Las Divisiones del Papa. Por Arnaldo de Vilanova

En cierta ocasión un periodista le preguntó a Jaime Durán Barba, el gurú de Cambiemos, qué opinión le merecía la manifiesta animadversión del Papa Francisco hacia el Gobierno de Mauricio Macri. ¿El Papa? No representa ni diez votos, fue la réplica del ecuatoriano. El hecho nos trajo a la memoria la célebre anécdota de José Stalin, el brutal tirano comunista, cuando en mayo de 1935, en ocasión de la firma del pacto de no agresión entre Rusia y Francia, el ministro francés Laval le pidió que disminuyera la fuerte presión que ejercía sobre los católicos rusos a fin de poder mejorar la relación de Francia con el Vaticano a lo que Stalin respondió ¡Ah, el Papa! ¿Cuántas divisiones tiene el Papa?

No se nos escapa el inmenso abismo que media entre aquella encarnación del mal que fue Stalin y un módico encantador de serpientes asesor de marketing de una democracia sudamericana. Sin embargo, uno y otro son ejemplos de lo que puede la necedad humana; necedad que en este caso consiste en no advertir que en la historia juegan fuerzas mucho más poderosas que las divisiones y, ni digamos, que los votos.

Lo dicho viene a cuento de la extraña alianza entre el Papa Francisco y ciertos sectores ideológicos, políticos y sindicales del peronismo en su versión kirchnerista, fraguada en Santa Marta e instrumentada entre nosotros por los eficientes operadores papales, mitrados y laicos. Esta alianza es bastante evidente y pocas dudas caben acerca de que Bergoglio ha movilizado todas sus “Divisiones” con el único objetivo de hacerle la guerra a Macri. Más aún, de provocar su derrota en las próximas elecciones a favor del kirchnerismo, agitando y azuzando a su favor la seria situación social agravada en el último año por la debacle económica y financiera del macrismo.

Algunos antecedentes

Esta ofensiva papal, sin embargo, no se pone en marcha ahora ante la inminencia de las elecciones. Por el contario, viene ejecutándose desde tiempo atrás. Prueba de lo que decimos son algunos hechos acaecidos a lo largo del año pasado y que conviene traer a la memoria para entender mejor la situación presente. Así se ha de recordar, por ejemplo, la misa (con oración ecuménica incluida) que se celebró en Luján el sábado 19 de octubre de 2018, presidida por el Arzobispo de Mercedes-Luján, Monseñor Agustín Radrizzani. Allí se dio cita una extraña y variopinta “feligresía” integrada por los principales capitostes del sindicalismo peronista, algunos de ellos portadores de ominosas fachas y de no menos ominosos prontuarios judiciales, operadores políticos del justicialismo como Julián Domínguez (a quien se atribuyó la organización del evento), el santón de los derechos humanos, Pérez Esquivel, pastores evangélicos y otras yerbas de idéntica o similar especie.

La homilía que pronunció el Arzobispo en aquella ocasión no hizo sino reiterar la acostumbrada retórica episcopal en la que en vano se buscará el menor atisbo de un juicio católico sobre la situación social y política argentina; menos aún una denuncia frontal de la terrible ofensiva de la ideología de género y de la mal llamada “educación sexual integral”, abiertamente promovidas desde el Gobierno e impuestas totalitariamente aún a las mismas escuelas católicas: sólo el habitual macaneo de la corrección política. Lo curioso es que tanto Radrizzani -quien días después pidió perdón a quienes pudieron sentirse ofendidos por la misa- como el Presidente de la CEA, Ojea Quintana, -quien, en su momento, avaló plenamente la “actitud pastoral” de su hermano en el episcopado- se apresuraron a despegar al papa Francisco de toda responsabilidad no obstante las tajantes afirmaciones del camionero Pablo Moyano quien dijo que sin la venia pontificia el acto no hubiera sido posible.

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Se ha de recordar, también, que pocos días ante del encuentro de Luján, el responsable de la Pastoral Social, Monseñor Lugones, se había reunido con el patriarca de los camioneros Hugo Moyano. Tampoco es de olvidar que en la  reunión de la Pastoral Social, en Mar del Plata, en el mes de junio de aquel año, Lugones había dado un franco e indisimulado apoyo al paro general que se llevó a cabo el día 25, siempre de ese mismo mes y año.

Las cosas, empero, no se detuvieron aquí. Por el blog oficioso de la Santa Sede, Vatican Insider, nos enteramos de la existencia, por la misma época, de otra “misa sindical” celebrada, esta vez, en la Catedral de La Plata, el día 5 de octubre, bajo la presidencia del Arzobispo Víctor Manuel Fernández (más conocido por Tucho). De acuerdo con la crónica vaticana, “previo a la celebración de la palabra y rogar por la paz social, este viernes 5 de octubre, ingresaron al salón de la Catedral los principales dirigentes sindicales y sociales. Ellos ya habían mostrado que no concurrían a una misa más, era “la misa” para los luchadores. Al punto que fue permitido que colgaran las banderas de sus respectivos gremios en las rejas que rodean el inmenso templo de la llamada “ciudad de las diagonales”. Nunca antes se había visto la catedral vestida con simbología sindical, algunos hasta con la cara de sus referentes (como Hugo y Pablo Moyano de Camioneros) o de su máximo líder y creador, el tres veces presidente, Juan D. Perón” (Vatican Insider, edición del 12 de octubre de 2018). Así las gastan ciertos obispos argentinos y sus singulares feligreses.

Sólo la punta de un iceberg

Pero lo que pasó en Luján, en La Plata y, antes, en Mar del Plata, es sólo la punta de un iceberg más profundo e importante. En efecto, desde que Macri asumió la Presidencia Francisco está empeñado en hacerle la guerra por todos los medios posibles. Sobran al respecto gestos y palabras. Entre los primeros, los gestos, debe rotularse, ante todo, el permanente desfile de personajes fuertemente vinculados con la guerra social y los llamados “movimientos populares” -el caso de Juan Grabois es el más notorio- aparte de numerosos y conspicuos representantes de la izquierda populista; algunos de estos personajes son ya habitués de Santa Marta y van y vienen llevando información y trayendo instrucciones. Si, por otra parte, nos atenemos a las palabras del Papa, ellas han sido claras más allá de sus acostumbradas elipsis: con frecuencia se advierte que la retórica papal, más próxima al discurso populista que a la doctrina de la Iglesia, apunta al corazón del macrismo.

Ahora bien, esta intervención directa de Bergoglio en los entresijos de la política argentina lejos está de ser un factor de menor cuantía; por el contrario, la capacidad de movilización y de masa crítica que exhiben las “Divisiones” papales es, cuanto menos, de tener muy en cuenta. En suma, el Papa está hoy movilizando toda su capacidad de influencia y de maniobra aunque no precisamente en favor de una regeneración católica de la Argentina o al menos en pro de la instauración de un orden político más o menos justo, sino en pro de la restauración de un populismo de izquierda en consonancia con la política llevada a cabo por el Vaticano en el resto de la llamada América Latina.

Frente a esto, el gobierno de Cambiemos está mostrando en toda su crudeza, su peor cara laicista, masónica y mundialista. El fallido intento de legalización del aborto, promovido activamente por el mismo Presidente y sus principales operadores políticos y mediáticos aún a costa de la fractura de la propia colación gobernante, es prueba de lo que decimos. A esto hay que sumar el desembarco del poder financiero con sus exigencias de agenda “cultural” (léase aborto, políticas de derechos de género, eutanasia, etc.), el apoyo de las usinas mundialistas, las sonrientes fotos del Presidente con personajes de la peor calaña, como La Directora del FMI o el Premier canadiense (caras visibles y emblemáticas del mundialismo), la embestida de las logias masónicas que se exhiben a la luz del día y la vergonzosa supresión del sostenimiento económico a la Iglesia, consentida por la propia Conferencia Episcopal. Agréguese a esto la reciente incorporación al oficialismo del peronista Pichetto, figura siniestra fuertemente vinculada a los lobbies abortistas y a los círculos financieros mundiales.

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El escenario electoral

 

Para peor, Macri no ha pasado nunca de una burda concepción ingenieril de la política; por eso carece de los instrumentos conceptuales básicos para entender la compleja trama de la política actual. En este marco, problemas como la guerra social, la agresión mundialista, el poder financiero y las intrigas masónicas escapan por completo a su percepción. Incluso, en su ignorancia casi invencible no advierte que ese mundialismo al que se aferra ha comenzado a agrietarse, que en Europa y en Estados Unidos (y ahora en el vecino Brasil) está empezando a escribirse otra historia, bastante incierta todavía, y que por eso mismo la más elemental prudencia aconseja asumir una actitud de espera y poner en marcha una política nacional que despegue en cuanto sea posible del poder financiero. Tiene que haber alguna alternativa a la aparente única opción de un endeudamiento crónico. A favor de esta inepcia pululan los gurúes del marketing, los formadores de imágenes, los medidores de opinión, los calculistas de costos políticos, los sesudos analistas, los negociadores de consensos imposibles y un largo etcétera.

En este contexto el país se enfrenta a un escenario electoral particularmente grave. La ruleta rusa de las elecciones no deja, esta vez, demasiadas posibilidades: o Cristina Kirchner y su títere Alberto Fernández o el mismo Macri y su neo aliado peronista Pichetto. El futuro gobierno de la Argentina, por tanto, ha sido echado a suerte entre los miembros de un cuarteto de abortistas, promotores de la ideología de género y gerentes locales del poder financiero mundial.

La pregunta que surge es: ¿está jugando el Papa algún papel en este escenario electoral? En caso afirmativo ¿cómo juega? Respecto de  la primera pregunta va de suyo que sí ya que, como dijimos, Bergoglio no ha dejado de interferir en la política local desde el primer día de su Pontificado. Además, por si fuera necesario abundar en pruebas, su inocultable intervención en las recientes elecciones italianas en las que enfrentó abiertamente al católico Salvini (y perdió) no deja lugar a dudas respecto de la “vocación” firmemente política de este Papa. Todo indica, por otra parte, que sus “Divisiones” se alistarán en favor de los candidatos kirchneristas. Más allá de las denuncias y revelaciones del periodista Lanata no resulta difícil advertir hacia donde apuntan las huestes papales. Y repetimos: las “Divisiones del Papa” son de tener muy en cuenta. Argentina no es Italia y aquí no se ve, al menos por ahora, ningún Salvini que lo enfrente.

En este escenario los católicos argentinos que no nos alistamos ni en las “Divisiones” papales ni en las filas de los “males menores” electorales somos unos auténticos outsiders. No tenemos cabida en este juego. Por eso es necesario convocarnos y reunirnos para volver a levantar el estandarte de Cristo Rey. Aunque tan solo sea para bien morir.

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