Las tarifas y la “herencia recibida”. Por Adrián Arena

A nueve meses de asumido el actual gobierno es hora de ver la realidad separada del que se fue. Lo que hoy pasa es producto de lo que el gobierno hace o deja de hacer. La “herencia recibida” fijó el contexto del punto de partida y marcó condicionamientos que nadie ignora, pero no más que eso.

En materia de tarifas de los servicios públicos el contexto indicaba que debían ser ajustadas y que el esquema de subsidios generalizados resultaba insostenible. Y, como condicionamiento, que ciertos sectores vulnerables no estaban en condiciones de soportar la totalidad del peso de ese necesario ajuste.

Ahora bien, en cuanto a las formas de proceder a sincerar los precios de las tarifas, nada tuvo que ver la famosa “herencia recibida”. Su planificación y ejecución corrió por cuenta exclusiva del gobierno quien, en consecuencia, es el único responsable de sus resultados.

El fracaso del ajuste, tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que resuelve en definitiva la cuestión invalidándolo para los usuarios residenciales por un vicio esencial en el procedimiento al haberse omitido la convocatoria a audiencia pública, es responsabilidad exclusiva del gobierno. De la mala praxis de sus funcionarios cuyos cargos, por lo visto, no serán reclamados por el Presidente de la República como cabría esperar en estos casos. Ni siquiera puesto públicamente a su disposición por esos funcionarios en un gesto de moralidad republicana aparentemente ausente.

Nada tiene que ver la Corte en todo esto que, sencillamente, se limitó a aplicar la ley señalando los derechos vulnerados por el Estado, los sujetos afectados y sus consecuencias.
Pero no sólo eso. El fallo de la Corte le otorgó al gobierno la salida del embrollo donde su propia torpeza lo había llevado y fue Marcos Peña el que decidió tomar esa vía de escape al decir en conferencia de prensa: “Los fallos de la Corte están para cumplirse, no para comentarse”.
Ahora el gobierno deberá rehacer lo que se hizo mal y no puede permitirse cometer errores.

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