usted es un repugnante cavernícola.

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Si aún no cree que estemos ante algo preocupante, mencionemos que la APA (Asociación Americana de Psiquiatría) estuvo recientemente a punto de despsiquiatrizar la pedofilia. Así es: ello ha estado a punto de ocurrir recientemente, en el año 2013, durante la elaboración del nuevo manual de psiquiatría DSM 5. Se manejó mediáticamente en la prensa anglosajona que la APA incluiría ahora a la pedofilia como una mera variante “diversa” más de la orientación sexual humana en su catálogo. Una vez proliferada la noticia, con sus predecibles efectos de escándalo incluso en las redes sociales, hubo una misteriosa marcha atrás de los voceros de la APA, quienes afirmaron que al decir “orientación sexual” en realidad debería haberse leído entrelíneas “interés sexual”, y no una variante “normal” (suponemos, interpretamos) de la sexualidad humana:

            “‘Sexual orientation’ is not a term used in the diagnostic criteria for pedophilic disorder and its use in the DSM-5 text discussion is an error and should read ‘sexual interest.’ In fact, APA considers pedophilic disorder a ‘paraphilia,’ not a ‘sexual orientation.’ This error will be corrected in the electronic version of DSM-5 and the next printing of the manual.” (Leclaire, 2013, Charisma News)

Alguien podría decir, en un acto de salvataje de corrección política, que esto bien podría haber sido una malintencionada manipulación de ciertos “medios de prensa conservadores”. No obstante, lo curioso es que el documento oficial del comunicado de la APA no sólo no afirma que haya sido una tergiversación de mala fe de parte de la prensa, sino que incluso proseguiría a corregir el borrador del manual tal como ya decía la propia prensa: ‘This error will be corrected in the electronic version of DSM-5 and the next printing of the manual.‘ Un extraño “error”.[1] Sabemos que desde 1973, las minorías organizadas se instalaron en la APA, formando en su directorio un consejo permanente. Esto para nada es un evento ocultado, sino que es resaltado hoy por decenas de perpetradores de aquellos acontecimientos y considerado como un logro de su lucha. El ex liberacionista gay y hoy historiador Michael Bronski (uno entre muchos), si bien sólo dedica un párrafo a estos sucesos, dice algo que no es menor. Bronski afirma, sin culpas ni miramientos, que la APA fue sometida a presión de lobby por activistas gays y lesbianas desde adentro:

            “In December 1973 (…) the American Psychiatric Association, after being lobbied by lesbian and gay activists and professionals within the organization, voted to formally drop homosexuality from the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM).” (2011, p. 218)

Saque usted sus conclusiones.  Desde los años 60s, el ala radical del feminismo es la que conduce a diversas minorías radicalizadas: gay liberation, yonquis liberation, niggers liberation. Queer liberation.

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La lider Beatriz Preciado: principal referente ideológica del activismo “de género” más radicalizado (Teoría Queer). Para la foto se olvidó de afeitarse.

Me temo que el feminismo radical que Laje ha descrito para nada consiste en una minoría de mujeres mentalmente patológicas. Vienen instrumentando acción social y psicológica desde hace décadas, y tal es su verdadero rostro, disfrazado de ideas amenas y políticamente correctas.  Su meta no es otra que la implosión final de las bases de la civilización occidental y cristiana: relaciones de filiación, de parentesco y de edad de consentimiento sexual. Y para ese abordaje véase el artículo de Laje, así como su próximo libro. Todo esto va de la mano. Le llaman (apelando a Derrida) “deconstrucción”: deconstrucción del género, de los vínculos, de la identidad, deconstrucción de la familia. Nosotros le llamamos destrucción.

Como muy bien ha sabido enunciar uno de los padres de la propaganda contemporánea, el sobrino de Freud Edward Bernays (quien trabajaba como alto asesor del gobierno norteamericano), la propaganda no es otra cosa que crear y moldear eventos para establecer una relación entre un público y una idea. (2005, p. 52) Y una idea se transforma en idea fuerza cuando el individuo se percata de que se ha transformado en idea de peso en su entorno y entre sus pares. Es muy difícil escapar a la presión social del rebaño atravesado de cierta public opinion. Sin embargo, muchas veces la verdad es del orden de lo contra-intuitivo y no es amiga del consenso social. La verdad no depende del número de suscriptores a una idea. Y he ahí el problema: la “democracia sexual” de Giddens, como buena democracia radical de masas, nos dice que la verdad es la opinión mayoritaria, instalada esta por medio de la acción psicosocial neomarxista. Y sabemos que no lo es.

Si aun no leíste la precitada nota de Agustín Laje podés hacerlo clickeando acá:

Referencias:

  • “¿Cómo legalizar cualquier fenómeno, desde la eutanasia hasta el canibalismo?” (18 de abril de 2014) RT News. Recuperado de: https://actualidad.rt.com/sociedad/view/125437-legalizar-overton-eutanasia-incesto
  • “Las juventudes del partido liberal sueco defienden legalizar la necrofilia y el incesto” (24 de Febrero de 2016) ABC Internacional. Recuperado de: http://www.abc.es/internacional/abci-juventudes-partido-liberal-sueco-defienden-legalizar-necrofilia-y-incesto-201602241013_noticia.htmlAPA
  • Bernays, Edward. (2005) Propaganda. New York: IG Publishing.
  • Bronski, Michael. (2011) A Queer History of the United States. Boston: Beacon Press.
  • Corder, Mark. (2012, 27 de Julio) Martijn, Dutch Pedophile Association, Outlawed. The Huffington Post. Recuperado de http://www.huffingtonpost.com/2012/06/27/martijn-dutch-pedophile-association_n_1630170.html
  • Firestone, Shulamith. (1976) La dialéctica del sexo. En defensa de la revolución feminista. Barcelona: Kairós.
  • Giddens, Anthony. (1995) La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Madrid: Cátedra.
  • Harris, Marvin. (2006) La cultura norteamericana contemporánea. Una visión antropológica. Madrid: Alianza.
  • Laje, Agustín. (20 de marzo de 2016) El feminismo y su vínculo con la pedofilia. Prensa Republicana. Recuperado de: https://prensarepublicana.com/el-feminismo-y-su-vinculo-con-la-pedofilia-por-agustin-laje/
  • Lippmann, Walter. (1921) Public Opinion. Long Island: USA.
  • Molloy, Antonia. ‘Incest is no longer a taboo,’ says Australian judge Garry Neilson. (11 de Julio, 2014) The Independent. Recuperado de http://www.independent.co.uk/news/world/australasia/incest-is-no-longer-a-taboo-says-australian-judge-garry-neilson-9599552.html
  • Outrage as Australian judge says incest, pedophilia ‘may be accepted’ by society. (11 de Julio, 2014) Russia Today. Recuperado de http://rt.com/news/171868-australia-judge-incest-homosexuality/
  • Statement on DSM-5 Text Error. Pedophilic disorder text error to be corrected (2013, Octubre) American Psychiatric Association. Recuperado de http://www.dsm5.org/Documents/13-67-DSM-Correction-103113.pdf

[1] Véase: http://www.dsm5.org/Documents/13-67-DSM-Correction-103113.pdf

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