Vie. Sep 18th, 2020

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La partición del PJ entre Scioli y Massa aumenta las chances del no peronismo – Por Carlos Tórtora

Después del sinceramiento de la economía, que se está exteriorizando a través de la devaluación y el ajuste, parece llegarle el turno a la política. Próximo a descongelar el 9 de mayo el Congreso del PJ para designar una nueva conducción, la dirigencia peronista y el cristinismo van llegando a conclusiones comunes. La primera es que, a menos de un año y medio de las primarias presidenciales, el voto peronista se encuentra dividido por la polarización entre Daniel Scioli y Sergio Massa. En esta división, el gobierno conserva de su lado a la casi totalidad de los gobernadores del PJ y a la mayor parte de los intendentes. En circunstancias normales, esto le garantizaría una amplia diferencia sobre el tigrense en las PASO, indescontable luego en la primera vuelta. Pero las encuestas dicen otra cosa: que Massa está consiguiendo plantear en alguna medida el “síndrome de Menem”. Éste, en el ’88, se enfrentó en la interna del PJ a la casi totalidad del aparato político del PJ y lo doblegó en base a su capacidad de captar personalmente el voto popular. Como anécdota vale que en aquella desigual confrontación el único gobernador que apoyó a Menem fue un santacruceño, Ricardo del Val. Aunque el tigrense está hoy lejos de conseguir la penetración en el peronismo profundo del interior que tenía el riojano, existe para el cristinismo el peligro de llegar a un ballotage contra Massa o, algo aún peor, que éste desplace a Scioli o a quien sea, en definitiva, el candidato oficialista, impidiéndole llegar a la supuesta segunda vuelta.

Aunque los cristinistas lo negarán hasta el fin, el principal factor que le restaría votos al Frente para la Victoria será el rol protagónico no sólo de CFK sino de su elite de La Cámpora y demás grupos asociados, que encabezarán las listas para legisladores en todo el país. En síntesis, Scioli sabe que debería ganarle a Massa cargando con la pesada mochila de ser el candidato de la presidente y apareciendo rodeado por sus escuderos. Esta situación es innegociable por una sola razón: al cristinismo sólo le interesa la candidatura de Scioli para que traccione votos hacia las listas de senadores, diputados, gobernadores, intendentes, que serán visadas por Carlos Zannini.

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Así las cosas, la única solución ideal sería que Massa de un paso al costado y se conforme con ser el sucesor de Scioli. Pero él se niega por dos razones. La primera es que está convencido de que el tren de la historia sólo pasa una vez y que, si desaprovecha la oportunidad del 2015, luego le será cada vez más difícil llegar a la Casa Rosada. El segundo motivo es que, si se convierte en el candidato a gobernador del oficialismo, la mayor parte de su capital electoral, absolutamente anti K, se perdería casi automáticamente.

Claro está que el camino de Massa está sembrado de obstáculos. Su único aliado, que controla su propio distrito, Mario Das Neves, quedó en el centro de una importante denuncia de coimas, supuestamente pagadas por Pan American Energy a cambio de concesiones petroleras en Chubut. La denuncia fue iniciada por la British Petroleum ante la SEC de los EEUU y Elisa Carrió acaba de radicar otra ante el juzgado federal de Julián Ercolini. La posibilidad de que la interna del PJ discurra hacia una guerra de denuncias de corrupción está entonces a la vuelta de la esquina.

Una oportunidad única

La realidad es que la consolidación de dos proyectos presidenciales peronistas que marchan hacia la confrontación, le abre un espacio inesperado al no peronismo, hoy expresado en la coalición Frente Amplio-UNEN. La jugada maestra sigue girando en torno a un acuerdo entre la cúpula de la UCR y Mauricio Macri. Éste sería el candidato a presidente aceptado que radicales y socialistas se repartan la mayor parte de las candidaturas y hasta se habla de que el PRO podría tolerar un sucesor no macrista de Macri, por ejemplo Martín Lousteau. Anteayer, se tejía en una reunión la fórmula Macri-Sanz. Obviamente, semejante alquimia presupondría que amplios sectores de la centro izquierda se alejen del Frente Amplio-UNEN en señal de repudio a Macri. Pero esto se vería compensado por la captación del voto centrista que predomina en las grandes ciudades, empezando por la Capital. Macri estaría entusiasmado con esta estrategia y con la idea de convertirse en el líder del no peronismo. Una vez más, la clave pasa por llegar al casi seguro ballotage, superando a Massa o a Scioli. El potencial frente no peronista es ganador en Santa Fe (Hermes Binner podría volver a la gobernación), en Mendoza (con Julio Cobos) en Capital y probablemente en Córdoba, donde el delasotismo se desdibuja en medio de sucesivos escándalos de corrupción. El gran obstáculo para este plan es la debilidad del PRO y de radicales y socialistas en la provincia de Buenos Aires, que cuenta con el 38 por ciento del padrón nacional. Una débil elección en el principal distrito podría dejar a Macri fuera del ballotage y las figuras de Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín ya demostraron sus limitaciones para disputar la gobernación.

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En este curioso mapa político que se insinúa, el peronismo parece estar en retroceso en todos los distritos importantes, excepto Buenos Aires, y también en provincias menores como La Rioja y Tucumán, donde se evidencia la recuperación radical.

En este esquema, Cristina tiende a convertirse en el árbitro de este juego por su capacidad de agudizar la crisis peronista si su verdadero objetivo, ante la imposibilidad de retener el poder, es convertirse en la jefa de la oposición, para lo cual necesitaría, obviamente, la derrota de Scioli.

Fuente: http://site.informadorpublico.com/

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