La obsesión por divertirse – Por Alberto Benegas Lynch (h)

El ejercicio intelectual y las faenas manuales requieren de recreos para despejarse porque el trabajo continuado desgasta y, para juntar fuerzas se necesita distracción. Incluso, el sentido del humor, tan importante en la vida, resulta indispensable para cargar las baterías. Esto es absolutamente cierto, pero lo que se observa en gran medida hoy es la tendencia a una constante y casi ininterrumpida diversión, un divertimento sin solución de continuidad. Y no cualquier distracción sino preferentemente las que aluden al zócalo de los sentimientos, a la chismografía de la más baja estofa. No hay más que encender la televisión para constatar el aserto.

Sin duda que nada más confuso que las generalizaciones. Hay muchas personas que se resisten a eso y la contrarrestan con ocupaciones y preocupaciones que denotan excelencia. Sin embargo, insistimos en la aludida tendencia que se observa por doquier.

Diversión, el divertirse, significa el separarse de las tareas principales al efecto de recrear la mente. Sin embargo, lo que suele ocurrir no es el abandono momentáneo de lo indispensable para cultivarse como ser humano sino, más bien, la entrega a lo frívolo, a lo embrutecedor, a lo que embota y, a veces, a lo macabro y soez.

Neil Postman, director del Departamento de Comunicación de la Universidad de New York hasta su muerte, publicó tres libros de gran calado. El primero lleva el sugestivo título de Amusing Ourselves to Death en el que pone de manifiesto su enorme desazón por el creciente interés de lo superfluo y el abandono de lo profundo. Escribe sobre las antiutopías de Orwell y de Huxley donde sostiene que ya no hay que alarmarse por la posibilidad de que el Gran Hermano censure libros puesto que conjetura prevalecerá el pronóstico de Huxley en el sentido de que la gente no le interesa leer y cuando lo hace es para explorar lo intrascendente (para decir lo menos) con lo que se encoje la capacidad de pensar. No es que el que estas líneas escribe coincida con todo lo que dice este autor (como es sabido, esto no ocurre con nadie incluso con lo que uno mismo escribe que revisado al tiempo se descubre que podía haberse mejorado la marca), pero las mencionadas obras trasmiten mensajes fértiles que deben ser aprovechados.

El segundo libro de Postman se titula The Disappearence of Childhood en el que añade otro fenómeno que va en la misma dirección y es una operación pinza de características un tanto siniestras. Por un lado, en una proporción llamativa, niños y niñas dejan de ser tales en varios sentidos. Primero, no hace falta más que constatar algunos de los tipos de crímenes que cometen los cuales han dejado muy atrás la “delincuencia juvenil” para convertirse en peligrosos delitos. Segundo, muchas de sus vestimentas y accesorios han trocado por ropas zaparrastros ilustradas con calaveras junto a pelambre teñida de colores chillones, piercing ubicados en lugares inauditos y otras variantes. Tercero, los juegos y entretenimientos han dejado de ser propios de la niñez para convertirse en vertiginosos pasatiempos generalmente vinculados a la violencia y cuarto, su comportamiento, modales y lenguaje son llamativos por inadecuados para la edad (y eventualmente para cualquier edad). Y la operación pinza se completa con el apoyo logístico que suelen mostrar los adultos frente a estos comportamientos.

LEÉ TAMBIÉN:  Así se va preparando la imposición del voto electrónico - Por Cosme Beccar Varela

Al margen menciono que también una de las formas de divertirse de muchos adolescentes llama poderosamente la atención: sus reuniones frecuentemente se hacen en “boliches” a altas horas de la madrugada en los que los ensordecedores decibeles y los persistentes fogonazos de luces multicolores en medio de la oscuridad no permiten cruzar palabra, lo cual, independientemente de problemas auditivos, visuales y cerebrales, no constituye precisamente la manera de comunicarse entre humanos (además, esta situación se agrava con lo que se ha dado en denominar “el preboliche” o “la previa” que es una forma de precalentamiento que se lleva a cabo ingiriendo alcohol y, a veces, drogas al efecto de acentuar el aturdimiento).

El tercer libro, esta vez traducido al castellano, lleva por título El fin de la educación que constituye la clave de los problemas a los que nos venimos refiriendo puesto que de allí deriva todo lo demás. Y no se trata solo de la educación formal la cual dice el autor que en gran medida convierte a “las escuelas en centros de detención”, sino fundamentalmente de lo que sucede en el seno de las familias. Escribe que “mi propia vida ha sido contemporánea con la emergencia de tres narrativas catastróficas: los dioses del comunismo, el fascismo y el nazismo, cada uno de los cuales llegó con la promesa del cielo, pero no condujo más que al infierno”, por ello es que remarca la necesidad de un propósito noble, lo cual significa, como primer paso, deshacerse de la imposición de estructuras curriculares desde el vértice del poder.

Ortega sentencia que “cuando se quiere entender a un hombre, la vida de un hombre, procuramos ante todo averiguar cuales son sus ideas” pero si encontramos allí un vacío de seguro será rellenado por los que ofrecen pan y circo: así se prepara el terreno para los avances del Leviatán. En otro lugar, el mismo Ortega afirma que “en la mayor parte de las gentes y de los pueblos la situación de no saber en verdad que hacer, de no tener un proyecto de vida claro, sincero, auténtico, dispara insensatamente un afán de actividad superlativa, precisamente porque el vacío de  un auténtico quehacer hace perder la serenidad” y se sustituye la vida propiamente humana con la anestesia de la diversión (cuando no de la droga y el alcohol).

Porque ¿para que estamos en esta tierra? ¿es para pasar inadvertidos solo operando en arbitrajes en medio de divertimentos varios o para dejar testimonio de nuestras potencialidades como seres humanos y no para vegetar y esperar que transcurra el tiempo?, ¿es para sacar partida de la condición racional o en verdad daría lo mismo no haber nacido? Para nada se trata de que todos tengan las mismas inclinaciones, todo lo contrario, si eso fuera así, entre otras cosas, se desplomaría la cooperación social. Se trata en primer lugar de comprender que para que cada uno pueda centrar su atención en su particular proyecto de vida se requiere respeto recíproco y, para ello, es indispensable comprender y explicar los fundamentos éticos, jurídicos y económicos de la sociedad abierta, lo cual no puede bajo ningún concepto encarar quien se dedica al divertimento permanente.

LEÉ TAMBIÉN:  Promo DÍA DEL AMIGO 2019

Da la impresión que en no pocos adolescentes se viene deteriorando a pasos agigantados el lenguaje que aparentemente se ha convertido en una especie de ruidos guturales. Y como el lenguaje sirve principalmente para pensar y secundariamente para comunicarse, lo uno y lo otro se tornan de una pobreza superlativa. En este caso daría la impresión que este fenómeno viene de abajo hacia arriba en orden a la edad pero, como hemos destacado, no parece que algunos adultos apunten a corregir la situación sino que se inclinan a imitar el lenguaje empobrecido.

Como tantas veces hemos reiterado, resulta imperioso contar con un sistema educativo libre (en realidad constituye una logomaquia puesto que la educación no-libre es una contradicción en términos), lo cual no resolverá todos los problemas ya que la vida consiste en una serie concatenada de problemas, pero la sociedad abierta permite eliminar los costos innecesarios que son provocados por el autoritarismo. Y no es cuestión de sugerir un zar de la educación “bueno” sino de liberarse de la prepotencia y la petulancia del sistema que se arroga la facultad de manejar vidas ajenas. Quienes pretenden modificar lo dicho cambiando personas no se percatan en lo más mínimo de la gravedad del asunto.

Nuevamente conviene puntualizar que el tema no son solo los adolescentes sino principalmente algunos padres que antes que nada han abandonado valores y principios. Como queda dicho, la obsesión por divertirse permanentemente es el resultado del páramo interior que, como también hemos consignado, afortunadamente no es de todos ya que hay muchas personas que se esfuerzan diariamente por alcanzar niveles de excelencia en todos los ámbitos.

Tomar la vida como un espectáculo en el que se borran los sucesos cotidianos más relevantes, la meditación sobre lo sustancioso del futuro y la decantación de lo transcendental de lo que sucedió, impide ejercer las funciones propiamente humanas para caer en un peligroso sopor que da pie a que los aparatos de la fuerza se adueñen de la situación. Una cosa es el recreo, es decir, la suspensión transitoria de la actividad que nos permite vivir como humanos, y otra es abdicar de responsabilidades que son intransferibles e indelegables con lo que se pierde la identidad para confundirse en una masa amorfa de espectadores y distraídos de la vida.

Fuente: El Cato

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Más en Opinión y Actualidad
Piden apartar a fiscal que milita en organización filo-terrorista – Por David Rey

La objetividad, al banquillo. Sobre todo cuando sus hacedores por sí mismos encarnan intereses o postulados ideológicos...

Cerrar