Mié. Jun 29th, 2022

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Las autoridades argentinas tratan de tapar el escándalo del avión venezolano-iraní. Por María Zaldívar

Por estos días, la Argentina protagoniza un escándalo de proporciones alrededor de un oscuro episodio que involucra el aterrizaje de un Boeing 747 venezolano-iraní que llegó al país con cinco ciudadanos iraníes y 14 venezolanos. Según lo que el periodismo ha podido reconstruir, todo comenzó en los primeros días de junio cuando la nave arribó, partió, volvió y despegó por segunda vez sin inconveniente alguno. Aterrizó en las ciudades de Córdoba, Bariloche y Ezeiza. Minutos después del último decolaje tuvo que regresar al aeropuerto internacional Ministro Pistarini, en la provincia de Buenos Aires, porque Uruguay, país vecino, le impidió bajar para hacerse de combustible.

Recién con ese contratiempo empezó a fluir la información. En la República Argentina, donde aterrizó, hasta donde se sabe por lo menos en dos oportunidades, tanto la aeronave como los 19 tripulantes recibieron un trato amigable de parte de la autoridad aeroportuaria y del servicio de migraciones; sin embargo, las tres empresas presentes en Ezeiza que proveen combustible a los aviones, se negaron a abastecerlo. Dos internacionales y la estatal YPF (que cotiza en la Bolsa de Nueva York) estaban al tanto del reparo de Estados Unidos sobre la mencionada aeronave y las sanciones que les cabría de colaborar con sus movimientos. Por eso el avión intentó reaprovisionarse en Uruguay. 

Antes de llegar a la Argentina, durante el último mes había merodeado por Moscú, Teherán, Belgrado, Aruba, Ciudad del Este (Paraguay, punto clave de la Triple Frontera), Caracas y México. Y si esa ruta no alcanzara para levantar sospechas, tal vez ayude mencionar que el piloto iraní voló hasta la Argentina con el transponder apagado, un peligro para los aviones que estaban en la zona y la forma de ser “indetectable” por las torres de control y las aeronaves cercanas. ¿Por qué querrían pasar desapercibidos?. «Exploraban rutas» sugiere la investigación judicial. La principal hipótesis del juez que entiende en la causa es que los tripulantes del avión hacían espionaje.

Las autoridades argentinas, pretendiendo ignorar todas las irregularidades, dejaron trascender que se trata de un avión de carga que traía repuestos para una empresa de autopartes y seguía viaje con destino final Venezuela. Todo muy inofensivo.

Pero saltearon un detalle: sobre la aeronave pende una alerta internacional por estar sindicada por los Estados Unidos como perteneciente a la empresa iraní Mahan Air, sancionada por su vinculación con actividades terroristas. La empresa venezolana Emtrasur sostiene haber adquirido la unidad en febrero y que, en la actualidad, se dedica al transporte de carga. Sin embargo, los principales servicios de inteligencia occidentales informan que, en verdad, se trata de lo que se conoce como «operación de doble uso«, un avión que denuncia el transporte de materiales y productos diversos para la industria pero pasibles de ser aplicados a la provisión y producción de armamentos. Sería un escudo de aparentes actividades comerciales para maquillar las cadenas de distribución y logística terroristas.

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Mientras la magnitud de los acontecimientos adquiere ribetes internacionales, los funcionarios argentinos se dividen entre los que enmudecieron y se niegan a hacer declaraciones y los que intentan vaguedades. “Puede tratarse de un grupo de iraníes que están capacitando a los venezolanos a pilotear el avión”, dijo sin ruborizarse Agustín Rossi, ex ministro de Defensa y actual jefe de la Agencia Federal de Inteligencia.

Muy distintas fueron las definiciones del Ministro de inteligencia de Paraguay, quien confirmó la vinculación del piloto del avión con las fuerzas Al Quds, guardia revolucionaria islámica especializada en operaciones de Inteligencia y terrorismo, que colabora con Hezbollah y exporta sus operaciones clandestinas a occidente. Rossi, en cambio, se negó a considerar que Al Quds fuera una organización terrorista.

Por su parte, Israel ha expresado su preocupación por la presencia de la aeronave y de los tripulantes en territorio argentino. También Estados Unidos se manifestó; declaró «seguir con mucha atención» la investigación judicial abierta que, en lenguaje diplomático, le está diciendo a la Argentina que están mirando lo que se hace… o lo que se deja de hacer.

Al margen del episodio puntual y sin desmerecer su extrema gravedad, el tema de fondo reside en definir la concepción que tiene la República Argentina de Irán: si es un estado terrorista o no. Para la comunidad internacional, efectivamente financia y patrocina el terrorismo en el mundo y por ese motivo es el país con más sanciones internacionales del planeta.

No debería ser distinto para la Argentina, que tiene en su haber dos atentados brutales, uno contra la embajada de Israel y otro contra la sede de la asociación Mutual Israelita (Amia), más el asesinato del fiscal Alberto Nisman, que investigaba y estaba denunciando el acuerdo kirchnerista con Irán. Se supone que la Argentina vigila la presencia y accionar de iraníes en su territorio. Desde aquellos episodios hay alertas internacionales de detención emitidas por Interpol para varios exaltos funcionarios de Irán acusados de vínculos con los atentados mencionados.

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El poder político, o sea el kirchnerismo, es abiertamente pro-iraní. El presidente Alberto Fernández ha hecho declaraciones que no dejan lugar a dudas del posicionamiento internacional elegido: desde decirle a Vladimir Putin que quisiera ser «la puerta de entrada de Rusia a Latinoamérica» a erigirse en vocero de las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua en la reciente Cumbre de las Américas desarrollada en Los Ángeles, Estados Unidos.

La justicia tampoco actuó con la diligencia que se hubiese necesitado. Nadie sabe qué hicieron ni a dónde fueron los tripulantes durante los primeros días desde que quedaron varados en el país. La fiscal no acusó de ninguna irregularidad a una aeronave con alerta internacional y el juez demoró una semana en disponer su allanamiento.

Finalmente, se secuestraron las dos cajas negras, 18 teléfonos celulares y varias tablets, material que será analizado. Según trascendió, hay algunos miembros del pasaje que estarían por solicitar la salida del país. Traducción: los venezolanos están dispuestos a abandonar el avión y volver a su país a la mayor brevedad posible. Mientras tanto, la causa se demora, se estiran los plazos y está claro que el paso del tiempo siempre juega a favor de la no resolución de las cosas; Y si no es así, que lo digan las víctimas de la voladura de la embajada de Israel, ocurrida hace 30 años y cuya causa sigue abierta y sin detenidos.

Los argentinos, abrumados por la incompetencia y la burocracia estatal, sumidos en la pobreza, con un índice de inflación escandaloso que ronda los tres dígitos anuales, desabastecimiento de combustibles, serias dificultades para la obtención de divisas para la importación, el narcotráfico apoderándose de ciudades enteras, una inseguridad aterradora, la calle tomada por organizaciones de ultraizquierda ante la ausencia absoluta de las fuerzas de seguridad, ahora suman otra preocupación: erigirse en cabecera de playa del eje iraní en la América hispana.

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