La vendetta é un piatto che si mangia freddo – Por Humberto Bonanata

 

Así parece haber pensado la consanguinidad calabresa que circula en el cuerpo de Mauricio Macri.

Habrá recordado cuando en 2013, tras el logro electoral parlamentario que el PRO también integraba en la provincia de Buenos Aires, Sergio Massa –el principal triunfador- comenzó la tarea de socavar dirigentes aislados del PRO en ese distrito.

Supo esperar ocho meses cuando los encuestólogos –cada vez menos creíbles- daban a Massa primero, secundado por Scioli.

El “círculo amarillo” nunca confió en esos datos.

Eran tiempo que el “massismo radical” cascoteaba a Ernesto Sanz para realizar la Convención Nacional a mediados de diciembre y de esa forma –también conforme a las encuestas- elegiría cómodamente a Julio Cobos como candidato presidencial y sellaría una “alianza progresista” descartando de llano al PRO.

La muerte del fiscal Alberto Nisman paralizó el verano. Desde el 18 de enero ningún precandidato se animó a politizar la campaña por el simple hecho del estupor generalizado que a todos nos abrumó.

Daniel Scioli padeció la estocada como fiel representante del kirchnerismo que había sido denunciado por Nisman el 14 de enero en el programa televisivo “A Dos Voces”, sólo cuatro días antes de aparecer muerto. Comenzó a estancarse primero y luego a descender suavemente hacia números que no sólo lo alejan de triunfar en primera vuelta sino más aún de hacerlo en el ballotage del 5 de noviembre.

Macri recuperó la iniciativa a través del difícil triunfo del sanzismo en la histórica Convención de Gualeguaychú.  El mayoritario aval que le dieron sus correligionarios en la madrugada del 15 de marzo no sólo lo potenció como Presidente del Comité Nacional sino como precandidato a presidente en la coalición que integra la UCR junto con el PRO y la Coalición Cívica.

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El principal beneficiado del triunfo de Sanz tiene nombre y apellido: Mauricio Macri.

Así las cosas cuanto más repuntaba Macri más descendía Massa, tras la mirada atónita de Scioli y su reina Cristina.

Pasó el verano y el otoño siguió manteniendo las altas temperaturas no sólo en la atmósfera sino fundamentalmente en la política.

Sellado el acuerdo para disputar las P.A.S.O. entre las tres fuerzas políticas que integran “Cambiemos” –nombre elegido por Marcos Peña- el jefe de gobierno porteño endureció su vendetta hacia Massa destacando su participación en la ANSES como en la Jefatura de gabinete de CFK.

Día que se acercaba al 8 de junio, del que sólo restan 48 horas para oficializar las alianzas electorales, día que Macri endurecía más su postura contra la integración de Massa, ya no en las PASO presidenciales sino también en las bonaerenses.

“María Eugenia Vidal es mi candidata” sonaba como portazo en las narices del hombre de Nordelta.

Las últimas intentonas las produjeron Francisco De Narváez, al resignar su candidatura a gobernador como Jesús Cariglino, Intendente de Malvinas Argentinas y uno de los principales barones del conurbano, reciente incorporación del PRO.

Ambos trataron por diversos medios de colocar al tigrense en la precandidatura a gobernador en las PASO. Ernesto Sanz, desde otra vía intentó lo mismo. Todos fracasaron.

La ida de Massa a Córdoba, en coincidencia con la estadía de Macri en “la docta” tuvo dos objetivos. El primero, de forzar una reunión con Macri encontró el silencio como respuesta.

El segundo, con De la Sota, pareció definir otra estrategia.

“Sergio, vos sos un pibe, tenés cuarenta y tres años y toda una vida por delante. Jugate en la provincia para quitarle votos al kirchnerismo que yo te acompaño en la nacional. Eso sí, dame un nombre fuerte del conurbano para que me acompañe en la presidencial”. Massa, casi sin pensarlo, recuperó el aire de sus pulmones: “Podría ser Joaquín De la Torre (Intendente de San Miguel)” a lo que De la Sota como viejo zorro de las pampas accedió congraciándolo.

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“Alea jacta est” (la suerte está echada) pensaron ambos y comenzaron a pergeñar cómo dañar a Macri en la conferencia de prensa de mañana martes 9, día de paro general en todo el país.

De la Sota terminó de convencerlo a Massa con estos dichos: “Si logramos un 7% en el orden nacional, vos terminás cabeza a cabeza con el oficialismo y además Scioli pierde en las PASO, nos convertimos en la renovación peronista y enterramos el kirchnerismo”.

“Tu Frente Renovador debe competir porque con tus votos de 2013 tiene un montón de guita por cada voto que lograste”, abundaba el cordobés.

“Y vos sabés que los peronistas sabemos oler sangre; seremos los y si árbitros en la pelea final y si Scioli no le gana a Macri, los compañeros harán cola para sumarse con nosotros”.

La estrategia del cordobés tiene sustento político. Siempre la tercera fuerza es el árbitro de la final. El mejor ejemplo siempre se vive en las elecciones españolas con los catalanes que comercian muy caras sus fichas para inclinar la balanza. Y nunca les ha ido mal.

Falta saber si De Narváez acompañará a Massa en la fórmula bonaerense.

Las horas que restan para el cierre del sport –al decir burrero- terminarán de dilucidar la verdad.

Que Dios ilumine al pueblo argentino.

Fuente: http://www.notiar.com.ar/

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