Mié. Abr 1st, 2020

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La nacionalización de las PASO porteñas – Por Carlos Tórtora

La casi imposibilidad de que alguno de los candidatos presidenciales se consagre presidente el próximo 25 de octubre, sin necesidad de pasar por el duro trance de un ballotage, ha trastocado las reglas de la política nacional. Efectivamente, los compromisos públicos y reservados que realizarán las dos alianzas que lleguen a la segunda vuelta permiten definir que el próximo gobierno será de coalición, por más que esta perspectiva incomode, por ejemplo, a Mauricio Macri y Sergio Massa. Y ni que hablar de CFK: si Scioli llegara a la segunda vuelta, el kirchnerismo se vería obligado a compartir el poder con los sectores peronistas y de centroizquierda que le aporten los votos necesarios para derrotar a Massa o a Macri. El problema es que la inexperiencia en materia de segundas vueltas hace que la dirigencia política esté actuando confusamente, tratando de no reconocer que, a esta altura, ni Massa, ni Scioli ni Macri están ya en condiciones de ganar con el 40% de los votos y una diferencia de 10 puntos sobre el segundo, evitando así el ballotage.

En este contexto dominado por lo inédito, apareció una fecha clave para redefinir el escenario electoral: las primarias porteñas del próximo 26 de abril. Éstas podrían ser menos trascendentes si Macri hubiera optado por coquetear con los dos candidatos a sucederlo, su delfín Horacio Rodríguez Larreta y la disidente Gabriela Michetti. Pero el Jefe de Gobierno apostó -al parecer irreversiblemente- a que gane el primero, jugándose así parte de su capital político para las presidenciales de octubre. Su mensaje a los porteños fue claro: los que quieren que él sea presidente deben votar primero a Rodríguez Larreta. Esto lo hizo 24 horas después de que le alcanzaran a su despacho una inquietante encuesta en la cual Michetti aumentaría su ventaja de 8 a 13 puntos. La pregunta es obvia: ¿por qué Macri arriesga tanto o, en otras palabras, porque teme tanto al triunfo de la senadora del PRO? La realidad es que en la mesa chica del macrismo predomina la convicción de que Michetti, si gana la primaria, se pondría al frente de un proyecto de centro-izquierda destinado a captar votos de la UCR, el GEN, Proyecto Sur, el Socialismo y hasta sectores del Frente para la Victoria. Esto significaría no sólo la ruptura casi formal del PRO sino un enorme riesgo en caso de que una coalición de este tipo la llevara a Michetti al actual despacho de Macri. El peligro consistiría en que la senadora, influida por la exhortación a un mani pulite que realizan personajes cercanos a ella como Elisa Carrió y Gustavo Vera, podría diferenciarse de los ocho años de gestión de la dupla Macri-Rodríguez Larreta, impulsando que se investiguen determinados contratos de obra pública ejecutados sobre todo por Nicolás Caputo, amigo íntimo del jefe del PRO y por el primo de éste, Angelo Calcaterra. Poniendo punto final a su solidaridad con el núcleo duro de Macri, Michetti soñaría con proyectarse como cabeza de un nuevo espacio político con trascendencia nacional.

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Así las cosas, el macrismo se jugaría el próximo 26 mucho más que una primaria. Según algunos analistas, el cariz que va tomando el enfrentamiento entre Macri y Michetti incentivaría cada vez más el interés ciudadano por participar en la primaria del PRO, dejando a las otras 23 precandidaturas a jefe de gobierno casi despobladas de votos. El caso que cuenta en especial es el de Martín Lousteau, que transformó UNEN en ECO saliendo a la palestra en una primaria con Graciela Ocaña. Si el michettismo continúa arriba en las encuestas y lejos de Macri, buena parte de los votantes radicales y progresistas de ECO podrían votar en la primaria del PRO, aumentando así la desventaja actual de Rodríguez Larreta. En términos de estricta conveniencia política, al propio Ernesto Sanz y a Carrió podría convenirles que Macri emerja derrotado de las PASO porteñas, porque esto lo obligaría a sentarse a negociar con sus aliados en una situación de debilidad bastante marcada. Desde la otra vereda de la UCR, Julio Cobos advirtió ayer que, si avanza el acuerdo con Macri, puede haber una sangría de votos radicales hacia la candidatura de Margarita Stolbizer, que se lanzaría el próximo 9. Para controlar a un partido que se encuentra en ebullición, Sanz y sus aliados Oscar Aguad y Enrique Nosiglia, entre otros, necesitan que Macri dé el brazo a torcer y retire los precandidatos a gobernadores del PRO en aquellas provincias, como Santa Cruz, Córdoba, Jujuy, etc., donde la UCR está en condiciones de ganar aun sin el auxilio del macrismo. También aspiran los radicales a garantizarse la presidencia de la Cámara de Diputados y varios ministerios, mientras que Macri, para aventar los fantasmas de la Alianza de De La Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez, no se cansa de repetir que no habrá gobierno de coalición. En síntesis, la pérdida del control de su único distrito y centro de poder a manos de una disidente ajena a su entorno sería para Macri la señal de que sus chances para octubre pasarían a depender en buena medida del aporte radical y de los errores que cometan Massa y la presidente, que no permite -ni permitirá- que Scioli tome el timón de la campaña electoral.

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Massa y CFK a la expectativa

Esta imprevista nacionalización de las PASO porteñas es motivo más que suficiente como para que Massa demore cualquier definición acerca de su compañero de fórmula para octubre y si en las primarias del 9 de agosto se presentará solo o tendrá algún competidor dentro del Frente Renovador. Los últimos contratiempos del massismo, como la vuelta al Frente para la Victoria del intendente de Escobar Sandro Guzmán y la probable mudanza de Baldomero “Cacho” Álvarez (ex intendente de Avellaneda) a las filas del PRO, le abrieron un nuevo espacio a José Manuel de la Sota y Adolfo Rodríguez Saá para replantear una primaria común y, en el caso del segundo, intentar ser compañero de fórmula del tigrense. Intuitivamente, éste se resiste a abrazarse a los últimos caudillos del peronismo disidente que, como en el caso de los Rodríguez Saá, están desgastados por las numerosas batallas perdidas contra el kirchnerismo y por sus posteriores acuerdos con éste. Si Rodríguez Larreta ganara la primaria, el espacio propio de Macri se agrandaría y Massa se vería empujado por las circunstancias a optar por la peronización de su estrategia. O sea, tratar de captar una gran masa de votantes peronistas naturalmente alérgicos a la sociedad Macri-Sanz-Carrió, que huele demasiado a antiperonismo. Así es que, al menos hasta el 26, Massa preferiría limitarse a fortalecer la candidatura a gobernador de Francisco de Narváez. Pero si en cambio ganara Michetti, el panorama se volvería más fluido, ya que Macri perdería peso en los sectores independientes y a Massa podría convenirle mostrarse, como el año pasado, como una especie de líder posperonista, sin marchita ni escudito.

Para CFK, el resultado de la interna del PRO también le influirá bastante. Ganando Rodríguez Larreta y sobre todo si después, en la primera vuelta del 5 de agosto, éste se impone sin tener que ir al ballotage, se acentuaría la polarización entre el kirchnerismo y el macrismo. Para evitar quedar tercero en la primera vuelta, ella necesitaría de Scioli más que nunca, aun cuando se coloque encabezando la primera boleta, como candidata al PARLASUR. Pero si ganara Michetti, Macri entraría en crisis y el peligro sería un resurgimiento de Massa con un pie puesto en el peronismo y otro en los independientes. En este caso, la Casa Rosada probablemente busque el modo de ayudar a que Macri no se caiga demasiado. Por ejemplo, sería fácil para el gobierno hacer que la Sala I de la Cámara de Apelaciones lo sobresea definitivamente en la causa de las escuchas ilegales, produciendo así su reivindicación judicial.

Fuente: http://informadorpublico.com/

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